Emprender es como aprender a andar en bicicleta: se intenta una y mil veces hasta alcanzar el punto de equilibrio basándose en las propias destrezas y habilidades. Se puede caer en el intento, pero el que está aprendiendo vuelve a subir y emprende la marcha nuevamente, una y otra vez, hasta lograr el objetivo. Lo que andar sobre dos ruedas y encarar un emprendimiento tienen en común son cuatro habilidades: el juego, la empatía, la experimentación y la reflexión. Estas cualidades son las señaladas como indispensables por una nueva metodología de “emprendimiento creativo” explicadas por Patricia Cerrizuela, licenciada en Administración de Empresas y ex directora de Operaciones para el NOA de Endeavor, quien dictará un curso en Tucumán desde el viernes que viene.

Tradicionalmente, el camino del emprendedor ha sido enseñado como un proceso lineal. Cerrizuela afirma lo contrario: “en el mundo de hoy, donde no tenemos toda la información y generalmente faltan recursos, el procedimiento de emprender no es lineal”. Según relata, al igual que un niño aprendiendo a andar en bici, el emprendedor se mueve con la lógica de “ensayo y error”. El nuevo método que enseñará, justamente, describe las habilidades que necesita el empresario en potencia para salir adelante.

En primer lugar, Cerrizuela habla de la capacidad de juego. Del mismo modo en que el niño ve en la bicicleta una alternativa divertida a caminar, el emprendedor juega reconociendo las distintas oportunidades que hay en el mercado. Y elige su camino.

En segundo término, la experta se refiere a la empatía. En este punto -explica-, esa cualidad busca conocer al destinatario para llegar a una armonía donde uno ofrece un producto que otro requiere. Tal y como el pequeño debe conocer la bicicleta hasta sentirla como una extensión de su cuerpo para no perder el equilibrio, el soñador tiene que entender al futuro cliente, anticipando sus necesidades como si fueran propias para brindarles una solución. Es como la armonía del negocio entre el que ofrece y el que demanda.

La experimentación es la tercera habilidad a desarrollar. Cuando alguien experimenta se somete a una prueba. “Experimentar te permite emprender con menos riesgos, se trata de equivocarse lo más rápido y barato posible”, afirma Cerrizuela. Esto significa que, como un aprendiz del ciclismo debe caer del rodado para reconocer la velocidad máxima a la que puede llegar sin perder el control, el emprendedor ensaya en el mercado por medio de la oferta de prototipos creados con recursos ya disponibles. En ese sentido, puntualiza: “no se trata de invertir todo en una primera instancia. La idea es que el emprendedor pueda utilizar aquello que tiene al alcance y que así pueda ir mejorando cada prototipo sin enfrentar un fracaso estrepitoso”.

Según Cerrizuela, la última habilidad es también la más importante: la reflexión. “Ella es transversal a todas y te permite aprender de los procesos”, considera. Por medio de la reflexión, el emprendedor aprende de lo ocurrido en cada una de las etapas. Le permite volver avanzar a partir de las equivocaciones para crear un producto mejor, que resulte más adecuado a las necesidades del cliente. De manera análoga, quien aprende andar en bici piensa y reflexiona sobre sus traspiés, por qué ocurrieron y cuál debería ser su curso de acción ante una futura situación similar.

El éxito, entonces, no es cosa de un primer intento. Como en la bici, nos caemos pero aprendemos del error. Y volvemos a subir. (Por Clara Radrizzani)

Consejos
“Rodearse de mentores es clave”
Todos tienen las habilidades para emprender. Así lo considera Patricia Cerrizuela, licenciada en Administración de Empresas y ex directora de Operaciones de Endeavor NOA. Para la experta la clave está en conocer los recursos con los que cuenta y en rodearse de mentores. “Es importante que el emprendedor defina claramente con qué recursos cuenta y cuáles son sus habilidades personales antes de arrancar”, anuncia. Cerrizuela insiste en que los emprendimientos deben iniciar con recursos ya a disposición del futuro empresario. Además, la profesional aconseja buscar mentores y rodearse de personas que aporten y que guíen. “El emprendedor debe ser consciente de que no necesariamente sabe todo y que recibir apoyo no está mal. Emprender no es fácil, pero se puede hacer. Los tucumanos tienen que animarse, es algo que tiene impacto social y genera desarrollo sustentable”, afirma.

¿Por qué fracasan?
En la Argentina, la tasa de mortalidad de las pequeñas y medianas empresas es alta. LA GACETA consultó a Cerrizuela sobre las razones de esta situación. “La mayoría de los emprendimientos no tienen éxito porque se preparan planes de negocios no realistas. Esto ocurre por falta de recursos -no necesariamente monetarios- y por falta de un análisis real de las necesidades que presenta el mercado”, diagnostica.
El error está en que muchas veces -relata- hay un enamoramiento de un producto o de un servicio, pero sin validarlo en el mercado. Para evitar este desacierto, Cerrizuela recomienda experimentar. Esto es, lanzar  al mercado un prototipo del producto realizado con los recursos disponibles. “Se dará cuenta ahí que podría funcionar mejor de otra manera, antes de invertir todo el dinero”, advierte.