Por Jorge Neri, DYN
Argentina tiene el derecho a ilusionarse en este Mundial mientras Lionel Messi salga al campo de juego, por más que a su alrededor la maquinaria funcione a medias. Messi está respondiendo con holgura a la constante pregunta de la dependencia que tiene el equipo de él. De acuerdo a los tres partidos jugados, evidentemente sí es “Messidependiente”.
Con escaso aporte en sus compañeros de ataque, Messi llenó de gol su empeine izquierdo ante un rebote y maravilló otra vez al mundo con su caricia, envolviendo la pelota para meterla en un ángulo sin que cualquier humano pueda alcanzar.
Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero terminaron ausentes la fase de grupos, y Angel Di María mejoró, pero jugó aisladamente, con remates desde afuera. Javier Mascherano es una máquina de trabajar en el medio, sin ayuda por derecha ni de izquierda y Fernando Gago no contribuyó ni en defensa ni en ataque. Argentina tiene en la defensa un talón de Aquiles que ya no parece tener forma de solucionar. La única manera es que si le hacen un gol, Messi y si es posible sus compañeros hagan dos.
A Argentina por ahora le está bastando con tener a un jugador de una dimensión distinta. Si Messi en solitario o con poca compañía hace esto, qué se puede esperar si la maquinaria completa funciona. Tal vez en las próximas instancias se haga necesario una cuota de compensación de parte del equipo a lo que está haciendo Messi.