- Recuerdos - 108 años
Hace muchos años, tal vez como 70, vivíamos en el campo con mis padres, mis abuelos y demás familia. En ese entonces, por la mañana, colectivo que venía desde la ciudad traía al señor Ruiz, el diarero. Entonces corríamos los chicos a recibir el diario: lo tiraba desde el portaequipaje que estaba en el techo del colectivo, y era el diario LA GACETA. De regreso, en la tarde, venía en el estribo del colectivo para recibir el pago. Mi abuelo era el primero en leer el diario; luego papá y mi abuela decía que no tenía tiempo para eso pero era porque no sabía leer. Pero en la tarde a la hora de matear, preguntaba (como quien no quiere la cosa) “y… ¿Qué noticias hay?” Entonces mi abuelo le contaba o le leía para ella todas las noticias; mamá le leía a la abuela “La nota del día“, y “Cartas a mi Ñaña“, que a ella le gustaban y se reía mucho. En el cumple 108 de tan querido diario, este bello recuerdo de mi niñez; gracias. Entonces yo también leía y sigo leyendo. Feliz cumple y hasta todos los días.
Luisa Amelia Gargiulo
Pasaje Chazarreta 1.878 - San Miguel de Tucumán
- LA GACETA - Acróstico
Leer un diario de gran calidad informativa y cultural
Aprender desde niños a valorar e interpretar su lectura
Generando costumbres, extrañando noticias de toda índole
Abuelos y nietos y tal vez bisnietos esperan el diario de la familia
Ciento ocho años fue un orgullo cumplirlos y están tan actualizados
Es grato tener un diario tan completo y atrapante porque…
Tener LA GACETA en nuestras manos es tener lectura todo el día. ¡Brindemos!
Alcemos la copa por muchos años, muchos y muchos más.
Luisa Amelia Gargiulo
Pasaje Chazarreta 1.878 - San Miguel de Tucumán
- Panorama Tucumano: pregunta
En la emisión del programa televisivo Panorama Tucumano del miércoles 5 de agosto, intervino como invitado, el experto en economía y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT Gustavo Wallberg quien, haciendo uso de su facultad de tener y verter sus propias opiniones, dijo creer que el gobierno del actual Presidente “no tiene ni la más pálida idea de lo que tienen que hacer”. Si bien a cada uno le asiste el derecho de creer en lo que estime adecuado, me sorprendió esa aseveración, la que no fue manifestada con los diversos fundamentos en que se basa, apoyo que, por honestidad intelectual, es imprescindible brindar al oyente para que tenga la posibilidad de formarse su propio juicio. Tal fundamentación resulta crucial máxime proviniendo de un profesor universitario. Es por ello que, por este medio, y a fin de valorar en su debida medida la citada opinión, deseo pedirle al señor profesor que de manera clara exponga en esta misma columna los elementos de juicio que avalan su aseveración o si meramente se trata de una corazonada. Desde ya le pido disculpas al señor economista por importunarlo con este pedido.
Eduardo Nieto
- Panorama tucumano: respuesta
No tener ni idea puede significar al menos dos cosas. Una, estar fundamentalmente equivocado. La otra, no saber (qué hacer, qué pensar, etc.). Ambos se aplican al Gobierno nacional en lo que a economía se refiere. Algunos ejemplos: Alberto Fernández dijo que llegaba para levantar la llave que encendería la economía. ¿Sólo una imagen? Por todo lo que dijo, dice y hace, creo que realmente no sabe que la vida económica es un fenómeno social muy complejo, que no admite soluciones mágicas ni ingeniería social (pretensión de todos quienes ven, como el Presidente, al Estado como eje de la vida de la comunidad). También habló en su momento sobre cómo usaría las tasas de interés de las Leliq para aumentar jubilaciones, sin considerar que los intereses no existen sino que son una promesa, en este caso un contrato hecho entre particulares y una entidad (el Banco Central) a la que la ley le prohíbe darle órdenes. Y negó también que la emisión de dinero genere inflación, diciendo que el Central no había emitido durante el gobierno de Mauricio Macri y lo mismo los precios habían subido. Pero eso implica desconocer que el BCRA recién dejó de emitir en diciembre de 2018 y que no hay nada instantáneo en economía, en particular que en los últimos años la emisión demoraba unos ocho meses en tener su mayor efecto en los precios. O la tendencia a poner más impuestos sobre los más eficientes, incluso si desalienta a los sectores que generan dólares (cuya escasez es causa de problemas generales). O argumentar que quienes ganaron deben invertir cuando se invierte por lo que se cree que se ganará en el futuro, no por lo que se ganó en el pasado. O tomar decisiones a partir de evaluaciones claramente erradas, como la expropiación de Vicentin, que además no consultó con el ministro de Agricultura, que se enteró por los medios de comunicación. O apoyar legislación sobre modalidades modernas de trabajo que tiene criterios de la realidad laboral de hace medio siglo. O decir que tiene objetivos pero no planes, lo que hace dudar de que sepa cómo alcanzar los objetivos. Porque además no dice cuáles son las vías que considera útiles para esos fines ni aclara su prioridad, algo importante porque lo normal es que no se pueda todo al mismo tiempo. Y si se suman las abundantes contradicciones de su vida política, de las que hay constancia pública, es para dudar sobre su seguridad en economía. Claro que la pandemia es una complicación que interfiere con cualquier planificación. Pero recién hace pocos días amplió la idea de los “gabinetes interministeriales”. Es un avance, y tal vez surjan líneas coherentes de trabajo, pero lo que se muestra hasta ahora es poca apertura a los aportes ajenos. El Gobierno tiene derecho a decidir pero es poco útil no someter a debate las decisiones. No sólo por los propios. Las decisiones deben debatirse en el Congreso, no trabajar sólo con decretos o pretendiendo sólo bajar votos. Y no sólo escuchar a los infectólogos. También psicólogos, sociólogos, economistas, empresarios, pedagogos, trabajadores. En campaña Fernández había hablado de un Consejo Social… del que se olvidó cuando más falta hace. Es posible que por eso no muestre líneas básicas consistentes de acción. La democracia requiere diálogo. Por respeto a los demás y por asunción de las limitaciones propias. Dialogar ayuda a tener idea.
Gustavo Wallberg