Ramón Herrera, 100 años atrás, quiso tomarse un vino pero tenía un gran problema: le faltaba el dinero necesario. Eso no fue impedimento. Y según LA GACETA de entonces se dirigió a “un despacho de bebidas y pidió medio litro de néctar riojano, que fue de su agrado y que le dio coraje para pedir otro”.

El relato señala que Herrera “copa sobre copa quedó en estado borrachil”. En esa condición decide irse a casa “pero el bolichero, un italiano inexorable con todo a lo que sus centavos se refiere, le exigía el pago”.

El parroquiano no soltaba ni una moneda porque no las tenía pero si “en cambio maldiciones contra su acreedor”. El italiano “furioso apeló a los puños, pero Herrera no se hizo atrás”, continua la crónica, que detalla “trompís y mordiscos, hasta que rodaron al suelo”. “Acudió un agente para poner fin a la contienda pero ocurrió todo lo contrario los contendientes lo agredieron, poniéndolo en serios apuros. Entonces el milico acudió a la diplomacia del machete que tuvo resultados eficaces, cuando hizo sentir el peso de su gestión. Marchando a la seccional con el cuero averiado”, se puede leer. Lo que aún está sin respuesta es si Herrera abonó lo que bebió luego de salir de la seccional donde fue alojado junto al italiano.