“Cuando vos perdés la vista, es como una caja de herramientas. Te falta una, entonces las demás se desarrollan para suplir esa ausencia”, afirma Mauricio Morales (37 años) mientras blande su bastón, sentado en un banco del Palacio de Tribunales tucumano. Es una mañana de miércoles de febrero, y este abogado ciego, amante del rock para escucharlo (es devoto de Los Beatles, los Rolling, Led Zeppelin y demás) y del tango para bailarlo, acaba de jurar com prosecretario en el Juzgado en lo Civil en Familia y Sucesiones de la Séptima nominación.

Para Mauricio, que perdió la visión cuando tenía 13 años por un desprendimiento de retina, la vida tribunalicia no es un hecho nuevo. Egresado del Nacional Bartolomé Mitre y de la Facultad de Derecho de la UNT en 2008, no deja de agradecerles a los miembros de la Corte por su pertenencia al Poder Judicial Tucumano. En 1999 ingresó a Tribunales: primero fue la Central Telefónica de la Corte; y una vez con el título de abogado vino el salto a los juzgados: antes de su destino actual en Familia y Sucesiones, hubo un paso por el fuero Laboral.

- ¿Te costó estudiar siendo ciego?

-El secundario no me reportó muchas complicaciones, tuve que rehabilitarme, aprender la lectoescritura braille y usar el bastón. Por ahí la única dificultad eran los libros; no había biblioteca braille, no estaba disponible la herramienta informática para ciegos, y me ayudaba mi madre. Pero, aunque no fue traumático para mí el tránsito del ver a la ceguera, por el apoyo que tuve y tengo de los míos, y porque soy de los que ven el balde medio lleno y no medio vacío, sí tuve que resignar vocaciones. Me gustaba el campo, pero en la Escuela de Agricultura hay muchos laboratorios, y eso habría sido un obstáculo para mí.

- En la Universidad, ¿ qué recursos te faltaron?

- Es muy importante esa pregunta, porque, si bien a mi paso por la Facultad siempre he contado con el apoyo de la mayoría de los docentes, hay herramientas técnicas que se pueden utililizar, y que no hay en la Facultad. Por ejemplo, los libros digitalizados, una computadora con un lector de pantalla. En síntesis, dotar de una buena biblioteca en soporte digital. A mí, mi madre (Esther) me dio un apoyo tremendo en la lectura de los textos. Como no hay biblioteca Braille, ella me los leía y yo los grababa con el grabador.

- Y en Tribunales, en lo edilicio?

- Desde lo edilicio, son importantes las rampas; tratar de que los espacios sean accesibles, y no sólo para personas ciegas; para cualquier discapacidad. O para una mamá con cochecito. Y desde lo profesional, insisto en que es fundamental para un profesional una biblioteca en soporte digital. A veces hay libros de doctrina que se imprimen solo en formato papel; y una persona ciega, para poder acceder a ese texto, previamente los digitalizo con un escáner y con un OCR (reconocedor de caracteres ópticos). Pero no son infalibles, por eso insisto en que lo ideal es una buena biblioteca con soporte digital.

- Cuando viajás, ¿cómo disfrutás?

- Más que los sentidos en sí, cuando uno pierde la visión desarrolla esa percepción extrasensorial que creo que todos la tenemos, pero que uno la desarolla más cuando uno pierde la vista, como en mi caso. Me pasó en Brasil, eso de percibir la playa... Yo conocía la costa argentina, pero esta vez fue diferente. Ahí, en Bombinhas (al sur de Brasil) tuve una percepción tremenda, intransferible, de lo que es el mar, la gente, la playa. Es una comunicación en la que vos sentís que te envuelve el espacio.