Depende del ángulo desde donde se lo mire, un cartel ofrece dos mensajes. “La ciudad importa” parece anunciar, si se lo observa desde abajo. Y es toda una contradicción a simple vista, porque su contexto geográfico está destruido, abandonado. En las dos esquinas que lo enfrentan, sólo quedan resquicios de propiedades, con paredes corroídas. En cada hueco los peatones parecen creer que han encuentrado un improvisado cesto de basura para depositar desde pañales hasta botellas vacías. Y si nos alejamos, se lee: “El súper de la ciudad-importados”. Se trata del extinto Súper 25, ubicado en Balcarce y San Martín, que pertenecía a una familia tucumana, y que en los 80/90 era uno de los más concurridos (este inmueble fue una sucursal del negocio principal, ubicado en la ex Rivadavia al 500).

Si caminamos unas tres cuadras hasta Virgen de la Merced y Mendoza, pareciera que la selva quiere recuperar terreno, y resurge de entre el cemento y los ladrillos de una vieja casona, en las grietas de las cornisas o en las paredes oscuras. El resto de un afiche de las elecciones legislativas de 2007 da cuenta que nadie ha limpiado esa propiedad por lo menos desde ese tiempo.

Estos negocios, casas y edificios abandonados a su suerte en el centro histórico de San Miguel de Tucumán muestran una panorámica de una ciudad que se transforma en un cementerio de propiedades sin dueño. Entonces, llega el rechazo, el desdén: los vecinos utilizan sus veredas como baño público de sus mascotas o dejan estacionados permanentemente los contenedores de basura. Por ello, no queda otra que cruzar la calle y observarlas desde lejos, lamentándonos porque sabemos que algún día desaparecerán. Mientras, tratamos de retenerlas en nuestra memoria por el valor sentimental (¿qué vecino del microcentro no fue al Súper 25?) o por su importancia patrimonial en un próspero pasado tucumano.

Una cifra que revela la orfandad de ciertas casas, es el que brinda la municipalidad capitalina: de 120 notificaciones mensuales para intimar a los propietarios a mantener sus veredas, sólo el 30% responde. “Esas propiedades -generalmente- están en juicios sucesorios interminables; o son herencias de empresas que quebraron, y que tarde o temprano, al no resolverse la situación, el Estado va a tomarlas, en base a las deudas de impuestos que tienen. Así terminan todas las sucesiones. Muere una persona, mueren los hijos, los nietos no hicieron la sucesión, porque al ser una familia grande no les conviene venderla”, explica Fernando Guzmán, vicepresidente del Colegio de Corredores Inmobiliarios de Tucumán. Por otra parte, explicó que el otro gran problema que tiene la ciudad es el de los edificios inconclusos. “En épocas como la de ahora, empresas constructoras dejan un edificio a medio hacer para que cuando se reactive la economía, o cuando el panorama esté mejor, continúen con la obra o puedan venderla para que las retomen otras empresas. Esto pasó en un edificio de Buenos Aires primera cuadra o en el que la Facultad de Derecho tiene ahora sus oficinas, en la calle Muñecas”, explicó el profesional. En esa lista de justificaciones acerca de por qué mueren ciertos edificios, Guzmán agregó que otro gran problema que tiene la ciudad son las construcciones que han tenido fallas en sus estructuras y no tienen -por el momento- vuelta atrás, como la de La Rioja y La Madrid.

De a pedazos

“Hay veces que caen cascotes de la cornisa, sobre todo cuando hay tormentas. Nadie la mantiene, porque es como si no tuviera dueño. Aunque vienen dos veces al año a limpiar la vereda o a barrer”, comenta Ricardo Arguez, encargado de un edificio vecino de la propiedad ubicada en Virgen de la Merced y Mendoza.

Pero, ¿qué sucede cuando esta falta de preservación privada es un riesgo para los ciudadanos?

La Dirección de Catastro municipal es la encargada de intimar a los propietarios de esos inmuebles que implican un riesgo para terceros. “Procedemos de oficio cuando es extremadamente peligroso su estado, cuando hay un inminente derrumbe. Intervenimos demoliendo o asegurando las partes que están en riesgo, como lo hicimos en el caso del Jockey Club hace un par de años, o en la Sociedad Española en 2013. En este momento no sabría informar con precisión cuáles son las casas que están en este estado”, explicó la titular de Catastro municipal.

Tanto el municipio como el Estado Provincial poseen también un listado de edificios y construcciones de particulares con valor patrimonial, a cuyos dueños (si es que los hubiera) les ofrecen escasos beneficios. “Si el privado accede a que su propiedad sea incluida en esta lista, le damos la posibilidad de no pagar las tasas y le brindamos asesoramiento gratuito desde el punto de vista técnico para mantenimiento; desde el económico, sólo podemos darle una pequeña ayuda. No tenemos las condiciones económicas para hacer un esfuerzo de ese tipo”, advirtió Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana.

Pero este listado, contó el funcionario, no genera ninguna obligación. Los propietarios pueden renunciar a estos beneficios y decidir vender la propiedad, por ejemplo, para que la derriben y construyan un edificio. O la dejan moribunda al paso de los peatones, que la miran con melancolía.