- Lo que nos dejó Bernabé Aráoz

Gracias a los trabajos de José María Posse tenemos un fresco elocuente y comprometedor, no sólo del egregio coronel, héroe de Tucumán y Salta, primer gobernador de la provincia y adelantado caudillo federal, Bernabé Aráoz, sino del contexto históricosocial donde vivió y actuó. Hijo de una acaudalada familia, inteligente y de firme carácter, tuvo la mejor educación posible y se destacaba entre sus pares. Tucumán dependía de Salta y, como todo el virreinato, sometida a la injusticia y el desprecio sobre los criollos que los borbones imponían en Hispanoamérica, sumados, como consecuencia, al atraso económico del continente (salvo los puertos, enriquecidos por el comercio ultramarino y el contrabando). Sus ancestros, fundadores de la ciudad, también debieron defenderla de indios e inundaciones, sostenerla y hacerla crecer hasta convertirla en esa pequeña pero dignísima San Miguel, nudo comunicacional con la América profunda. Sus hijos combatieron al invasor inglés y, desde 1810, Tucumán adhirió al proceso revolucionario. Pero, sin guarnición militar, salió del foco del ejército realista que bajaba, invicto y poderoso, dispuesto a poner fin al desvarío americano, recuperando Buenos Aires y Montevideo, a sangre y fuego, como lo hiciera con los heroicos pueblos de Cochabamba y Chuquisaca. A ese desfile triunfal, sólo se le podía oponer el derrotado, diezmado, desarmado y desmoralizado Ejército del Norte, es decir, nada; por otra parte, llamado por el Triunvirato porteño para defender Buenos Aires, desentendiéndose del país todo. Imaginemos, en esa situación, al criollo Bernabé, de 35 años y, como quien dice, con una “carrera” que lo habilitaba como militar, comerciante, administrador, productor agropecuario y poseedor de cierta fortuna, ante un futuro inmediato amenazado por la restauración borbónica y la secuela de crueles represalias, sobre todo a las ciudades y gentes principales que apoyaran la insurrección, es decir, a Tucumán y sus familias, entre ellas, la suya. Se trataba de la vida, los bienes y la libertad física. ¡Otra que pandemia, aislamiento y estrechez económica! Con mucha de la razón que parecen tener los de hoy, los padres de Bernabé bien pudieron haberle dicho: “Mira hijo, que las cosas por acá pintan cada vez peor; con todo lo que sabes ¿por qué no te vas a Europa o a Norteamérica?”. Pero no lo hicieron. Y, el mozo, criollo de pura cepa, que nada más tenía que tomarse el primer buque a Europa y disfrutar del orden y las oportunidades, no sólo no se fue -ni siquiera se le pasó la idea por la cabeza-, sino que, por el contrario, con los varones de su familia -hermanos, primos, amigos y tío cura- alborotaron su comunidad, la alentaron a jugarse el todo por el todo -y todo, era efectivamente todo; basta con imaginar qué hubiesen hecho los realistas si nos derrotaban en el Campo de las Carreras, con esta infame aldehuela que los apuñalaba a traición, porque así lo habrían visto: sangre y fuego, ejecuciones y destrucción- y, con la aprobación del Cabildo, se le presentaron a Belgrano que se debatía entre una obediencia suicida o una rebeldía esperanzada pero carente de recursos. El resto es conocido. Junto a los hombres, armas, dinero y decisión que Bernabé y los suyos aportaron, el coraje y la fe de los tucumanos se sumaron en confiada ofrenda simbolizada en esa madre viuda que ofreció a la Patria, apenas naciente, a su único hijo de 15 años. Ésas son nuestras raíces, de ahí venimos, de esos nobles materiales estamos hechos. Todos, todos nosotros, los tucumanos y los argentinos. Y, cuando recordamos la Batalla de Tucumán, que salvara el destino de América, debemos pensar en sus hombres y en sus mujeres, en sus adolescentes y hasta en sus niños y ancianos. Eran como nosotros, llenos de debilidades y temores, de egoísmos y suspicacias, pero que, sobreponiéndose, hicieron lo que tenían que hacer. Gracias a ellos tenemos una Patria, podemos ser lo que somos hoy y, lo más importante, lo que podemos y debemos ser mañana, responsabilidad de nuestra juventud. ¿Qué es tan difícil que nos desalienta? Pensemos, entonces, en ellos, en nuestros ancestros en aquella hora cuya verdadera gravedad no podemos terminar de imaginar. Están ahí para eso, para que superemos el desaliento y la tentación a bajar los brazos, renunciar… e irnos. No para que veneremos sus retratos, luzcamos escarapelas y cantemos el Himno; para imitarlos, para sentirnos reconfortados con su ejemplo, para que nos podamos preguntar ¿si ellos pudieron, por qué nosotros no? ¿Es que eran seres superiores? En verdad, tenían más fe, más confianza en ellos mismos, aún no habían sido, sus conciencias, arrasadas por la autodegradación impuesta por los poderes mundiales, por la supremacía del individualismo, el materialismo, el consumismo, el hedonismo… Todos los valores que sostuvieron a los tucumanos en esos terribles días, fueron y son sistemáticamente agredidos para que esa determinación corajuda, desinteresada y trascendente, herencia de nuestra cultura hispanocriolla y tallada en nuestro espíritu, sea apenas un antiguo mito, sepultado por las mieles del progreso, el confort y el egoísmo. Por eso, Bernabé Aráoz no nos mira desde su retrato en las paredes de la Congreso, ansía, desde la eternidad, que los descendientes de sus jóvenes gauchos “Decididos”, vuelvan a montar sus corceles, enristren sus tacuaras, y carguen contra el enemigo que tienen adentro, ése que los acosa para hacerlos débiles y temerosos. Como en 1812, la Patria los necesita, aquí, cada uno en su trinchera, haciendo lo que hay que hacer: nunca rendirse. Y, como Belgrano y Aráoz, en manos de la Santa Madre de Dios.

Arturo Arroyo

amarroyo@hotmail.com.ar


- Pistolas eléctricas

Política es la actividad humana dedicada a organizar la convivencia social. La definición del maestro Carlos Fayt alumbra con claridad meridiana la responsabilidad de aquellos que, en función pública por nombramiento administrativo o por elección de los ciudadanos, desempeñan empleos estatales y tienen la responsabilidad, se diría en cada minuto del ejercicio de esos cargos, de tomar decisiones dentro de ese marco: organizar la convivencia social. No parece ser el caso de quienes en su momento obstaculizaron el uso de las pistolas Taser, arma disuasiva no mortal, que debiera haber reemplazado a las armas de fuego que usualmente usan las fuerzas del orden. La iniciativa –en uso en muchos paises- no hubiera aumentado la capacidad represiva de quienes cuidan el orden, antes bien la hubiera suavizado en grado sumo, mas allá de que un choque eléctrico no debe ser nada agradable. Sin embargo, primó el criterio de que ese shock momentáneo constituye un “acto de tortura”, asimilando su uso a las vejaciones y atropellos a los derechos humanos típicos de las sociedades totalitarias y represivas. La consecuencia es la muerte de un guardián del orden, que acuciado por una ideología que lo hace altamente vulnerable, enfrenta a mano limpia, con su arma en la funda, a un sujeto armado, muriendo en el intento. Angustia familiar, de la fuerza policial y de la sociedad. La ideología no es buena, ni útil, cuando se trata de convivencia.

José Félix Risso

Belgrano 108 - San Isidro de Lules


- Cuento del tío: su castigo

El despojo por engaño es impiadoso y detestable. Se basa en el nivel de candidez. Entre estos, se busca los de edad avanzada. Son los mejores candidatos a caer en el llamado “Cuento del Tío”. Pero esta argucia ya viene desde lejos. No es viveza criolla. Sísifo El Engañador era un muy astuto, audaz y mentiroso joven que, huyendo de la ley, decidió asentarse en un bello paraje habitado por pastores confiados y sencillos que vivían del fruto que cultivaban, en feliz comunidad. Con su cautivante labia usurpó un palacio abandonado y todas las tierras circundantes, exigiendo trato y respeto de rey y señor. Sólo faltaba solucionar el problema del agua. Se presentó la ocasión cuando la bella hija del Rey Alepo, fundador de Corinto, fue raptada. Desesperado, ofreció fortunas a quien lo ayudara a rescatarla. Sísifo prometió revelar información (que no tenía) a cambio de la construcción de un inmenso lago en sus nuevos dominios. Esto se hizo a toda marcha, y con los falsos datos recibidos, el Rey y su ejército partieron al rescate de la princesa. Volvió con las manos vacías, furioso por el engaño. Llamó a Kanapos, el dios de la muerte, para que se encargue del engañador. Este, con increíble astucia encerró y encadenó en un oscuro sótano a Kánapos. Así, la gente dejó de morir incluso en batallas, lo que comenzó a preocupar al dios de la guerra. No le llegaban nuevos súbditos. Buscó hasta encontrar y liberar a su colega de la muerte. Y le ordenó que esta vez no se deje engañar. Sísifo zafó de nuevo mediante un hábil cuento, lo que rebasó su furia. Lo capturó y sin decir ni escuchar palabra lo arrojó al más profundo y negro abismo del infierno, con la siguiente tarea: elevar con sus propias manos una inmensa bola de piedra por la escarpada ladera hasta el pico de la más alta montaña y dejarla allí. Pero la piedra, a medida que subía, se hacía más y más pesada y al llegar a la cima, volvía rodando a velocidad imparable... Y volver a tratar, una y otra vez, sin fin... Merecido castigo eterno. Amigo lector: ¿Cuántos Sísifo el Engañador tendremos nosotros en Argentina? ¿Cree que habrá lugar en el Infierno para todos?

Darío Albornoz

lisdaralbornoz1@gmail.com


- Lluvia de fuego

Donde hubo fuego cenizas quedan y cualquier chispa puede encenderlo de nuevo. No es la letra de un tango; es la triste realidad que nos está quemando a los tucumanos. Les damos las gracias a los cuatros aviones hidrantes contratados por el gobierno y también a los desamparados dueños particulares de aviones que los pusieron a disposición de la comunidad; y un gracias con mayúscula a los verdaderos héroes, los bomberos, los guardaparques, Defensa Civil y colaboradores voluntarios. De no ser por su compromiso, arrojo, conciencia social y conocimiento de la lucha contra las llamas, otro hubiera sido el cantar. Ya es hora de que nos unamos todos en oración para que Dios nos mande una lluvia sanadora que nos limpie las conciencias, apague los fuegos, ahogue el maldito virus y nos haga entender que todos somos hermanos y nos debemos respetar.

Francisco Amable Díaz

Pedro G. Sal 1.180 - Barrio 20 de Junio - San Miguel de Tucumán