Antes no dañábamos tanto a nuestro planeta, eran raros los cambios climáticos y el calentamiento global, que según nuestro diario LA GACETA, se avecina después del coronavirus con sequías y lluvias intensas. Con la naturaleza no se juega. Como orgulloso hijo de padres nacidos en el interior tucumano, absorbimos las enseñanzas que no dan los libros, sino el diario y duro trabajo de labrar la tierra. Sabían con exactitud las fechas de las frutas y las verduras, cuándo sembrarlas o cosecharlas y a las cuatro estaciones las manejaban sin leer el almanaque. Septiembre, mes de las flores; agosto, de las podas y de los vientos. No a la tala indiscriminada de los bosques ni pretender cambiar el cauce natural de los ríos; cada lluvia torrencial las inundaciones nos llevan todo, pero no aprendemos, usurpamos y construimos en medio del cauce y después lo culpamos al Gobierno. Lo más alevoso es la quema intencional de bosques y cañaverales para no gastar mano de obra. ¡Señores, basta de mentiras! Es lamentable que manden en motos a incendiarios que produzcan el fuego y cuando ya no lo pueden controlar se quejan porque deben sofocar las llamas que ellos provocaron. Esta historia ya la conocemos; después piden y obtienen ayuda financiera y los únicos que pierden son los que estamos en las tribunas, que somos la mayoría. La maloja quemada, o ceniza, se nos mete en los pulmones y en todos los rincones de nuestros hogares, total acá vale todo. ¡Viva la Pepa!

Francisco Amable Díaz


Pedro G. Sal 1.180 

B° 20 de Junio


San Miguel de Tucumán