Colón, la otra historia

Flavio Josefo manifestaba entre las causas que llevan a los hombres a escribir sobre los tiempos acaecidos, las más nobles son “el rescate de los hechos del ayer ocultados por la niebla del olvido” y “el celo de que la verdad no perezca”. Sin embargo muchos autores parecen ignorarla, brindándonos una versión tan ideal como parcializada de la historia.  Un número creciente de investigadores modernos sostiene la tesis de que si bien Colón era genovés de nacimiento y profesaba -al menos en apariencia- un ferviente catolicismo, descendía de una familia sefaradita (judeo-española) que se radicó en Génova a fines del siglo XIV luego de las persecuciones religiosas que azotaron a la península en 1391. Es llamativo, por ejemplo, que el propio hijo del descubridor, Fernando, en su “Historia del almirante”, dijera que no halló trazas de la familia Colombo en Génova ni en la región, más allá de Giuseppe, el abuelo de Colón. Cabe preguntarse, entonces: ¿De dónde venían los Colombo? Precisamente el tiempo en que el abuelo de Cristóbal se radica en la zona coincide con la masacre española de 1791. Casi un siglo después, al afincarse de España el futuro almirante, troca su apellido latinizado Colombo por Colón, “restituyéndose el vocablo antiguo de la familia” (Las Casas, “Historia de las Indias”). Es notable, asimismo, la gran incidencia de esa época, entre los judíos de Cataluña y sus alrededores, del apellido Colón, muchos de ellos, perseguidos por la Inquisición. También es llamativo que nuestro héroe, como genovés, no escribía en italiano: no dejó ni una línea en ese idioma. En cambio, sí lo hacía en castellano mucho antes de radicarse en Castilla, rasgo este común entre los sefaraditas que conservan siempre su idioma ancestral. Es sabido, además, que los principales amigos y protectores de Colón en la Corte eran casi todos “conversos”, así como su segunda esposa, doña Beatriz Enríquez. En tal sentido, supo buscar y conseguir el apoyo necesario para sus planes en los miembros de la “colectividad” y ponerse además en contacto con los geógrafos y cartógrafos más conocidos de entonces. En la antigüedad, la navegación era primordialmente costera o de cabotaje (de cabo a cabo). Abraham Zacuto, astrónomo de la corte de Juan II de Portugal, perfeccionó el astrolabio (actual sextante) y confeccionó las tablas náuticas con las cuales se podía determinar los ángulos astrales en relación al horizonte y medir las latitudes de acuerdo a la altura del sol o las estrellas; y Abraham Crescas publicó en 1375 el célebre “Mapamundi Catalán”, un siglo antes que Toscanelli. Su hijo Yehuda fue llamado por el Infante don Enrique El Navegante para conducir la famosa Academia de Sagres “e insiniar su sciencia aos officiais portuguéses”. Al tiempo en que Colón llega a Portugal, se realiza una importante congreso de sabios, presidido por el cosmógrafo Joseph Vizinho, discípulo de Zacuto. “¿Cómo aventurarse -escribía Colón- en medio del océano sin poder determinar a cada instante la posición en el globo?”... “Pero Dios tocó el corazón del rey Juan II y le inspiró la consulta de sabios dirigida por el judío Joseph que nos valió la aplicación del astrolabio a la navegación” (Las Casas). Colón habría fracasado en sus intentos de convencer a la junta de teólogos y astrónomos nombrados por los Reyes Católicos. Sus teorías parecían extravagantes y heréticas y sus exigencias desmesuradas: pedía que se lo nombraste “Almirante de la mar océana” y “Visorrey de las Indias”. Fernando de Talavera, confesor declaró a la reina que “conceder tales honores a un mendigo genovés sería una vergüenza para Sus Majestades”. Pero el judío converso Luis de Santángel, tesorero del reino, se presentó ante Isabel cuando Colón dejó Granada y logró que la reina cambiara su decisión: “Si nos trae las Indias, ¿por qué no hacerlo Almirante? Yo prestaré lo necesario” (Luis Arranz). Es necesario aclarar que la mayoría de los tripulantes de las carabelas eran “judaizantes sacados de las mazmorras del Santo Oficio”. Las naves, que no llevaban sacerdotes a bordo, estaban listas para partir el 2 de agosto de 1492. Pero ese era, entre los hebreos, un día de duelo y ayuno (destrucción del templo). Zarparon al día siguiente, 3 de agosto, “media hora antes de rayar el alba”...

Arturo Garvich

Las Heras 632

San Miguel de Tucumán

Parkinson Y Covid-19

Escribo esta carta con mucha tristeza de ver como hay personas que sin saber o sabiendo por un punto de rating o por armar escándalos se mofaron de una enfermedad tan terrible como es el  Parkinson. En un programa exitoso días pasados hubo enfrentamiento entre varios de esos participantes donde se mofaron de una dolencia neurodegenerativa que no tiene cura hasta el momento, y que día a día apaga a un ser humano como una rosa que pierde sus pétalos. Lo mismo pasa con la covid-19 de gente que sigue mintiendo a través de redes sociales y de canales de internet sobre conspiraciones políticas con una enfermedad que se va cobrando un millón de personas. ¿Qué mostró a la humanidad todo esto? ¿El hombre aprenderá algo de esta pandemia y de los dolores que significan las enfermedades, producto del pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva, desobedeciendo al Todopoderoso, comiendo del árbol prohibido? Es increíble que gente ignorante de todo conocimiento científico se burle por TV y por todos los medios digitales sin ninguna sanción, o un castigo severo de que alguna vez vayan a una clínica de rehabilitación de enfermos de Parkinson o de gente que tiene la Covid-19 con respiradores en la fase 3, casi final de esta terrible afección. ¿El dinero lo es todo? ¿El desenfreno es todo? ¿Los jóvenes no piensan en sus padres y abuelos? ¿En que si salen a divertirse pueden contagiar y mandar a un cementerio a sus seres queridos? Eso se llama egoísmo. ¿En qué nos convertimos? ¿Seguimos siendo el hombre de Neanderthal de hace 40.000 años atrás? Sres. hay algo que aprendí de todo esto, que no tiene la culpa ningún gobernante, que es el respeto, y que el argentino lo perdió hace muchísimo tiempo; un valor que permite al humano pueda reconocer, apreciar y valorar las cualidades del prójimo y sus derechos. En otras palabras, reconocimiento del valor propio y los derechos de los individuos y de la sociedad. Ojalá se pueda recapacitar y aprender y enmendar los errores del pasado. Santayana dijo alguna vez: “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Fernando Esteban Saade

efersa079@gmail.com

El Agua que se gasta

Escribo a propósito de la nota de Isabel Lazzaroni sobre el agua (09/10) en referencia al líquido preciado que se nos aconseja ahorrar debido a la sequía. Tucumán ya lleva casi siete meses sin lluvia.  ¿Cuántos millones de agua servida sin tratarse se tira a cielo abierto?  ¿Quién retiene agua para regar cultivos, para producir energía eléctrica, fomentar la piscicultura? El Señor Jesús nos dio ejemplo con la multiplicación de los peces. Señores, es hora de cuidar nuestro medio ambiente, de plantar árboles, de no derrochar el agua que es en parte de nuestro cuerpo humano y amar cuidando lo que Dios nos da en la vida.

Pedro Castaño

pedrin_ppc_concep@hotmail.com

Covid-19 y dengue

Para mal de la población, se aproxima el dengue y todo lo que significa este virus que viene de la mano con la respectiva aparición del mosquito vector. Si bien la extensa sequía que padece la región y la provincia sirvieron para que no se multiplicaran los criaderos de este insecto en gran número, se sabe que el mosquito en casi muy pocas condiciones favorables se adapta y lleva a cabo su reproducción; motivo por el cual garantiza su presencia y la del virus que ya puso en vilo a los ciudadanos el verano pasado. Si bien las indicaciones expuestas por el servicio de epidemiología provincial hacen hincapié en la limpieza profunda y descacharreo de los hogares, al parecer no fue suficiente o poco receptivo en la sociedad. Miles de tucumanos se registraron infectados y hubo víctimas fatales con zonas de mucha influencia viral nunca antes vista. Quizás con la poca circulación de personas desde las zonas endémicas habituales (Salta, Chaco, Litoral y Paraguay) ,debido a las restricciones actuales, se retrase el virus del dengue, pero en una provincia golpeada por la Covid-19 esto sería muy peligroso. Con total desconocimiento científico digo que el combo de los virus mencionados atacando el sistema inmunológico de los humanos me preocupa. Creo que la Covid-19 y el dengue juntos en el cuerpo humano al mismo tiempo producirán un diagnóstico complejo. Habrá que esperar a los profesionales y a la respectiva investigación. Debo decir que al menos yo no conozco un paciente todavía con ambos virus en el organismo; pero ya sabemos que ambos virus, valga la redundancia, mostraron un desmejoramiento importante de la salud de los individuos cuando actuaron de manera individual y que derivaron en internaciones hospitalarias. Si el sistema de internación sanitario público y privado están al borde del colapso hoy por Covid-19, con el dengue sería más perjudicial todavía.

Williams Fanlo

willyucr@gmail.com

Comer o enfermarse

La pandemia ha llevado, en palabras del secretario de Gobierno de la Municipalidad, Rodolfo Ocaranza, a una dicotomía: “comer o enfermarse”. Esos “opuestos”, en la historia, no son nuevos. La vida se ha vuelto vulnerable y su existencia, amenazada. Retroceder a las “calamidades públicas” de la Edad Media. Los peligros del agua y del fuego, los de la enfermedad y del hambre iban al encuentro del hombre en su propia casa. El peor de los azotes, las epidemias. Ni la higiene, ni la profilaxis, ni la medicina con sus progresos inciertos eran capaces, sobre todo en período de guerra y de depresión económica, de imitar los estragos o de liberar a las multitudes del temor a la “mortandad”. Palabra que resumía a enfermedades muy diversas y a todos los horrores traídos de Oriente por naves genovesas en 1347. De triple forma: bubónica, intestinal y pulmonar. “Escribo esperando la muerte entre los muertos”, contaba uno de los supervivientes de dos generaciones  que vivieron angustiados. Un mal estado sanitario, dispuesto a agravarse y la impotencia de los medios de protección. Europa, antes de la peste, ya había conocido otras epidemias generalizadas (disentería, variedades de infecciones, etc.). Después, también, se renovaron las plagas. En 1399, en París, “a todas horas se veían entierros”, cuyo anuncio público fue prohibido. Los médicos eran escasos. La higiene común valía más que la medicina, y la higiene privada más que la pública: era necesario llevar vida arreglada para resistir a la peste y a los médicos. Pero sobre todo, escasez de alimentos; las epidemias coincidían con la penuria y el hambre. Los especuladores aprovechaban las circunstancias, ante la impotencia de los poderes públicos, mal preparados, corrompidos y responsables, además, de una fiscalidad opresiva. La pandemia no era un fenómeno social exterior a aquella sociedad, el feudalismo, basado en la servidumbre y el vasallaje, sino producto del modo de relacionarse con la naturaleza. La primera causa es el desequilibrio entre población y producción agrícola, signos y consecuencias de un estancamiento de una técnica agraria incapaz de mejorar de manera sensible los rendimientos. Van a llevar a rebeliones campesinas, trayendo consigo, además de revueltas campesinas,  una transición convulsiva hacia un ciclo histórico nuevo: las revoluciones burguesas. Y “comer o enfermar” sus consignas trascendentales.

Pedro Pablo Verasaluse

pedropabloverasaluse@gmail.com

Charla Pediconegate

Celebro la muy buena idea de un espacio en directo con los periodistas que trabajan en este bochornoso hecho de corrupción en el más alto nivel de la justicia tucumana. No así, la forma en que se desarrolló; dado que se centralizó la oratoria en aquellos que ya se expresaron ampliamente con su escritura respecto del tema. Solamente unas pocas observaciones de los participantes fueron leídas. Le faltó democracia al encuentro. Destaco la inteligente observación de un periodista respecto de que un participante -Gustavo Morales - parecía ser la única oposición en Tucumán, ya que nadie, ni siquiera políticos opositores ni instituciones se atreven a tomar al menos conciencia respecto de la gravedad del hecho, al cual además, se le suma el archivo de los pedidos de juicio político de la parte denunciada. Todo lo contrario a la luz verde para los juicios políticos para el propio denunciante por parte de la comisión legislativa presidida por el legislador Khoder; quien junto a su familia y amigos arrasaron Banda del Río Salí, quienes tienen en la actualidad una causa judicial en curso por ello. Agregó además -el periodista- una llamativa duda respecto  de no saber a quién respondía Morales en su activo protagonismo contra las causas de corrupción. El aludido solo atinó a escribir rápidamente que no respondía a nadie. Yo diría que en este momento, en solitario, Morales responde a su propia conciencia en busca de justicia. Es una pena que este abogado no tenga los asesores de imagen con que cuentan los políticos; ya que de esa manera tendría muletillas,  gestos y sonrisas que lo convertirían en más simpático a la opinión pública. Dios salve a la gente buena de Tucumán.

Guillermo E. Bórquez

geborquez7@gmail.com

N. de la R.: Por tratarse de un encuentro muy numeroso entre suscriptores de LA GACETA y los periodistas que cubrieron los pormenores del escándalo judicial, se eligió la mecánica de que los cronistas recibiesen las preguntas y las respondan, y que los asistentes pudiesen enviar mensajes.

¿Fe virtual?

Seguramente, esta misiva recibirá críticas. El 3 de octubre era el día de la Peregrinación a Luján (se realiza desde hace 45 años ininterrumpidos). Este año, se les ocurrió “virtualizarla”. El mundo gira a través de internet y, hoy, en mayor medida, debido a la cuarentena. Las redes, plataformas virtuales están saturadas. Este diario publicó el 21/07/19 la carta “Factor Humano”, en la cual el suscripto hacía referencia a la falta de contactos y/o relaciones humanas, resultado de la hiperconectividad y las relaciones virtuales. La propagación mundial potenciada del virus y su consecuente aislamiento transformó y alteró a los seres humanos, sin ningún panorama cierto y alentador de futuro. Sin embargo, llaman la atención actividades que continúan en el mundo, pese a los constantes contagios y lamentables muertes (pido especial oración por sus almas). Es cierto, necesario y entendible que las economías continúen activas, generando producción, riquezas y medios de subsistencia, vía apertura de turismo, reuniones, restaurantes, “delivery”, deportes (sin olvidar las marchas); pero no excluyendo misas y peregrinaciones. Resulta llamativo y vergonzoso que las últimas actividades habilitadas hayan sido las celebraciones católicas. La fe es un don de Dios sumamente valioso y, justamente, durante esta epidemia, se asemejó al peso argentino (por falta de confianza), en relación a su creciente desvalorización. ¿La “verdadera fe” puede suplantarse por un monitor o aplicación? Es inconcebible que el Papa y la Iglesia, salvo mínimos casos, hayan permanecido impasibles y sólo conectados por cables como “cuerpos sin vida”. Justamente, en estos gravísimos tiempos, deberíamos recurrir a la oración y a la fe en la misericordia de Dios, sobre todo concurriendo a las misas. Se idearon protocolos en tantas actividades, pero ninguno para que, de alguna forma, la gente con fe peregrinara a pie, como todos los años, al santuario de la Patrona de los argentinos para agradecer, pedir, cumplir sus promesas o derramar sus lágrimas en la Basílica de Luján. Sin embargo, ya sea por dejadez, comodidad o falta de iniciativas con suficiente antelación, inventaron una peregrinación y/o fe virtual. ¿Tan lejos hemos llegado en este mundo automatizado y conectado “en la nube”, que pretenden vIrtualizar nuestra verdadera e insustituible fe real? ¡Créase o no!

Marcos A. Machado

marcos53arg@hotmail.com

Campaña nacional

Admiradora de Quino y su genial Mafalda, anoche tuve un sueño quinesco y premonitorio. El globo terráqueo giraba lentamente y pasaba Europa... África... Asia. Dolido, lleno de remiendos, curitas y magullones. En ese girar hacia la derecha, unas gigantes alas oscuras en su vuelo no me dejaban ver qué parte de la Tierra sobrevolábamos. Era un gran murciélago que tapaba China. Me estremecí mientras dormía no tan plácidamente. Gracias a que el movimiento continuaba de repente me encontré con esa gran masa de agua que llamamos océano. Con ilusión y ansiedad esperé que apareciera América. Sí... Sí. Primero Alaska, Canadá, un pedacito de Estados Unidos y mi impaciencia pudo más. Giré con mis dedos el globo, miré hacia abajo y.… ¡Nada! En mi lugar... en mi Argentina querida, sólo un gran agujero negro. ¿Será el estudio de este nuevo agujero el que ganará un Nobel en el 2021? Sollozando aún dormida, vi sobre la mesa que sostenía el globo, un papel como plastificado, vulgarmente hecho un bollo, con quemaduras que también parecían pequeños agujeros. Y de repente la carita doliente de Mafalda mirándome tristemente, como preguntándome si eso era su Argentina... la mía... ¡La nuestra! Me desperté sufriendo, mirando mis manos a ver si esa Argentina descolgada del mundo estaba allí. No la encontré. Sumida en la congoja y muy a lo Mafalda, pensé aún somnolienta: ¿Y si cada argentino enamorado de su país en lugar de poner sus pies en un avión cuando regresen los vuelos, empieza a recolectar alfileres? Digo... ¡Entre todos! En campaña nacional... ¿La volvemos a colgar?

María Estela López

24 de Septiembre 1.431

Concepción