Imaginen que miles de miles de brasileños irrumpieron de un día para otro en Tucumán. Que el centro, el parque 9 de Julio, Yerba Buena y las principales avenidas fueran recorridas por una marea amarilla. Que no quedara ni una cama desocupada, ni en hoteles ni en hostels. Así se vivió en Porto Alegre la previa de Argentina-Nigeria, con una ciudad conquistada pacíficamente por la pasión futbolera. Misioneros, chaqueños, formoseños, correntinos y entrerrianos se lanzaron a la aventura, casi todos a través del paso fronterizo de Paso de los Libres. A ellos se sumaron los que venían del norte brasileño, en pleno periplo mundialista. Y, por supuesto, quienes se descolgaron desde el resto del país.

Si el Maracaná y el Mineirao fueron albicelestes en las primeras fechas, en el estadio Beira Río el fenómeno puede ser más impactante todavía. Cientos de argentinos lo merodearon ayer, la mayoría en procura de una entrada. Los precios de la reventa están por las nubes: no bajan de 700 u 800 dólares. La mayoría deberá conformarse con ver el duelo en las pantallas gigantes del Fan Fest, escenario anoche de una fiesta que promete replicarse hoy.

Los gaúchos -gentilicio para los habitantes de Rio Grande do Sul- miran con simpatía el fenómeno. A fin de cuentas, Porto Alegre está a 600 kilómetros de la frontera argentina y mucho más próxima a la uruguaya. El mate y el asado, dos clásicos de la provincia, le confieren un aire rioplatense. También lo endemoniado del tránsito, aunque eso sí: manteniendo un respeto religioso por las sendas peatonales. Así de intensa es la vida en el centro histórico de la ciudad, un bastión de recovas coloniales, callecitas empedradas con faroles y fachadas bien antiguas. A lo lejos se recortan los edificios modernos, los parques y el río Guaíba.

Entre tantas camisetas de la Selección no faltan en el paisaje las de Atlético y San Martín. El clásico local es Inter-Gremio, cuyas hinchadas prometen alentar a la Argentina hoy al mediodía. En este sentido, el corazón de Porto Alegre está simétricamente partido al medio. Imposible afirmar qué club tiene más “torcedores”. De todos modos, durante 48 horas la fisonomía de la ciudad mutó en un conglomerado argentino-brasileño y casi no se reconocen los límites. Los hinchas llegaron en auto -y allí duermen muchos-, en avión, en ómnibus, a dedo; y copan desde los hoteles cinco estrellas hasta los campings. Ese es el clima que acuna a la Selección. Más copero, imposible.