El texto de las tentaciones de Cristo en el desierto forma parte del primer domingo de Cuaresma. Son leídas todos los años y constituyen como el pórtico realista de la lucha contra el mal y al mismo tiempo la seguridad que Dios no da para superarlas. Cristo fue tentado en el desierto. Todo hombre prueba alguna vez la aridez y monotonía del desierto; en su hogar, cuyas tareas pueden cansarle; en el trabajo que puede aburrirle...; la vida misma, que es un regalo y una tarea ilusionante, puede volvérsele insípida. Y lo mismo ocurre con la vida cristiana.
La Iglesia relee cada año este Evangelio porque la realidad de la tentación del mal acompaña al hombre a través de su naturaleza a lo largo de toda la historia de la humanidad. Siempre habrá tentaciones de hacer el mal y dejar de hacer el bien. Experimentamos dentro de nosotros la sugerencia espiritual de una llamada al bien y al mismo momento nos sentimos tironeados a realizar el mal u omitir el bien. Allí se da el escenario interior de una lucha muy espiritual de no seguir las sugerencias del diablo y decidirnos a seguir el Bien de Dios y su Gracia.
La Cuaresma representa en la vida de la Iglesia como un grito a la conversión: “¡ojalá escuchéis hoy su voz; no endurezcáis vuestro corazón!” (Sal 94 - 95, 8). Este “hoy” se refiere precisamente a la Cuaresma, que en la extraordinaria riqueza evocativa de sus textos litúrgicos es una continua, apremiante llamada a la urgencia de la auténtica conversión interior.
Tres grandes capítulos de tentación tiene el hombre: la desordenada búsqueda del placer; la ambición desmedida del tener y el irrefrenable deseo de poder. Son los tres ejemplos del texto evangélico. Si miramos nuestra historia personal y la historia de la Humanidad veremos que pasamos estas experiencias en nuestra vida individual y si repasamos la historia de la humanidad nos encontramos que grandes tragedias provinieron del desorden de esta trilogía de tentaciones.
Cada uno en particular podrá discernir donde nos aprieta el zapato en la lucha por el bien, la Gracia y la Virtud. Pero si analizamos el camino de nuestra sociedad, de nuestra realidad nacional, el Evangelio es un serio llamado a no jugar con la tentación de desboronar las estructuras de la sociedad: el grave problema de la droga está develando un poder del mal que lleva cada día mas jóvenes a la muerte; la inestabilidad educativa en nuestros niños y jóvenes está llevando al mayor de los pauperismos humanos; la posible reforma del código civil y penal nos llevara en los campos de la vida y las costumbres a una sociedad invertebrada e indefensa. Resultado de todo esto es la pobreza cada día más creciente de nuestra humanidad.
Luchemos en nuestras tentaciones personales, que estarán siempre presentes. Pero luchemos también para que nuestra sociedad argentina no se convierta en creadora de estructuras de pecado que llevan sólo a la soledad y muerte.