- Tiempos AC/DC

Despertamos el año 2020 con la noticia de que en una ciudad del gigante asiático se detectaban casos de neumonía sin un diagnóstico claro de su origen. Se especuló que era algún virus de origen animal y un pobre quiróptero de ojos tristes mal hervido fue culpado de tal enfermedad. Los más audaces comentan por lo bajo de una conspiración para terminar con la sociedad capitalista y el modelo neoliberal que arrastra ciegamente al mundo a un abismo bajo las rígidas leyes del mercado. Parece un cuento chino. Lo cierto es que este nanométrico asesino, envuelto en su fantasma proteico, produjo una pandemia a nivel mundial y puso las economías y gobiernos de todos los colores políticos de rodillas. Se extendió por el mundo con velocidad que en algunos casos sorprendió a los sistemas de salud, desbordando incluso a países del llamado “primer mundo”. Evidentemente vivíamos tiempos Antes de Coronavirus (AC). Sin duda esta pandemia está poniendo a prueba el sistema económico mundial y los liderazgos políticos que se debaten entre luchar por la vida o, como lo anunció el primer ministro inglés, que había que asumir pragmáticamente la pérdida de nuestros mayores en aras del resguardo del sistema económico/financiero; sólo cuando la minúscula cadena de ADN cruzó las puertas de Buckingham la cosa se puso seria y adoptó una cuarentena preventiva. Claro está, hoy no hay vacuna ni tratamiento eficaz contra este virus. Sin duda habrá un antes (AC) y un después (DC), las economías están repensando los modelos actuales que permitieron que el hombre llegue a la luna o estemos preocupados por colonizar Marte, pero que un bichito dejó al borde del abismo. Serán tiempos de repensar el contrato social como menciona el gurú contemporáneo Yuval Harari. Una paradoja es que en tiempos de vidas sumergidas en minicomputadoras táctiles, que también sirven para hablar por teléfono y de administraciones que proclamaban cinturones ópticos y conectividad de campaña, encontramos que la vida no puede ser tan virtual como uno lo desee. Tal vez afortunadamente, nuestra vida está mayoritariamente dentro del mundo real. Como suele ocurrir con las crisis, esta pandemia está dejando ver lo mejor y lo peor de las sociedades y sus dirigentes, mostrado la indiferencia entre gobernantes que asumen que habrán muertes y que su sacrificio vale la pena, como la deleznable muestra de autoritarismo de un pequeño hombre presidente de un gran país, el mayor de Sudamérica; hasta gobernantes sensatos que anteponiendo el derecho a la vida hacen caminar, en equilibrio sobre la cuerda floja, la golpeada economía de un país dependiendo, de última, de los inescrutables criterios del capitalismo salvaje, atentos a sacar máximo provecho de situaciones de inestabilidad como la que vivimos actualmente. Ahora bien, otras corrientes de pensamiento estarán esperando que todo caiga, para que el sueño de la revolución proletaria nos ponga de pie atrás de su humanismo socialista? No serán sin duda éstas las soluciones en tiempos DC. Guerras en el viejo continente han producido dolorosas enseñanzas que hay que capitalizar, la vida resurge, se abre paso de sus cenizas como el ave Fénix. La humanidad deberá ser más humana con el prójimo, cuyo significado es “próximo”. La energía del colectivo social deberá encauzarse a fines nobles, los políticos deberán dejar de ser una clase social para ser servidores públicos y los profesionales y trabajadores deberán dar lo mejor de sí, en un ambiente donde predomine la cultura del trabajo como un concepto superador de solidaridad social. Hay por supuesto héroes anónimos de esta guerra, ellos son los recolectores de basura, carteros, enfermeros, médicos choferes, fuerzas de seguridad, entre muchos. Allí donde falta aún conocimiento científico para resolver este grave desafío que enfrentamos, es que debe aflorar la solidaridad de la sociedad en su conjunto, familias, educadores, políticos, empresarios, fuerzas de seguridad, un compromiso que integre a todos los actores sociales bajo la organización de una dirigencia que, de una buena vez, esté a la altura de las circunstancias. Que los dolores, las pérdidas y las angustias que inevitablemente quedarán como rastro del paso de este inesperado jinete del apocalipsis, se conviertan en la semilla de una sociedad mejor y más justa.

Miguel Ángel Cabrera

mcabrera@herrera.unt.edu.ar


- Interna oficialista

Hay que trabajar en lo posible por la unidad. Dejar los egos de lado, los más que se pueda. Mi abuelo paterno que gobernó de alguna manera varios años la provincia, decía que siempre había que evitar la guerra, así uno tuviese que humillarse para ello; pero una vez que la guerra se desataba, se desataban también las pasiones, y entonces que ya nadie pidiese piedad. Quedan mucho hasta el 2023 y Dios quiera que estemos todos a la altura de las circunstancias. Si tengo que ser el primero en humillarme (entiéndase la humillación como pulverización del ego) desde la simple militancia y en pos de la unidad del movimiento, lo haré. Si no logramos esto, cada uno deberá ver en cual trinchera de la interna decide estar. El que gane conducirá y los demás acompañarán. Para cerrar advierto, que quien más deberá ceder ahora es el actual gobernador, ya que no puede ser reelecto. Desde lo constitucional, falta analizar aun la cuestión de la vicegobernación y la reforma constitucional. El error de cálculo en la pelea interna, puede ser capitalizado por la oposición. Eso es lo que siempre debe estar en la mesa de análisis de las partes que se enfrenten.

Manuel García Fernández

Ildefonso de las Muñecas 798, 4C

San Miguel de Tucumán


- Cambios en el planeta

Por el coronavirus, el mundo ya no será el mismo cuando termine la cuarentena y la gente pueda salir del encierro de sus viviendas y retome las actividades laborales. Cambiarán las costumbres sociales, las reuniones entre familiares y amigos, los momentos de esparcimiento y diversión. Por más que vuelva la vida en libertad, es decir hacer lo que cada uno crea conveniente y no tener restricciones de circular por donde más agrade, seguirá el distanciamiento entre los individuos, lavarse las manos con jabón, dejar el calzado y la vestimenta al aire libre antes de ingresar a las respectivas viviendas. Porque, de algo tenemos que estar convencidos: el coronavirus no se irá. Para entonces, quizás ya se haya desarrollado la vacuna contra la pandemia, pero las prevenciones o los cuidados para no contagiarse seguirán. No solamente la vida social sufrirá un cambio de hábito, también habrá modificaciones en el mundo del trabajo. El escenario será complejo, obligará a tener otra mirada sobre las relaciones laborales por la aguda crisis desatada por la covid-19. Habrá que estar atentos a qué acuerdos se darán entre los gremios, las empresas y los empleados para que las consecuencias no sean pagadas por la clase trabajadora, aunque la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió que 195 millones de empleos de tiempo completo podrían perderse sólo en el segundo cuatrimestre del año por el coronavirus. Además, varias compañías bajarán sus persianas definitivamente por falta de producción y ventas. Más allá de las dificultades que genera y seguirá generando la pandemia, es indispensable que hombres y mujeres piensen en cómo salir de la crisis. Cada uno, desde su lugar de acción, deberá crear posibilidades para hacerle frente a los problemas. Claro que no es sencillo, pero lo importante es creer en uno mismo, en sus competencias para salir airoso de la situación. Además, pensar que esto que nos preocupa puede servir para fortalecer las relaciones interpersonales, pensar más en el otro como único otro y no como un adversario o enemigo, entender que pensamos diferente. Tal vez sea muy importante también gestionar las emociones, las cuales son precedidas por acontecimientos determinados. Ahora bien, ¿cómo gestionar las emociones?, bueno, a través de la firme decisión de fijarnos objetivos y metas, ser optimistas, demostrar inteligencia emocional; lo cual significa ponernos en el lugar de la otra persona. Muchas veces, las resoluciones de los problemas dependen de nuestra capacidad de acción, reacción y pensamiento.

Marcelo Malvestitti

marcelomalvestitti35@hotmail.com


- Coronavirus

En algún momento nos enteramos que en una ciudad de la lejana de China había aparecido el coronavirus. Todo parecía muy lejano hasta que en norte de Italia este virus se hizo presente y provocó muertes. De pronto estalló el contagio en los países europeos. Todo hacia presumir que Alemania, por haber tomado previsiones, sería el menos afectado. Es evidente que a veces la incredulidad tiene un precio, porque en Inglaterra no se lo tuvo en cuenta. Donald Trump, con la soberbia y la terquedad que lo características, se negó a darle a este virus la importancia necesaria. Hoy Nueva York es el centro de mayores contagios y muertes. Trump liberó dos billones de dólares para aliviarlos de esta pandemia. Por ahora EEUU es un país desbordado por el coronavirus. Brasil, con Bolsonaro, se resiste a tomar medidas como las que adoptaron otros países. Hoy Brasil no es una excepción. Cientos de países del mundo estudian cómo lograr un vacuna eficiente. Mientras muchas pruebas se han llevado a cabo la conclusión es: quedarnos todos en casa y hacer de la asepsia una medida constante y tenaz. La mayor peligrosidad se da en las personas de más de 60 años. Para nosotros, los octogenarios intensificar las prevenciones con la mayor eficacia posible. Hoy todo recaudo es el mejor remedio al que podemos apelar.

Héctor Leonardo Bravo
hectorbravo1940@hotmail.com

- Tolerancia

Esta pandemia que nos ataca tiene un elemento curativo que se llama “paciencia”, esperar que la onda pase después de aplanarse. Ello depende de la colaboración de todos con el liderazgo y dirección de los profesionales médicos pero, en general, de todos los profesionales de la sociedad y de los no profesionales que nos ayudan con su trabajo y esfuerzo y que merecen el mejor de los respetos porque son, como nosotros, fundamentalmente, pueblo: cuidadores, cadetes, guías, ordenadores de tránsito, bancarios y muchos más, muchos de ellos a pesar de sufrir penurias económicas. Leo con sorpresa intolerancias, abusos e insultos a ellos de parte de profesionales en general, que olvidan que “pro” significa “a favor de”, “mejorar”, “ayudar a” y muchas cosas más pero siempre positivas respecto al otro. Les propongo a los intolerantes a reconocer más a quienes nos ayudan todos los días a realizar cosas que muchas veces no podemos y que no ofendan el trabajo de todos los que trabajan por nosotros. Por ahí me enteré de un insulto a un custodio; realmente no entiendo adonde lo mandaban a esa persona; quizás si Freud viviera me podría explicar este nuevo destino. Los invito a la tolerancia y al respeto.

Armando Pérez de Nucci

San Martín y San Luis

Yerba Buena

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