En los últimos años, millones de familias se dejaron seducir por ofertas de todo tipo que hacían las tarjetas de crédito. Y se endeudaron para equipar sus hogares, cambiar el auto, viajar o comprarse ropa; incluso para gastos básicos del súper o para pagar viejas deudas, entre otros fines. Lo que muchos no previeron es que la situación económica se complicaría. Y que las “cómodas cuotas” se les volverían imposibles de pagar en los plazos previstos, obligándolos a incurrir en altísimos costos para conseguir más tiempo.

Así lo reveló un informe publicado ayer por iProfesional, que asegura que la mayor cantidad de gente que deja de estar al día con sus préstamos y tarjetas tiene en alerta a los bancos y genera crecientes consultas en entidades de consumidores. Pero también empieza a notarse en estadísticas oficiales, que muestran que la morosidad no para de crecer desde hace dos años y medio, se aceleró en los últimos seis meses y llegó al mayor nivel en ocho años.

Según el monitoreo sobre los casos más graves que lleva el Banco Central, si a fines de 2015 sólo 2,1% de los préstamos al consumo de las familias estaba en situación “irregular” (con al menos 90 días de atraso o altas chances de no poder pagarse), este año el indicador ya arrancó en 3% y creció mes a mes hasta tocar un 3,7% en junio, el último dato disponible.

Aunque aún se está lejos del 6,4% al que se llegó en la crisis de 2009, la tendencia preocupa porque es la marca más alta desde agosto de 2010. Y porque prevén que la morosidad siga en alza por la recesión y el impacto erosivo de la inflación sobre el poder adquisitivo de los salarios, según reveló Clarín. “La tendencia es lógica porque mucha gente, tentada por descuentos y la chance de ‘patear’ gastos para más adelante, hizo compras en muchas cuotas. Pero luego las tarifas y todos sus gastos les subieron más que los sueldos. Y empiezan a atrasarse”, analiza Mariano Otálora, director de la Escuela Argentina de Finanzas Personales.

Consultas constantes

Héctor Polino, fundador de Consumidores Libres, cuenta que actualmente esa entidad recibe “consultas constantes” de gente afectada: “les llegan facturas de luz, gas y agua demasiado altas y a otros se les sumó una baja inesperada en sus ingresos porque en el trabajo les cancelaron horas extras o los suspendieron. En estos casos, la gente privilegia el pago de los servicios esenciales, para que no se los corten, y paga el mínimo de la tarjeta o va al banco a pedir más tiempo”.