Una vez más con la llegada del invierno se agudiza la quema de vegetación en la provincia de Tucumán. Los datos satelitales demuestran un progresivo aumento de los mismos desde junio hasta lo que va del mes de julio de 2021. Nadie ignora que los grandes focos se deben precisamente a la quema de cañaverales en pie, quema de rastrojos (resto de cosecha), quema de hierbas y pastizales al borde de rutas y caminos secundarios y terciarios, a lo que también suma la quema de residuos sólidos urbanos y en algunos casos la quema de restos de poda de cítricos. Huelgan los comentarios sobre el efecto pernicioso de los gases que se generan en esas prácticas perniciosas. Los informes médicos son claros y contundentes. En el 38° Congreso Argentino de Pediatría un grupo de médicos tucumanos dio a conocer una investigación que demostraba los efectos sobre 1.500 niños entre 6 y 14 años de edad los cuales presentaban síntomas atribuibles exclusivamente a la zafra. Así los síntomas oculares aumentaron un 35 % mientras que los síntomas respiratorios lo hacían en un 49 %. El estudio concluyó que los compuestos que se generan en la quema tienen propiedades cancerígenas o son generadores del agravamiento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares preexistentes. Todo esto se relaciona con la quema de vegetación que, entre otros, produce monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOx), partículas de 10 y 2,5 micrones e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) además de dioxinas y furanos. El CO puede mezclarse con la hemoglobina de la sangre reemplazando al oxígeno, y puede ser peligroso en concentraciones altas. Los óxidos de nitrógeno o compuestos de nitrógeno incluyen el óxido nítrico (NO), dióxido de nitrógeno (NO2 ), óxido nitroso (N20), tetróxido de dinitrógeno (N204 ) y pentóxido de nitrógeno (N205 ) y otros. Todos son irritantes y pueden afectar la salud de las personas como lo demuestra el estudio citado.
Juan A. González
San Juan 158
Lules