Rosila Ávila
Te costó llegar al escenario, emocionada, temblorosa, apoyada un poco en tu bastón y en los dos martirizados hombres que te acompañaban por el lateral derecho de la sala, trastabillaban los custodios porque vos cuando recuperabas la mirada saludabas y te abrazabas con la gente, y en todo ese interminable trayecto la guitarra y Miguelito Ruiz, ese virtuoso señor del encordado desgranaban sobre nosotros la música más bella jamás escuchada; de pie la sala llena te aplaudía y al llegar a las escalinatas cientos de mano querían ayudarte a subir al escenario; sólo hizo falta que pisaras esas tablas y allí, erguida, sola, caminaste hacia el sillón que te esperaba. Imponían tu nombre, “Rosita Ávila”, al teatro municipal en el Hilton y Tucumán en pleno, como llamados a una convergencia ineludible, fuimos a verte y a gozar ese homenaje. Allí estaban, en el escenario, en un semicírculo perfecto: Germán Alfaro, vos y Pepe Soriano y desde ese instante comenzaron a caer sobre nuestra alma gotas densas de emoción y encanto, desde la pantalla grande: Norah Castaldo, Jorge Alves, Juan Tríbulo, Roberto Espinosa intentaban armar una historia, la tuya, Rosita, y así fueron “calentando” la sala y se desparramó el amor y la alegría. Te tocó hablar y esa locura que desataste en nosotros fue imborrable; sacaste un sobre grande y dejaste caer tantos papeles y vos llena de risa, jugando con nosotros; el ponerte los lentes para leer fue tan pleno que ya el silencio se alargó sólo un instante; rechazaste el micrófono que una ayudante te acercó a los labios con un mohín, moviendo el hombro y estallaron las risas... Rosita quería hablar sin micrófono; no la dejamos, le pedimos que lo usara y ésta infatigable mujer nos llevó a recorrer los personajes que interpretó y que dejaron su marca en su existencia: Antígona, Madre Coraje, Yerma y tantas otras. Lo que no dijo es lo que ella les dio a esas mujeres, su esencia, su vida, su existencia al recrearlas sobre el escenario. La parte final de su discurso lo dijo “María, la Comué”; qué brillante, esa sencillez y sabiduría profunda con que María le hablaba al intendente. Aplaudimos de pie “qué tal yo”, cuando al final lo dijo. Un libreto único parecían haber elaborado esos tres monstruos de la palabra sobre el escenario, todos coincidieron en que hay que seguir pechando; Rosita pidió la formación de la Comedia Municipal; Germán dijo este teatro es de todos y lo van a manejar ustedes; Pepe, ese exótico porteño, que en su ultima gira recorrió 23.000 km del país para conocer su gente, nos gritó lleno de fuerza “no nos dejen solos”; Norah habló de calentar la sala. Rosita, amiga mía, tu nombre ya está impuesto en el corazón de la gente y allá en Huasa Pampa, en Burruyacu o Bella Vista, Monteros, Concepción, saben tu nombre; sólo hizo falta que alguien abriera los ojos y se diera cuenta de eso, para imponer tu nombre a este teatro, así el olvido jamás podrá borrarte, eterna hermana mía.
Antonio Beco
Salazarbecosalazar@hotmail.com
Pedro G. Sal
Es buena la oportunidad, dado que la carta de fecha 7/9, el lector Francisco Amable Díaz expresa que poco o nada sabe sobre don Pedro Gregorio Sal García, el que fuera homenajeado con su nombre, una calle de la Capital. Quería aportar que fue hijo del escribano don Agustín Sal Sobrecasas y de doña Silva García García, descendiente de tradicionales familias tucumanas, sanjuaninas y porteñas. Bautizado el 24 de febrero de 1860 en la Catedral. Contrae matrimonio a los 23 años, el 10 de Abril de 1882 en la Merced con doña Ignacia Colombres, de 26 años. Don Pedro fue un prestigioso político, funcionario e industrial. Fue intendente municipal de San Miguel de Tucumán en 1886. En 1891, es uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical. Tuvo relevante actuación en la Revolución Radical de 1893. Elector de presidente en abril de 1916, en cuyo colegio se consagró presidente de la Nación su amigo Hipólito Irigoyen. En ese año es elegido nuevamente intendente de la Capital. Cuando cumplió su mandato, los empleados municipales le obsequiaron un bastón con empuñadora de oro, con un afectivo epígrafe. En diciembre, sufre la derrota de su candidatura a gobernador. En múltiples oportunidades es elegido diputado o senador en varios períodos, ocupando repetidamente la presidencia del Senado. En tal calidad asume la Gobernación por ausencia de su titular don Octaviano Vera. También integró en varios períodos el directorio del Banco Provincia. Fue presidente del club “El Círculo”. Fue vicepresidente de la Comisión Provincial del Centenario. El periodista Vicente Padilla, al realizar una semblanza de D. Pedro, finaliza diciendo. “…es una de las figuras más simpáticas de la escena política y social y es un ejemplo de honestidad en todo sentido”. Un diario cordobés, con motivo del centenario de su nacimiento, destaca en su título “Don Pedro G. Sal: Prócer del Radicalismo Tucumano- 1860/13 de Febrero de 1960”. Fallece en Tucumán el 27 de abril de 1945, de 85 años. El matrimonio Sal-Colombres tuvo dos hijos, María Ángela y Juan Carlos, y por no haber descendencia, cumplo como sobrino bisnieto -su hermana doña Silvia Sal-García era casada con don Octavio Terán Silva, mis bisabuelos-, siento el deber de aportar esta breve biografía para conocimiento Así se fortalece la justicia de inmortalizar con su nombre a una calle, por lo que siempre agradecido a LA GACETA, por permitirnos este espacio para aclarar o hacer aportes históricos.
Justino Terán
j_teran@arnet.com.ar
Falta de memoria
Estoy asistiendo al juicio Operativo Independencia y me doy cuenta de la falta de memoria que hay en la comunidad. Cuando escucho a los testigos que hablan de los desaparecidos, me pregunto: ¿ellos no mataron, no torturaron? ¿No fabricaron bombas y las pusieron para defender sus ideales? Me duele y me da mucha impotencia cuando gritan, represores, genocidas, violadores. Hay mucha violencia, pregunto, lo de ellos ¿qué fue? Ellos, con sus ideales de juventud, quisieron tomar el poder por la fuerza. ¿La gente se olvida? La verdad veo que el odio que desparramo el gobierno anterior está dando sus frutos, dando lugar a que piensen, que no debe haber justicia de los dos lados. Pido justicia para los que nos defendieron de la guerra que hubo. Mi padre, que era juez y habiendo sido uno de los propulsores del juicio oral, decía que uno de los beneficios es el “control del público” por lo cual me siento identificada, y también decía que hay que escuchar las dos campanas y recién se puede evaluar con la cabeza fría y un corazón abierto, para poder entender que hubo muertos de los dos lados y de esta forma ser más justos. De nuestra parte no existe el odio, ni la violencia verbal; con eso no sacamos nada. Sí me gustaría que el juicio también existiera para la otra parte, de manera que sea un juicio justo y que exista memoria en beneficio de una paz duradera entre los argentinos.
Elvira Cossio
cossioe@hotmail.com
Familia Falú
A través de este medio que con tanta gentileza nos proporciona el diario LA GACETA, quiero hacer llegar mi más sentido respeto y solidaridad a la Familia Falú quien el día lunes 12/9 pudo finalmente dar cristiana sepultura a su amado hermano “Lucho”, víctima inocente de la barbarie, la crueldad y el odio que pudo manifestar el ser humano en esta sangrienta y oscura noche de nuestra historia. Aún sin conocerlos, les deseo sinceramente que puedan realizar su duelo por tan lamentable pérdida y que finalmente logren resignación y paz.
Inés Romero de Gramajo
24 de septiembre 3.256 - Concepción