La buena noticia para Boca es que todavía depende de sí mismo para clasificarse a la siguiente fase de la Copa Libertadores, y que las últimas dos fechas de la fase de grupos (contra Barcelona y The Strongest) tendrán lugar en La Bombonera. La mala es que, a juzgar por su irregularidad, parece empecinado en autosabotearse los planes. Después de perder ante un flojísimo Barcelona en Ecuador, a derrota por 1-0 en su visita a uno de los Santos más frágiles de la historia (el fin de semana se salvó del descenso por los pelos en el campeonato paulista) fue como borrar con el brazo lo que había escrito con buen pulso en las dos primeras fechas. Ahora, el equipo de Miguel Russo cayó al tercer puesto de su grupo, y si bien es solo por tener menor diferencia de gol que los brasileños, las dudas que transmite con su juego son las que pueden costarle caro al final de cuentas.

Al igual que en Guayaquil, pero a mucha menor altura, Boca se mostró por momentos displicente, como si le sobrara tiempo para ir en busca del partido. Esa actitud pasiva de Boca fue la que le posibilitó a Felipe Jonatan marcar un golazo: apenas dos pases y un pie a pie hicieron falta para anular una defensa con seis jugadores adentro del área. El delantero definió con pasmosa tranquilidad. Y si a su equipo le faltó capacidad de reacción (a excepción de algún que otro intento de Cristian Pavón), a Russo también: perdiendo un partido que estaba al alcance de la mano, esperó hasta el minuto 80 para mover el banco, con cambios que no modificaron el dibujo táctico ni fueron el revulsivo que Boca necesitaba. Con tres derrotas seguidas entre los dos torneos, en las que no pudo marcar ni un gol, llegará Boca al superclásico del domingo. No es el mejor de los panoramas.