Durante los últimos 10 años la industria de la uva de mesa mostró un gran dinamismo. Creció el negocio, y también los desafíos. En pocos años proveedores de cierta importancia desaparecieron; otros surgieron, y crecieron tan rápidamente que hoy dominan la escena. También se modificó la importancia de los destinos.

“Los mercados tradicionales no resultan ya los más atractivos. Hoy el interés se centra en nuevos mercados que se muestran muy promisorios”, contaron Carolina de Francesco y Betina Ernst, de Top Info Marketing SA.

Indicaron que la uva de mesa fue una de las frutas más exitosas de los últimos años. Y dentro de estas, especialmente las del hemisferio sur ganaron terreno. “Chile, pionero en el negocio, hizo un gran trabajo inicial, al cual luego se acoplaron otros países australes”, indicaron.

Entre los motivos que explican este fenómeno enumeraron:

- Variedades con mayor vida poscosecha: esto permitió el envío marítimo y su conservación durante varias semanas sin que se afecte su calidad.

- Variedades sin semilla: el consumidor actual ya no quiere semillas en las frutas.

- Uvas en invierno: la uva encontró su lugar como fruta fresca durante el largo invierno del hemisferio norte, dándole otro sabor a la oferta habitual de manzanas, de peras, de bananas y de cítricos.

- Envases seguros y prácticos: las cubetas y las bolsas de medio kilo aseguran al consumidor un producto limpio, sano y fácil de tomar en el minorista.

“En los últimos 20 años los volúmenes exportados por el hemisferio sur aumentaron un 50%, de 0,9 millón de toneladas al actual 1,4 millón de toneladas”, dijeron.

Hasta hace unos 10 a 15 años, Chile era proveedor indiscutido de las uvas australes. Fue la fruta más exitosa cuando se inició como proveedor de frutas del mundo. Y pasó a ser el primer exportador mundial, abasteciendo con frutas al mercado norteamericano y europeo durante el invierno.

Durante muchos años las uvas fueron las frutas más exportadas por Chile. Pero tras décadas de plena expansión y dominio, la situación se complicó. “En primer lugar, surgieron competidores con ventajas frente a Chile, que empezaron a disputar los mercados. A esto se sumaron otros factores como el creciente problema del agua -la uva demanda más que otros cultivos este bien escaso-. Otro fue el recambio varietal, que no fue fácil de encarar por los productores chilenos”, detallaron.

El caso “incaico”

Indicaron que Perú, por el contrario, siguió el camino opuesto de Chile, y expandió fuertemente su producción de uvas -proceso que también se dio en otros cultivos como el arándano y la palta-. “Las ventajas de Perú son su clima parejo -sin golpes de calor o frío, característico de otras regiones-, una gran disponibilidad de tierras, mano de obra relativamente barata y la baja incidencia de plagas y de enfermedades”, explicaron De Francesco y Ernst.

Junto con la expansión del cultivo, también lo hizo la exportación. Mientras que en 2010/11 Perú exportó unas 90.000 toneladas, este año la campaña cerró con 470.000 toneladas. “La exportación se ha quintuplicado durante este período, gracias a un crecimiento intenso y sostenido, apoyado en la incorporación de nuevas hectáreas, por mejoras en la forma de producción, por mayores rendimientos y por un fuerte cambio varietal, de la clásica Red Globe hacia las nuevas patentadas”, destacaron.

Según contaron, Sudáfrica también avanzó en cultivo y en exportación de uvas. “Este país posee varias regiones productoras, lo que le permite tener amplio período de oferta y amortiguar posibles mermas en una región por problemas climáticos, con mayores cosechas en otras”, dijeron.

Señalaron que en 2010/11 este país exportó unas 202.000 toneladas y que en 2020/21 la cifra creció el 60%, hasta las 323.000 toneladas. “Si bien Sudáfrica experimentó un crecimiento considerable no evolucionó de manera tan marcada como Perú. Desde 2016/17 a la fecha los volúmenes se mantuvieron entre 250.000 toneladas y 300.000 toneladas. Esta última campaña registró volúmenes récord”, indicaron.

Finalmente, contaron que Brasil presentó durante la última década una exportación bastante pareja, entre 30.000 toneladas y 60.0000 toneladas. “Las fluctuaciones año a año dependen de la cosecha, pero también de la relación cambiaria y del volumen de consumo en el mercado interno, que en este caso tiene mucho peso. Su participación dentro del total austral se ubica en un 3% a un 5%, sin mayores cambios durante los últimos años”, indicaron De Francesco y Ernst.