- 27 años vs. 27 días
Nelson Mandela supo pasar 27 años encarcelado y a nosotros, el sólo hecho de tener que borrar 27 días del calendario, se nos hace una eternidad. Pero bien podemos actuar de manera mandeliana y aprovechar este tiempo extra para pensar y reflexionar sobre el sentido de la vida, el valor de la amistad, el manto solidario, las prioridades, el acompañamiento familiar. Consciente de que la vida a veces no nos da lo que queremos, sino lo que necesitamos, Mandela sabía que antes de actuar debía primero poner en orden sus pensamientos, madurar, comparar, estudiar, meditar, recapitular, analizar una y mil veces cada tema y situación antes de dar a conocer el bando de batalla. Pensar y repensar. Y él lo supo mejor que nadie. No se toma así nomás la crucial decisión de convencerse de que “sin perdón no hay futuro”, frase que para escribirla le requirió sólo tres segundos… y 27 años. En estos días aciagos, el recuerdo de su accionar, de alguna manera nos da una mano, nos invita a meditar, a unirnos, conscientes de nuestra finitud y de que entre parir y partir hay sólo una letra de diferencia. Dentro de estas reflexiones, seguramente debemos incluir el no buscar respuestas al porqué, sino más bien encontrar sentido al para qué, pregunta más que válida para aplicar ante esta pandemia con carátula de castigo bíblico. Por algo dicen que hay dos días importantes en nuestras vidas: el día en que nacemos y el día en que entendemos para qué. Mandela tenía la metódica rutina de hacerse la cama en todo lugar, en su casa, en su celda, hasta en las suites presidenciales, desorientando a la maestranza que pensaba que su admirado presidente no había dormido. Realizaba sus ejercicios físicos en la celda, en un mínimo espacio. Decidió perfeccionar los actos más rutinarios, como el simple hecho de lavar su ropa, elevándolos al altar de la perfección. Estudiar la fricción exacta de la tela que mejor ayuda a diluir el manchado, los distintos niveles de intensidad del frotado, la presión manual precisa sobre la tela, el golpeteo, el ablandamiento de las manchas secas, la infaltable media hora en remojo, el preservar la tela de la tortura del retorcimiento y saber distribuir el jabón en todas las áreas de la prenda. Toda una ciencia. Flexión y reflexión es la clave, y no abandonar la rutina. Poder tener tiempo extra para reflexionar sobre la caridad e incluso sobre la milenaria filosofía africana del Ubuntu, en dialecto zulú “soy lo que tú eres… lo que a mí me pasa, te pasa’’, que Mandela aplicó tanto en su gestión pública como en su vida privada. ‘’Al salir por la puerta hacia la libertad sabía que si no dejaba atrás toda la ira o el odio, o el resentimiento, seguiría siendo un prisionero’’. En nuestro caso, nosotros no estamos prisioneros, sólo estamos preservados. Y no estamos solos. Nos acompañan los seres más amados y los objetos más queridos y con quienes convivimos, muebles, libros, adornos, esas mascotas inanimadas revestidas con la pátina de los afectos. Tratar de interpretar qué nos querrá decir el universo para haber desencadenado un cataclismo de tan mayúsculo impacto y poder doctorarnos en positivismo. Hoy nos encontramos doblemente de rodillas, bajo el yugo del circunstancial invasor y ante Dios, rogándole el cese de su acción maléfica. Sólo nos resta reflexionar sobre la heroica tarea de médicos y enfermeros. La “V” de la victoria que conforma el escote de los camisolines sanitarios nos habla de la entrega sin límites de estos héroes y la decisión de ponerles pecho a las balas, luchando sin descanso contra el virus de testa coronada, enfrentados a la fáctica disyuntiva. ‘’Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir”.
Rafael Jijena Sánchez
- Paz para todos
Quiso la historia la coincidencia de las celebraciones de la Pascua cristiana y el Pésaj judío, en medio de esta indeseable experiencia que nos toca transitar, quiero junto a mis augurios de Felicidad para estas históricas conmemoraciones, agradecer a LA GACETA y sus periodistas las publicaciones de mis humildes y sinceras ideas expresadas estos últimos años, con el único objetivo de contribuir junto a los lectores que escriben, opinan y leen, a lograr la unión de todos los argentinos hermanándonos en nuestras coincidencias, sin ningún tipo de diferencias sociales, raciales ni religiosas que permitirán erradicar definitivamente lo que se dio en llamar la grieta entre hermanos, para recrear nuestra querida patria Argentina. Como así también augurar que con el invalorable aporte de los científicos de todo el mundo empeñados en encontrar la cura a tan devastador flagelo en bien de la humanidad. Para ello es absolutamente necesario contar con el apoyo de toda la población, para que sumando el esfuerzo mancomunado de todos que con hermandad, humanidad y solidaridad logremos la tan ansiada recuperación y retorno a la normalidad, es el camino más sencillo de conservar la humildad que engrandece al ser humano. Abrigo la gran esperanza con una bella palabra que sintetiza en ella la grandeza del hombre y de la humanidad: paz para todos.
Federico Yurcovich
- SAT y dengue
Desde el mes de febrero vengo reclamando a la SAT la solución al problema cloacal del inmueble de mi propiedad, sito en Viamonte y San Juan (Reclamo Nº 357895). En cada tormenta del verano, el inmueble se inundó de líquidos cloacales que ingresaron por los resumideros de los baños, habiendo dañado las paredes y parte del mobiliario. Y desde entonces, el jardín de la propiedad -que da sobre San Juan- permanece inundado del mismo líquido que viene de los colectores cloacales e ingresa por la cámara. Esto, además del olor insoportable, es por supuesto un ideal criadero de mosquitos en estos tiempos de dengue. Ante la falta de respuesta de la SAT, hice también un reclamo ante el Ente Regulador hace más de un mes (Expte. 1410/390-6-2020 de fecha 2 de marzo), sin haber conseguido nada. Quisiera por este medio llegar a alguien que pueda tomar cartas en el asunto para dar una solución al problema.
Federico García Hamilton
fghamilton@Sakkanasrl.com.ar
- Cuidado en los barrios
Jamás lo vi tan embroncado al “Escobillón”, también llamado “Ekeko”, un ciruja que vive de la caridad de los vecinos, lleva la basura y hace los mandados y anda por el barrio 20 de Junio. En sus manos traía LA GACETA y me leyó detalladamente una carta publicada de un vecino un country que reclamaba por las restricciones de circulación. Me pedía que le conteste, para lo cual me debí meter en su curtida piel y sacar todas las palabras fuera de lugar. Dijo que en el country tienen la más importante agencia de Seguridad de Tucumán, que presta servicio en la mayoría de los barrios privados, que son de Yerba Buena, justo donde está la “mama” del maldito virus. Pregunta de dónde sale la teoría de que los médicos recomiendan que para fortalecer el sistema respiratorio deben caminar 40 minutos diarios… ¿En medio de la cuarentena? Por respeto y consideración de sus propios vecinos debería quedarse en casa, aunque extrañe la bicicleta. En el 20 de Junio nosotros también vivimos en un barrio privado, de luz, agua, cloacas y también de seguridad. Nos aguantamos, pero nos quedamos en casa. Nosotros contratamos dos “pititos” en moto que durante la noche, con su sirena y un garrote, espantan choros. Por último, le pido con el corazón en la mano al señor del country que se cuide y nos cuide... si la peste nos entra no se salva nadie. Estamos a tiempo.
Francisco Amable Díaz
Pedro G. Sal 1.180
Barrio 20 de Junio
San Miguel de Tucumán
- Educación y sentido común
Conocemos el mundo a través de los sentidos, dones concedidos gratuitamente. Gracias a la educación, desarrollamos con los años, el sentido común. Los que enseñan no pueden darse el lujo de prescindir de él. La suspensión de clases y la decisión ministerial de que los chicos sigan conectados a la escuela no puede soslayar las posibilidades de los sujetos. Por eso las tareas tienen un doble requerimiento: pedagógico y sentido común. La mayoría lo entiende y lo sostiene. No todos. Por ejemplo, un profesor de educación física que solicita el video a los niños de jardín de 4 en su horario habitual; un directivo que pretende que los estudiantes se reporten para la asistencia y la tarea en la hora de cada profesor (¿y si en la casa no hay un celular para cada estudiante?) y qué decir del requerimiento de una planificación anual. Hay un sinnúmero de materiales que deberían servir para enriquecer y revisar lo que enseñamos el año anterior. Estamos lejos de la posibilidad de planificar un año de enseñanza para un futuro que no sabemos cómo será. Es un esfuerzo inútil. Las decisiones de las máximas autoridades de los argentinos son quincenales. Las familias pueden acompañar pero no enseñar. La unidad es una piedra fundamental que tal vez haya que revisar y dejar por escrito todas las recomendaciones a fin de que todos los docentes, cualquiera sea su función, puedan volver a leer, releer y consultar cada vez que haga falta.
Susana Cristina Díaz
profesucris@gmail.com
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