El 42% del último índice de pobreza en nuestro país permite sacar un par de conclusiones. La escandalosa cifra dada a conocer por el Indec ratifica el rotundo fracaso de nuestra dirigencia política en estos casi 40 años de vida democrática: es la principal responsables del rumbo económico del país. En palabras del ministro de Desarrollo Social, el número ascendería al 51%, de no ser por los planes sociales. No podemos olvidar que la gestión macrista, según mediciones de la UCA, había dejado la misma cifra, que “milagrosamente” descendió al 35% cuando asumió el binomio Fernández-Fernández. Ni dejar de recordar que en los últimos tiempos de la Presidencia de Cristina Kirchner ya no se medía este ítem para -según los funcionarios- no “estigmatizar” a los pobres. Está claro entonces que este dato debe ser tomado con pinzas, debido a la interesada manipulación de la que es objeto. Pero hay que decir que el aumento del último año es “mérito” exclusivo de la gestión nacional, como consecuencia de la cuarentena “eterna” que implementó. Por cierto: ¿cómo llega el Indec a la cifra que publica? Supuestamente, el monto de la canasta básica de alimentos determina que un hogar es (o no) pobre. Entonces, dejando de lado la ridiculez de que una cifra determine nuestra condición social, ¿como “sabe” el indec la situación particular de cada ingreso hogareño? ¿Tiene alguna base de datos? ¿Hace algún censo presencial o telefónico? Y los hogares que superan el monto límite, pero no tienen acceso a los servicios básicos ni a una vivienda digna o una mínima seguridad, ¿no son pobres también? Y los millones de argentinos de clase media que esta gestión arruinó económicamente, pero tenían condiciones dignas de vida, ¿pueden ser técnicamente pobres en el más amplio sentido de la palabra? Según el ministro, el cobro del IFE atenuó el impacto del abrumador derrumbe económico. La realidad demostró claramente lo contrario: sólo se pagó por un par de meses y millones de argentinos reunían los requisitos para recibirlo. También nos preguntamos por qué no se considera pobres a los argentinos que reciben los dichosos planes sociales: ¿acaso esa cifra les alcanza realmente para satisfacer sus necesidades básicas? Desgraciadamente, la segunda ola de la pandemia nos avisa que todavía no tocamos fondo. Si casi seis de cada 10 argentinos somos pobres ¿cuánto falta para que esa brecha se agrande?
Ricardo A. Rearte
Pasaje Díaz Vélez 66 - Monteros
ricardorearte333@gmail.com