En 1901, cuando el Dr. Alois Alzheimer empezó a hablar con una paciente, la señora Auguste Deter, de 50 años de edad, se dio cuenta de inmediato de que algo estaba mal con ella. Las respuestas de la señora Deter a sus preguntas no sólo eran repetitivas o incorrectas, sino que rápidamente parecía olvidarse de ellas. Lamentablemente, la señora Deter parecía ser consciente de su impotencia.

El Dr. Alzheimer decidió colocarla en una sala de aislamiento, pero más tarde la señora Deter empezó a mostrar claros síntomas de demencia: pérdida de la memoria, delirios, trastornos del sueño, e incluso comenzó a gritar durante varias horas en el medio de la noche. El Dr. Alzheimer la llamó la “Enfermedad del Olvido.” Actualmente la enfermedad lleva su nombre. El Alzheimer es un desorden progresivo, degenerativo, en el que las células en el cerebro se dañan, causando los síntomas descritos anteriormente.

En 1902, el Dr. Alzheimer dejó el “Irrenschloss” (Castillo del Loco) como la institución se conocía informalmente y se trasladó desde Frankfurt a Munich. Sin embargo, hizo llamadas frecuentes a Frankfurt para conocer el estado de salud de su antigua paciente. El 9 de abril de 1906 le dijeron que la señora Auguste Deter había muerto. Pidió entonces que le enviaran inmediatamente su cerebro y sus registros médicos.

Cuando examinó su cerebro, encontró en él placas y ovillos seniles que son el sello distintivo de la enfermedad de Alzheimer en su variedad de comienzo temprano. Más tarde, describió estos resultados a la Sociedad Alemana de Psiquiatras.

La enfermedad de Alzheimer, otra de cuyas características es la pérdida de masa cerebral y la degeneración de las zonas críticas del cerebro, no tiene cura. Sin embargo, ciertas medidas relacionadas principalmente con el estilo de vida pueden retrasar la aparición de la enfermedad en muchos pacientes. De esa forma, el retraso de unos pocos años en la aparición de los síntomas puede reducir en gran medida el número de personas que la sufren. La enfermedad de Alzheimer se presenta generalmente en personas mayores de los 65 años. Sin embargo, la variedad llamada demencia de aparición temprana (la sufrida por la señora Auguste Deter) puede ocurrir en personas entre los 30 y los 65 años.

La enfermedad de Alzheimer, junto con la diabetes, las enfermedades del corazón y la artritis, son enfermedades complejas que pueden ser causadas por una variedad de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Aunque no podemos controlar todos los factores de riesgo para esta enfermedad, se pueden controlar algunos de ellos. La edad y la composición genética no se pueden cambiar. Sin embargo, existen otros factores de riesgo asociados con la enfermedad -principalmente relacionados con nuestro estilo de vida- sobre los que podemos influir. Entre las acciones que podemos tomar es mantener nuestro colesterol, nivel de azúcar en la sangre y la presión arterial bajo control, ya que se ha demostrado que cuando no están en los niveles normales aumenta el riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Aunque estas estrategias han probado ser útiles para muchas personas, no necesariamente evitan la enfermedad de Alzheimer, ya que hay que tener en cuenta además la importancia de la composición genética individual y su estilo de vida.

Numerosas investigaciones han demostrado que los cambios de larga dta en los hábitos de vida pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Investigadores suecos y finlandeses estudiaron a más de 1.000 personas cuyas edades estaban entre los 60 y 77 años, y encontraron que los que cambiaron su estilo de vida eran capaces de prolongar su diagnóstico de demencia por dos años y reducir asi la prevalencia de la enfermedad en un 25 por ciento.

Una de las estrategias más importantes es estar físicamente y mentalmente activos. Varios estudios han demostrado que la actividad física es una de las medidas más eficaces para la protección contra el Alzheimer. También es importante el aprendizaje de nuevas actividades, de idiomas, la lectura, y los rompecabezas, todos los cuales son formas útiles para estimular nuestro cerebro.

En un estudio con adultos mayores, los que recibieron tan sólo 10 sesiones de estimulación mental mejoraron significativamente su funcionamiento en las actividades cotidianas y los efectos positivos se mantuvieron incluso 10 años después. También es importante el mantenimiento de una vida social activa y el tener una amplia red de amigos. Varios estudios han demostrado que cuanto más estamos conectados socialmente, mejores son nuestra memoria y nuestras habilidades cognitivas.

Entre las estrategias básicas para combatir la enfermedad de Alzheimer también está el tener una dieta sana con muchas verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, todos ellos elementos presentes en la llamada Dieta Mediterránea. Además, hay que eliminar el tabaquismo, beber cantidades moderadas de alcohol y, cuando sea posible, comer alimentos sin conservantes, colorantes, antibióticos y hormonas.

Una dieta saludable es la mejor manera de tener una mente sana. También hay que tratar de tener un horario de sueño regular y eliminar, en lo posible, las situaciones de estrés en nuestras vidas. Estas medidas no conseguirán necesariamente prevenir la enfermedad de Alzheimer, pero podrán retrasar sus efectos negativos.