Quema de caña

Felicito a LA GACETA por el editorial (5/9), “La perniciosa práctica de la quema de cañaverales”. Me crié con el paradigma de que la industria azucarera es en nuestra provincia, la madre de las industrias. Pero hoy estamos frente a una madre que desde hace años maltrata, castiga y envenena a sus hijos, mediante la quema de cañaverales. Esta práctica impacta sobre la salud de las personas, el suelo, el aire, el agua, la vegetación, la fauna silvestre, en estructuras edilicias y monumentos públicos. Los productos resultantes de la combustión de la caña están compuestos por humos, monóxido de carbono, hidrocarburos en fase gaseosa, óxidos de azufre y de nitrógeno, trazas de metales como níquel, cromo, berilio, etcétera, provenientes de los agroquímicos que se usaron en el cultivo del vegetal. Los vientos predominantes en Tucumán se desplazan desde el SE al NO, o sea desde las áreas cultivadas (donde se producen las quemas) hacia los centros poblados. Los humos y gases afectan fundamentalmente el sistema respiratorio y los órganos de la visión de las personas expuestas. Con relación al suelo, tenemos: 1) pérdida de nutrientes por evaporación y calcinación de la materia orgánica (humus) 2) Muerte de la flora y fauna microbiana 3) Destrucción de las lombrices de tierra 4) Facilita la erosión hídrica. Sobre la vegetación y la fauna, ocurren: 1) Pérdida temporal de la cobertura vegetal y especies de flora silvestre 2) Muerte de aves y pichones 3) Pérdida de nidales y huevos 4) Muerte de reptiles y mamíferos pequeños. Hay también contaminación de los cursos de agua, por la caída de cenizas y material sedimentable. A todo esto debemos agregar que afecta el tránsito vehicular y aéreo, cuando la quema sucede cerca de rutas y aeropuertos, y las líneas de transporte de energía eléctrica con todas las consecuencias que conlleva. En las banquinas, puede haber instalados gasoductos de distribución de gas natural, con sus válvulas de bloqueo, rectificadores, etcétera, cuya integridad sería afectada, si son expuestos al fuego. A pesar de contar con legislación específica sobre el tema (leyes 6.253, 7.459 y Dto. 795), esta práctica nociva continúa realizándose. Parece ser que al PEP y a los otros poderes del Estado tucumano este tema no les interesa.

Juan Francisco Segura
segurajuanf@hotmail.com

Estatuas de sal

En el siglo XIX Alberdi, con claridad meridiana, escribía lo siguiente: “Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación, y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado, y eso los mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición. El origen de las riquezas son el trabajo y el capital, ¿Qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas”. Conceptualmente correcto, pero tal vez haya excepciones, diría yo, unas muy necesarias pero ausentes: 42 millones de excepciones en nuestro país. Pero sin embargo, hay algo absurdo, aquellos que, desde el gobierno, además, se convierten en “estatuas de sal”. Sí, desde el Génesis (17 y 22) enseñan a no mirar hacia atrás, (excepto para repetir lo bueno si lo hubo, y evitar los errores que hubieron), simple, pero como “la mujer de Lot miran hacia atrás, de espaldas a él, y se volvieron estatuas de sal”, la magnifica metáfora de este mito bíblico, aparentemente hoy desconocido por algunos gobernantes que sólo ven el pasado para justificar sus propios fracasos, su impericia en el manejo de la cosa pública, de nuestro Estado argentino, y se volvieron inermes estatuas de sal. El “arte de hacer bien las cosas” exige conocimientos previos, capacidad y pericia para resolver las situaciones conflictivas, y entre otros, diálogos constructivos aun (y necesariamente) con opositores, con aquellos que fueron gobierno, conocer lo que les faltó en planificación, ejecución y desarrollo. Evitar denigrar, rebajar, vilipendiar, mentir, ya que con ello se pierden energías positivas, pero por sobre todo, se pierde de vista el objetivo para el que fueron elegidos: hacer políticas creativas, inteligentes, para desarrollar un presente positivo, de crecimiento real, racional, de trabajo, educación, de justicia social para todos, a mejorar la imagen del país hacia el exterior y posibilitar un futuro aún mejor para que las próximas generaciones los recuerden con respeto.

Federico Vázquez
fedevazqueztuc@gmail.com

Fideicomiso

Quiero referirme a la figura del fideicomiso que ha cobrado forma en San Miguel de Tucumán, a través de la construcción de diversos edificios, al que han accedido en pozo muchísimos ciudadanos de buena voluntad. He adquirido y he sido estafada en un duplex dentro de un fideicomiso ubicado en barrio sur, desarrollado por una empresa que actúa en la doble figura incompatible de fiduciario que se autocontrata como empresa constructora, transgrediendo el principio de control e independencia de actores para desarrollar de manera transparente y segura para sus beneficiarios, la edificación de sus viviendas. Tampoco existen organismos de control permanente que defiendan los derechos de los propietarios adquirentes, vigilen fielmente las normativas y desarrollo de la obra ejecutada por los responsables del fideicomiso, condenen la corrupción en las dobles figuras de agente constructor y agente controlador de las obras, y exijan en los tiempos preestablecidos, el cumplimiento de la entrega de las viviendas conforme a planos, a calidades, a completitud de servicios de luz, agua, gas, exigencias de Defensa Civil, etcétera, y el tan anhelado final de obra. Por ello, son innumerables los juicios por cumplimiento de contrato y daños y perjuicios que se batallan en la Justicia. Y digo, se batallan, porque el poder de la Ley no parece funcionar para los damnificados. Pareciera ser que sí lo hace para los infractores, demorando las sentencias, haciendo lugar a injustificados planteos que carecen de forma y espíritu de justicia. Así ocurrió con nuestro juicio en el Juzgado Civil y Comercial Común de la 1ª Nominación. Hemos de esperar que se conceda el recurso de apelación diligentemente, para que la instancia superior devuelva nuestros derechos usurpados a la brevedad, sin dilaciones ni vicios, y se haga Justicia. El fideicomiso de mi edificio, totalmente habitado y donde vivo en duplex sin terminar, con mi familia hace más de cuatro años, y cuya fecha de finalización debiera haber acontecido en el año 2009, carece aún de final de obra. Ruego a las autoridades políticas, municipales y judiciales tomen nota de la gravedad de la situación que padecemos los ciudadanos presos del fideicomiso.

María del Milagro Lastra Lobo
mililastralobo@hotmail.com

Transitar la vida

Somos humanos, y aún sin saberlo, buscamos sentido a nuestras vidas. Viniendo de lo primitivo, queremos ser superiores, pero arrastramos pesadas cargas de violencias. Por eso se debería atender primero los prejuicios para poder completarse, si no el latir de nuestra vida no tendría en sí sentido. ¿Hacia donde vamos? Viajamos por caminos variados más allá de la física muerte. Pero para poder continuar, los corazones debieran estar en paz. Así la muerte no atajará el camino. Y de lo peor y lo mejor que contenemos, solo lo mejor proseguirá. Así el tratar a los demás como quiero ser tratado, obliga a atendernos y ver cómo quiero hacerlo. Y también a superar los errores cuando se cae en cuenta de ellos. Recreándose en la maravilla de lo humano si no se deja atrapar por la apariencia o sin sentido de un proceso que, en cada acto se supera. Eterno tránsito hacia lo que ilumina cada vez más nuestras conciencias, y que permite ver que la intención del plan de la vida, no acaba forzosamente en una tumba.

Javier Astigarraga
javastiga1@arnet.com.ar

Sociedad equivocada

De un tiempo a esta parte, me preocupa sobremanera un sentimiento de resentimiento hacia la colectividad musulmana, que va creciendo y arraigándose cada vez más en nuestra sociedad. Todo esto debido a los actos de terrorismo que sacudieron y siguen sacudiendo el planeta. Soy segunda generación de árabes cristianos ortodoxos, escapados de Siria por el acoso del Imperio Otomano (arios), famoso por su crueldad y que en aquella época les hacían la vida imposible a los cristianos. Desde niña, mi familia y ahora mis hijos, tuvieron y tienen amistad con árabes musulmanes, personas excelentes y honorables, cuya amistad nos honra. El ser árabe musulmán no significa ser terrorista, ni extremista, como quieran llamarle. Con ese pensamiento ofendemos y acusamos injustamente a los miembros del Islam sin ninguna actividad política. No podemos ponerlos a todos en una misma bolsa, porque cuando generalizamos, corremos el riesgo de equivocarnos. Por eso se dice que la excepción hace a la regla. No todos los musulmanes son fundamentalistas, así como no todos los alemanes fueron nazis. Debemos ser muy cuidadosos en nuestras acepciones, porque corremos el riesgo de ofender injustamente a mucha gente de bien. No debemos olvidar todo lo que occidente le debe a la cultura árabe. Cuando ellos conquistaron España, trajeron consigo la vida universitaria (Según la Historia Argentina de José María Rosas-Tomo I) y trajeron de la mano a Platón y Aristóteles que se habían perdido en las guerras europeas. Asimismo llegaron con el limón, la naranja, el papel, la seda, el algodón, las alfombras, el café, el azúcar la pólvora (inventada por los chinos), la numeración decimal, el álgebra, la alquimia, la medicina, la poesía rimada, la brújula y el astrolabio, motivo por el cual se pudo descubrir América. Equivocadamente también, en una época y aún ahora, se le atribuye a los árabes la destrucción de la famosa Biblioteca de Alejandría. Los datos sobre este hecho son confusos, los historiadores no aúnan criterios y algunos afirman que es una leyenda. Me remitiré a lo que opina el prestigioso escritor francés Gustavo Le Bon (1849-1931), arqueólogo, antropólogo, estudioso de la cultura árabe y del Islam, quien en su libro: ”La civilización de los árabes”, Editorial “El Nilo” Bs. As., 4ª Edición, página 194, refiriéndose a Alejandría dice así:” Cuando el cristianismo fue la religión oficial, fue el emperador Teodosio -no el califa Omar- quien mandó destruir todos sus templos, estatuas y libros paganos”. La emblemática “Enciclopedia Británica”, publicada en inglés por la Universidad de Chicago, en su edición de 1969, tomo 13, página 1032, hace un paralelismo entre las bibliotecas de Pergamo y Alejandría y al referirse a esta última comenta: “La biblioteca fue destruida por los cristianos en el año 391”. Es decir que, cuando Omar se apoderó de Egipto en el siglo VII, ya no existía dicha biblioteca. Por favor, depongamos nuestra actitud de jueces, no generalicemos, no ofendamos. Los árabes trajeron consigo un formidable bagaje cultural y eso honra a la raza. Los sucesos políticos que se vienen desarrollando pertenecen tan sólo a un grupo que ha elegido tomar ese camino. No olvidemos que Tucumán y toda la Argentina está habitada por una gran colectividad árabe-musulmana que, con trabajo arduo y agradecimiento (lo mismo que las otras colectividades) contribuyeron a construir esa Argentina, que allá lejos y hace tiempo, constituyó uno de los primeros países más ricos del mundo.

Silvia Beme de Mejail
nemedemejail@yahoo.com.ar

Derecho a un ambiente sano

La Sala 4 de la Cámara Nacional de Casación Penal, emitió un fallo de alto impacto para el derecho ambiental y para los derechos humanos enfocado en una causa en la que está implicado un ingenio tucumano. Se trata del ingenio Santa Bárbara y de la sentencia del 14 de julio de 2016 en autos FTU 4000.830/2007/CFC1. La causa se originó el 25 de agosto de 2006. Reconocieron que el derecho a un ambiente sano es un derecho humano fundamental y, por ello, determinaron que el delito ambiental es una violación a los derechos humanos. Se determinó que el art. 55 de la ley 24.051 contempla un delito doloso y pluriofensivo: de lesión y de peligro abstracto. Las pericias de Gendarmería nacional y la UBA han dado por cierto que los residuos vertidos a la atmósfera y al agua por el ingenio Santa Bárbara no debieron ser volcados al medio ambiente. Desde Buenos Aires los magistrados pregonaron que “los jueces no pueden convertirse en meros espectadores de la violación de derechos humanos fundamentales (derecho al agua y a un ambiente sano en general) en aras de garantizar… una determinada actividad económica o industrial, sino que… deben comportarse de una manera activa y no echar mano a razonamientos carentes de lógica a fin justificar atropellos contra el ambiente”. Las víctimas “no son otras que las más desprotegidas de la sociedad y en muchos casos dependen laboralmente de las compañías contaminantes”. Son “débiles jurídicos”. El decisorio recordó la “Laudato si” del Papa Francisco: “no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental”. Hay que seguir bregando por el derecho a un ambiente sano reconocido como un derecho humano más.

Rafael Medina
rafaelgmedina1@gmail.com

Juan Bautista Alberdi

Como tucumana no entiendo el motivo de tener al ilustre comprovinciano Juan Bautista Alberdi, autor de nuestra Carta Magna, en la entrada del edificio del Poder Ejecutivo de nuestra provincia. Es mi pedido y reclamo que, como toda persona que ya no está en la vida terrenal, sus restos descansen en paz en el cementerio. Quiero decir que los que nos precedieron en el camino de la vida descansan en paz en el lugar que corresponde. Espero que el Colegio de Abogados de Tucumán se adhiera a este homenaje en el año del Bicentenario.

Martha Lozano Marigliano
Corrientes 579 5° piso B
San Miguel de Tucumán