Merece rescate un hecho cultural de 1951, que no suele constar en las recopilaciones. Ese año, un decreto del gobernador Luis Cruz, del 22 de febrero, dispuso realizar el “Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Tucumán”. Sesionó del 12 al 17 de octubre, organizado por una comisión que integraban Manuel García Soriano, Oscar Sarrulle y Miguel Herrera Figueroa.

Los trabajos se editaron, en 1953, en un tomo de 353 páginas. Alfredo Gargaro se ocupó de la voz “Tucumán”; Emilio Carilla, de Marco Avellaneda; Orlando Lázaro, de Alejandro Heredia. Sobre la historia de Monteros en el siglo XIX, versó el trabajo de María Hilda Montaner. El padre David Dip encaró el curato de Medinas, e Hilda Zerda de Cainzo firmó una “Historia de la ciudad de Concepción”. Este trabajo de la profesora Cainzo (1921-2009), mereció la Mención Especial del Congreso.

José A. Barea se ocupó de la entrada de los españoles al Tucumán. El padre Jorge Bekier presentó monografías sobre el Obispado, la Catedral y el Seminario, y Benjamín Gutiérrez Colombres una “Toponimia de Tucumán”. Atilio Saksonoff Velarde, una historia de los Bancos locales; Natividad Medina Toledo, un “Aporte a la historia de la industria azucarera”. Otros trabajos firmaron Nélida García de Macchi, Saturnino Rodrigo, Carlos Rodríguez Arias, Antonio Salvadores, Jesús Antenor Zelarayán y el Instituto de Arquitectura de la UNT. Por su extensión, no se publicaron la historia de la educación, de Aurora Parache Chaves de Volej Dabuss, y “Orígenes de los deportes en Tucumán”, de Antonio R. Benejam.

En suma, hace 63 años, el Congreso dejó un interesante rédito cultural, que es justo recordar.