Política ambiental invisible

Una política ambiental es un conjunto de principios, objetivos, criterios y orientaciones generales para la protección del medio ambiente de una sociedad en particular. Teniendo en cuenta esta definición y lo que sucede ambientalmente en nuestra provincia, debemos concluir que el Estado tucumano no tiene una política ambiental y si la tiene no la conocemos, ni se la aplica. Las pruebas de esta falencia están a la vista de todos, ya que desde hace años. Tenemos: contaminación del suelo, el aire y el agua debido a la quema de cañaverales, vinaza, cachaza, derrames cloacales, residuos sólidos urbanos y además inundaciones, construcciones en piedemonte, talas, desmontes sin control, etc. La Secretaría de Estado de Medio Ambiente (SEMA) depende del Ministerio de la Producción y tiene establecido claramente en el Decreto Acuerdo 60/09 (MDP) cuáles son sus misiones y funciones, pero en las escasas actuaciones e intervenciones que realiza este organismo  se puede observar la ausencia de los principios preventivos y precautorios imprescindibles para ser eficaces y eficientes en la protección de la salud de las personas, del ambiente y los ecosistemas que existen en el territorio. Los que vivimos en Tucumán, como ciudadanos de una República democrática, tenemos derechos ambientales de carácter constitucional y que deben ser tutelados por quienes hoy administran el Estado en sus versiones provincia, municipio y comuna y especialmente por la SEMA, que olvidó su razón de ser y que es sostenida por los contribuyentes. En la práctica se comportan como guardia pretoriana del Gobierno y de los intereses económicos de turno. Por otro lado, los políticos que deberían actuar, sentados en sus poltronas, están más preocupados y ocupados en ser reelegidos que en luchar por el medio ambiente. Pareciera ser que la política actual en estos temas es no tener política, para el beneficio de unos pocos y el perjuicio de muchos. ¡Pobre medio ambiente tucumano, quienes deben protegerte te abandonaron! ¡Qué pena! ¿Dónde iremos a parar, si un día nos llegas a faltar?

Juan Francisco Segura

segurajuanf@hotmail.com

La ley Micaela

Escuché tantas veces hablar de la Ley Micaela últimamente, que me dispuse a participar de alguna capacitación que me explique de qué se trataba; como adivinándome, mi amigo “Cacho”, del gremio Municipal, me invitó a participar del primer curso que se dictaba en un Sindicato de Tucumán. Con mi amigo el concejal Nagle y el ministro Yedlin, soportando el intenso frío, atentamente escuchamos y aprendimos todo sobre la Ley Micaela. Locuazmente, la licenciada Muñeca nos fue contando que Micaela García era una jovencita entrerriana de 21 años, militante del Movimiento Evita, que regresaba de una fiesta y por temor al taxista, decidió volver caminando, sin pensar que su asesino, Sebastián Wagner, y un cómplice, la acechaban para violarla y asesinarla. Sus padres, en medio de tanto dolor, empezaron una lucha denodada para obtener una legislación que castigue a los femicidas, pero por sobre todas las cosas, sensibilizar a nuestra sociedad que ante tantos delitos y violencia de género ya se volvió común e insignificante hasta que nos sucede a nosotros. Las estadísticas nos condenan: 12 femicidios en lo que va del año y estamos segundos en este tipo de delito en el país. No piensen que somos más machos o más hombres; somos los más cobardes. Mujeres, que la sangre derramada no sea en vano. No tengan miedo, luchen por ni una más, ni una menos.

Francisco Amable Díaz

Pedro G. Sal 1.180, Barrio 20 de Junio, San Miguel de Tucumán