No hablan de milagro ni de hazaña. Los hinchas chilenos están convencidos de que la victoria sobre Brasil es posible, la sienten cercana. Confían a ciegas. “Este es el mejor equipo de la historia de Chile”, subraya Cristian Huilcaman. ¿Mejor que aquel de Salas y Zamorano del Mundial 98? “Si -enfatiza Cristian, recién llegado de Viña del Mar-. Este ya batió todos los récords de triunfos y de goles. Los 11 titulares actúan en el exterior. Son jóvenes y a la vez tienen experiencia. Cada fin de semana se codean con los mejores jugadores del mundo”.
Cristian habla de Arturo Vidal, de Alexis Sánchez, de Claudio Bravo, de Jaime Valdivia. Ídolos en el punto justo de cocción futbolística. “Nada de milagro. Este es el momento”, resalta.
A su lado asienten Marcelo Herrera, Eduardo Fonseca y Pablo Vergara, quienes recorren las inmediaciones del Mineirao en procura de una entrada. Misión imposible: los tickets no bajan de 2.000 reales y los están aspirando los fanáticos brasileños. Marcelo va de acá para allá con un cartel, reclamando “ingresos para el jogo”, y mostrando un dibujo que le hizo un artista amateur en la explanada del estadio.
El análisis de Nicolás Vicuña va en idéntico sentido: “este grupo de jugadores arrancó en el Mundial Juvenil de Canadá (lo ganó Argentina). Después Bielsa lo llevó a Sudáfrica e hicieron un buen papel. La edad promedio es de 26 años, y al mismo tiempo se nota que Brasil no es para nada firme. La oportunidad está”. Su hijo, también llamado Nicolás, cuenta que son de Santiago y “colocolinos”. De camiseta y vincha, símbolos de la “roja”, viajaron especialmente para este partido. El partido de sus vidas.
“Me imagino que ganará Chile y tendremos que salir corriendo. En ese caso ni la Policía nos va a ayudar”, sostiene entre risas Randy Carreño. Él es ingeniero en control de gestión y llegó desde Iquique con su mujer, Heidi, y su hijo, Ian. El pequeño Ian luce la camiseta de Charles Aránguiz y se la pasa jugando con un arco y flecha de juguete. Los Carreño resaltan que Chile es un equipo compacto, al que da gusto ver jugar.
Esteban Núñez y Bastian Rebolledo (“sí, Bastian, como Schweinsteiger”) son de Angol, una pequeña localidad cercana a Temuco. Angol está presente en la bandera que despliegan. Discuten sobre el partido de hoy con los hermanos Timm -Federico, Juan y Luciano-, santiaguinos ellos. “Tenemos que borrarlos de la cancha como hicimos contra España”, opina uno. “Sí, este va a ser un día histórico”, afirma otro. ¿Y después? “¡Todos a Fortaleza!”, exclaman a coro.
Optimistas al extremo, para los fanáticos de la “roja” no hay historia que valga. “¿Brasil? Neymar y 10 más. Cuando les hagamos pressing en la media cancha van a sentir el rigor. Tené en cuenta que hasta acá no jugaron con nadie”, sostienen Patricio Lillo y Roberto Mellado, del barrio Puente Alto, de Santiago. La inferioridad numérica en el Mineirao, la estadística, la condición de superfavorito del anfitrión... Nada, los chilenos son pura convicción. El supremo poder de la fe.