Alcohol en gel y repelentes
Es increíble que en plena pandemia y cuando en el país se toma todo tipo de prevenciones para frenar el virus del coronavirus que avanza sin piedad, y combatir el dengue que es grave, en Tucumán el alcohol en gel cambie de precio todos los días al igual que los repelentes, siempre y cuando se los consiga, en algunos súper mercados o en pocas Farmacias porque las dos cosas están agotadas. Realmente he sentido vergüenza al comprobar que no sólo se debe recorrer mucho hasta conseguir esto, y sólo me queda rogar al Estado que controle los precios de estos productos y los haga accesibles a muchísimas personas que no tienen ninguna posibilidad de comprar a esos precios y que son los más vulnerables. Considero que hoy ambas cosas son artículos de primera necesidad y que se debe garantizar que suficiente cantidad y a un precio que todos puedan comprar cuando se está ante peligro de contagio. Hasta se me ocurre pensar que el Estado debería estar en las plazas o barrios repartiendo alcohol en gel y repelente, pero ya que esto es un sueño, por lo menos hacer un control estricto para que a nadie le falte en tiempos de pandemia.
Luz García Hamilton
luzghamilton@gmail.com
Coronavirus I
Observando las noticias mundiales de la pandemia del coronavirus, Tucumán se está preparando para brindar asistencia a las posibles personas que pueden sufrir este tipo de enfermedades del cual me parece correcta las actitudes de las autoridades sanitarias. La universidad de la calle me enseñó a mirar en la biblioteca de la vida que las enfermedades también tienen historias, como el paludismo o malaria que lo vivió Tucumán allá por 1937, estando de gobernador Miguel M. Campero, y llegando hasta 1946, cuando gobernaba Carlos Domínguez. Esta enfermedad registraba un promedio anual de 52.000 casos, disminuyendo en 1957 a un solo caso positivo. Esta enfermedad era transmitida por varias clases de mosquitos que nacían en aguas estancadas y pantanosas. La vinchuca y el murciélago también escribieron su historia. En el gobierno de Ramón “Palito” Ortega estuvo el cólera. Después vino el dengue. Del coronavirus se dice que provoca dolor de garganta, cabeza, fiebre, dificultades para respirar, escalofrío, malestar general, secreción y goteo nasal similar a una gripe común. Viendo este acontecimiento mundial creo que no debemos entrar en la desesperación. Hay que enfrentarlo con cautela, buscando recuperar al enfermo y volver a la realidad cotidiana, educándonos más con la higiene personal sin descuidar los principales servicios, desde un aire acondicionado a la cloración del agua potable, la desinfección de las cloacas que proliferen bacterias, y tener una planta de tratamiento para su correspondiente desechos. Este último caso deberían tener todas las fábricas industriales porque Tucumán sabe del caso de la basura a cielo abierto. En general debemos cuidar el medio ambiente y cuidar de aquellos que se aprovechan de estas situaciones quienes deberían ir presos. En síntesis debemos cuidarnos entre todos respetándonos y conjugando el verbo de las cuatro letras en tiempo presente sin olvidar que tenemos un Dios.
Castaño Pedro (Padre)
Las Palmeras, Barrio Perón, Concepción
Coronavirus II
Gradualmente se irá sintiendo la desaceleración en cuanto a las medidas preventivas dispuestas por el Estado nacional y provincial, la gradualidad tiene que ver con los múltiples factores que no se pueden privar a la sociedad. Sin caso de coronavirus confirmado en la provincia tenemos márgenes para garantizar accesibilidad a cuestiones básicas necesarias para la subsistencia ante una reafirmación de medidas extremas, los argentinos debemos ser conscientes y más si miramos a países del primer mundo donde todos están organizados ante el coronavirus. En la Argentina los ministerios están trabajando contrarreloj, porque la organización y el funcionamiento de los sistemas son prioridad. Ya se extremaron medidas de higiene a la comunidad y esta debe hacer los suyo, pero el desabastecimiento no vendrá de los empresarios de consumo alimentario mucho menos del Estado, vendrá de la mala acción de la sociedad que en un evidente estado de pánico salió a comprar alimentos en abundancia vulnerando la primera barrera preventiva de contagio. También dejando sin nada de provisión a otros y alterando un paso a paso que con los días, previo monitoreo gubernamental podrá ir variando, lejos de justificar una ideología política, siento que el Estado nacional está actuando acordé a la situación. Es la sociedad que debe acompañar con calma el proceso sin alterar la línea de trabajo que no es otra que proteger a los argentinos.
Williams Fanlo
Azcuénaga 980, San Miguel de Tucumán
Falta de árboles
El que calla, otorga. Por eso como tucumano preocupado por San Miguel de Tucumán, corresponde no callar. En LA GACETA del martes 13, en una nota que habla sobre las veredas y las peatonales, un funcionario municipal dice “que desde la repartición se mostraron preocupados por la falta de árboles en el micro centro” . Llama la atención la ajenidad con que se encara el tema. Primero porque la responsabilidad del arbolado urbano, es por ordenanza, municipal. Segundo, porque este grupo de funcionarios encargados de la reposición de los árboles hace por lo menos 12 años que está en esas funciones. Si se hubiera hecho el censo de árboles que la Municipalidad se comprometió a hacer, en su momento, ese funcionario sabría exactamente cuántos árboles están faltando en el micro centro. Para cuadras de 200 metros tendría que haber 11 árboles por cada vereda. No es tan difícil. Un manejo descuidado de los espacios verdes públicos, un accionar irresponsable con respecto al tema, tiene un gran impacto ambiental. Los árboles realizan en gran medida un excelente aporte a la calidad de vida, pues ellos son los encargados de: regular la temperatura ambiental, absorber gran parte del nivel sonoro, retener polvo atmosférico, purificar el aire, captando dióxido de carbono y liberando oxígeno y armonizar estéticamente la ciudad con sus formas y colores.
René Carlos Roncedo
reneroncedo@gmail.com
Belleza vs. vandalismo
Confieso que constantemente soy una crítica de la ciudad de Famaillá (ya por su ausencia de planificación urbana, ya por el caos en el tránsito, etc). Tuve la oportunidad de conocer, por deseo de mi nieto, el llamado Balneario por los oriundos del lugar. Quedé no sólo sorprendida, sino maravillada por las figuras de animales prehistóricos que se exhiben allí. Mi sorpresa fue mayor, al conocer sobre los materiales con que se los hizo; lo que permitió que valorase que con elementos simples, más que económicos, algunas personas fuesen capaces de construir algo bello. Mi corazón se encogió, este domingo, al conocer de un incendio aparentemente intencional, que destruyó la parte central de la construcción, que exhibía la figura de mayor envergadura de la muestra. Lamentable que no sepamos valorar que la belleza tiene una función en nuestras vidas: desviarnos de las miserias cotidianas y permitirnos apreciar que puede tener distintas formas, distintos orígenes, también impactos que , si se producen en niños de corta edad, nos pueden sorprender en el futuro con réplicas que mejoren nuestra vida como sociedad. Espero que las autoridades encuentren a los responsables y se comience, desde allí, una valoración de lo construido por cada comunidad; un paso fundamental para un proceso indispensable que debe ser permanente, o como diría Mujica: educación, educación, educación.
Hilda Cristina
Poncevkityponse@gmail.com
Sarmiento y Marco Avellaneda
Leo y vuelvo a leer todo lo vinculado con la epidemia del dengue y cada vez me convenzo más de la total irresponsabilidad e insensibilidad de nuestra Municipalidad y su Intendente, que han dejado a esta zona de avenida Sarmiento y Marco Avellaneda a la buena de Dios, como decía mi abuela. Adjunto una foto que patentiza la situación que se está viviendo en esta zona, a la que nunca se la consideró como parte de ciudad, a pesar de los múltiples reclamos realizados, uno de ellos tan bien graficado oportunamente por vuestro diario. Es increíble la inoperancia de nuestro intendente, al que pareciera que sólo le interesa que los bolardos amarillos que colocó en el centro y en “su” zona sur estén bien pintados, patético. Con mi familia, dichosos y felices vecinos de esta esquina, no sabemos qué otra medida preventiva realizar. Párrafo aparte para los directivos del Ferrocarril Belgrano ya que se desentienden de todo, en tal sentido pagamos el desmalezamiento de la vía en la zona perimetral a nuestra casa, fumigamos el canal a cielo abierto que corre paralelo a la misma. Todo este verdadero drama sanitario se desarrolla sobre la vía del ferrocarril Belgrano, donde están el asentamiento, los caballos y la basura.
Héctor Ostengo
hostengo@face.unt.edu.ar