Lo que sucede con Freddy Villarreal detrás de escena se asemeja a cuando un auto de la Fórmula 1 entra en boxes. Todo ocurrirá en cuestión de segundos (no más de tres). Sobre él se abalanzarán unas cinco personas y cada una operará sobre partes distintas de su cuerpo: alguien le desprenderá la camisa para ponerle una remera, otro le pegará un bigote, alguno le acomodará la peluca y habrá quien le cambie los zapatos. En ese tiempo, Freddy solo tiene que dejarse hacer y, por supuesto, concentrarse en el personaje venidero, en el que debe entrar a escena menos de un minuto después que el anterior, con otra fisonomía, otra voz, otros gestos y otra forma de pensar.

Esa dinámica se repite al menos una decena de veces en “Mansión imposible”, donde Villarreal interpreta al Hombre de las Mil Caras, un apodo que no solo le vale para esta obra sino también para su trabajo en general. La ductilidad que le dio su trayectoria será probada hoy y mañana en Tucumán, donde representará uno de los éxitos del verano junto con Pedro Alfonso, Diego Pérez, Emilio Disi, Iliana Calabró, Virginia Gallardo y Floppy Tesouro. “Hago de un villano que debe cobrar varios aspectos para encontrar un cuadro valuado en millones de dólares, que está escondido en una casa”, anticipa.

- ¿Cómo te concentrás para cambiar tanto en poco tiempo?

- Me encanta lo que hago, pero es todo un desafío, sobre todo cuando tenés que salir de un personaje para entrar rápido en el otro. No podés olvidarte el tono, el modo de pensar y hablar, lo que tiene que decir... Bueno, ya lo van a ver, no es toda la obra así porque en ese caso me tendrían que velar próximamente (risas).

- En televisión, ¿cómo definís a tus próximos personajes?

- Miro mucho lo que pasa en ShowMatch y en la Argentina, y trato de buscar personajes mediáticos que resulten graciosos. Tengo que avisar con tiempo porque la producción debe moldear una máscara y eso lleva una semana. Mientras tanto lo voy practicando; a veces, la reacción del público coincide con lo que yo había calculado, y a veces no.

- ¿Te pasó de no poder lograr un personaje?

- Muchas veces, pero nunca voy a decir a quién. He imitado a mujeres, pero trato de no hacerlo porque soy nene y tengo pito, no tengo la voz que se requiere. Es muy difícil encontrar a un hombre que haga con las mismas intensidad y frecuencia a hombres y mujeres. Lo mismo ocurre con las mujeres que interpretan a un hombre. Entonces yo le escapo a las mujeres... desde el punto de vista profesional (risas).

- ¿Hay alguna imitación de la que te cueste salir?

- Sí, algunas a las que tengo muy internalizadas de tanto ensayarlas. Por ejemplo, cuando hay mucho tráfico en Buenos Aires y estoy solo en la camioneta, suelo practicar. Y puede ser que me llamen por teléfono y yo siga hablando como el personaje. Me dicen “¿con quién hablo? ¿Por qué me hacés la voz de Lanata?”. Estoy compenetrado en el personaje y se me mete. Mientras estoy en proceso de armarlo, se ve que el inconsciente está tirando opciones y se meten en mi vida cotidiana.

- ¿Te afecta que se calcule si querés beneficiar o perjudicar a un político con tus imitaciones?

- Siempre digo lo mismo: puede ocurrir que un humorista busque ayudar a un político, pero si este no le da al pueblo comida ni trabajo, no hay cómico que pueda revertir esa circunstancia. Lo que me pasó con Fernando De la Rúa fue así: más allá de que en la imitación no salía bien parado, la gente no tenía para comer. Si yo lo hubiese hecho más enérgico, más vivo e inteligente, sin duda alguna, ¿hubiese seguido su mandato? No sé. Creo que el público es mucho más inteligente que lo que pueda decir un cómico. Se puede dar una ayudita, levantar una imagen, pero no hay cómico que pueda beneficiar o perjudicar a un político de manera categórica.

HOY Y MAÑANA

• Ambos días a las 21, en el teatro Alberdi (Jujuy 92).