La proximidad de las PASO me sugirió alguna reflexión, que procedo a escribir. Ante la más que difícil y triste realidad que nos está tocando vivir a quienes habitamos nuestra patria argentina, quizás el arte nos pueda dar algún consuelo y respuestas. A tanta desmesura que observamos en todo nivel, la corrupción, la falta de valores universales, la impunidad, lo grotesco, la guaranguería de que se hace gala. Es entonces que desde el recuerdo latente de una nación riquísima, alfabetizada, promesa brillante allá lejos y, que hoy solo produce depresión, tristeza, desesperanza, huida hacia adelante, me animo a recordar a Baldomero Fernández Moreno cuando redactó su célebre Setenta Balcones. Parafraseándolo me atrevo y escribo: “Setenta balcones hay en esta casa, setenta balcones y ninguna flor. ¿A los argentinos, Señor, qué les pasa?”. Apoyando la respuesta, ahora en la lírica, casi con lágrimas en los ojos, me viene a la cabeza el tristísimo Coro de los Peregrinos, de aquella obra magna de R. Wagner, que es Tannhauser. Muchos jóvenes ya se fueron, tristemente hoy vuelven a idealizar un futuro en otros países y latitudes, expiando quizás pecados de varias generaciones que los antecedimos, agrietándonos y destruyéndonos equivocadamente, en un pésimo ejercicio de nuestra ciudadanía. Sigo creyendo aún, en una primavera argentina, cual estación cercana ya. Aunque cueste hoy soñar.

Manuel A. R. Sancho Miñano


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