Hace muchos años, un jovencito alemán de apenas 18 años decidió buscar nuevos horizontes y, dejando allá a su numerosa familia, desembarcó en el puerto de Buenos Aires. La Divina Providencia hizo que llegara a estas tierras un 24 de diciembre. Y, como gran católico, decidió pasar la nochebuena sentado en un banco de la Plaza de Los Ingleses, frente a Retiro. Mientras pasaban las horas y recordaba a su querida familia, notó que, un anciano, al parecer también solo de toda soledad, se sentó en un banco a pocos metros de él. Ahora bien, en el momento en que echaron a volar las campanas de las iglesias y a ulular las sirenas del puerto, anunciando el nacimiento de Jesús, momento este en que sus ojos parecían manantiales de lágrimas, el anciano se incorporó, y acercándose a paso lento, llegó hasta él, le pasó los brazos sobre sus hombros y le susurró: “feliz Navidad muchacho, feliz Navidad”. Este hecho se produjo el 24 de diciembre de 1924. El jovencito se llamaba Ernesto Kraus, y el anciano… el anciano era un abogado que se llamaba Hipólito del Corazón de Jesús Yrigoyen, más simplemente conocido como Hipólito Yrigoyen, que hasta dos años antes había ejercido la Presidencia de esta Nación y cuatro años después fue reelegido por un nuevo período, aunque lamentablemente, a los dos años sufrió el primer golpe de Estado que se recuerde. Ese encuentro maduró tanto en Kraus que me arriesgo a decir que fue el más radical que conocí, ya que tuve la alegría de tenerlo como tío político; era un gran hombre. Y ahora les dejo una pregunta: ¿alguien conoció algún ex presidente que pase la Nochebuena en el banco de una plaza?
Enrique Julio Ortega
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