“Desde el primer momento creí. Sabía que cuanto más gente vacunada, menos consecuencias iba a tener la pandemia. Por eso fui el primero en poner el brazo. Y voy a ser el primero en ponerlo de nuevo si hay una tercera dosis. La gente lo está entendiendo, pero hay algunos que todavía dudan. Y yo les digo, la vacuna es la diferencia entre la vida y la muerte”. El 29 de diciembre del año pasado, el médico Miguel González se arremangó la manga izquierda de su chaquetilla y permitió que la enfermera María de los Ángeles Medina le pusiera la primera dosis de Sputnik. Con él se inició el plan de vacunación en Tucumán y hoy no se arrepiente de haber sido uno de los voluntarios que se ofrecieron a comenzar con ese proceso, sobre todo después de los meses que pasaron y al ver la cantidad de víctimas que dejó la pandemia.

A poco más de ocho meses de su vacunación, González sigue trabajando como el primer día en el Hospital del Este, como jefe de Terapia Intensiva, de Sala de Clínica y de los Consultorios Febriles. “Desde marzo de 2020 trabajamos y aun seguimos trabajando con pacientes covid. Tenemos tres terapias intensivas, y están ocupadas entre un 60% y un 70% dependiendo de la situación de los pacientes, con cuadros graves, sobre todo relacionados con comorbilidades. La situación es complicada todavía, pasamos la primera ola, la segunda y veremos cómo se presenta la tercera si es que llega”, explicó el profesional. Y agregó: “seguimos en alerta, hay camas para pacientes, y siguen llegando a diario. El número de casos bajó, pero siguen ingresando pacientes, con casos que son graves y con índices de mortalidad que se mantienen. Sin embargo, podemos decir que ahora estamos un poco más tranquilos”.

Muchas dudas

González recordó: “fui el primer vacunado pero cuando empezamos el tema de vacunación había muchas dudas, muchas preguntas sin responder. Fui voluntario, entendía que es un arma importante. La pasamos mal, algunos colegas se enfermaron, en algunas partes se discutía si estaba bien vacunarse, pero para nosotros no había discusión. Entiendo y sostengo que es una herramienta fundamental”.

El médico aseguró que no es fácil trabajar en terapia. “Siempre existe el miedo a poder contagiarse y a tener síntomas graves. Sin embargo hay cosas que rescato de todo esto. Siempre tuvimos lo necesario para trabajar. Desde el primer día y por eso recalco la predisposición de la ministra (Rossana) Chahla que estaba atenta a todo lo que sucedía. Tuvimos capacitación desde el primer momento. No hay muchos terapistas a nivel mundial, y nos tuvimos que refuncionalizar. Hoy tenemos 21 camas de terapia intensiva, cuando antes teníamos tres. El personal se fue adecuando para abordar a los pacientes. Cuando uno viene aquí lo hace pensando en salvar vidas, pero pasamos por diferentes circunstancias y nos costó mucho. Sabíamos que nos teníamos que anticipar a todo. Fue la mejor estrategia”, dijo. “A todo el personal sanitario le costó mucho trabajar en estas condiciones. Pasé muchos días sin ver a mis hijas, aislado. Y los pacientes, por la característica de la enfermedad, también estuvieron sin ver a sus familias. Una cosa es estar internado y otra es no tener compañía. Por suerte eso de a poco se fue revirtiendo gracias al programa ‘Acompañar’ que fue muy importante”.

Angustia

González explicó que al ser una enfermedad nueva, no había pautas de comportamiento. “Pero comenzamos a ver seres queridos que fallecían, colegas, pensaba que me podía pasar a mi, que estoy solo con mis hijas. Y entonces surgió lo de las vacunas, que era un arma más para poder luchar. Me daba esperanza y tranquilidad. No tuve covid y atravesé toda la pandemia. Pero me ofrecí como voluntario. Sabía que era una herramienta que iba a ser útil, y estaba dispuesto a ser el primero, desde el primer momento creí, y no me arrepiento ni un segundo”, relató. Y reafirmó una postura que sostienen los que saben: “cuánto más gente vacunada haya, menos casos graves se van a producir. Tucumán es una provincia muy difícil por su densidad poblacional. Siempre les digo a los que me rodean que si pudieran ver las diferencias entre alguien que atraviesa la enfermedad pero que está vacunado y otro que no lo está saldrían corriendo a buscar la vacuna. Hay quienes decidieron no vacunarse y hoy están internados con asistencia respiratoria mecánica. La vacuna puede ser la diferencia entre la vida y la vida”. Finalmente celebró el anuncio de la ministra Chahla de comenzar a aplicar terceras dosis para el personal de salud desde diciembre. “Si hay un refuerzo seré el primero en poner el brazo. Ya comprobamos los efectos y sabemos que son eficaces. Yo me puse Sputnik cuando había mucho miedo a esa vacuna y no tuve ningún efecto colateral. Son vacunas seguras, está comprobado. Creo que vamos a estar más tranquilos a fin de año, y eso va a ser gracias a dos cosas: el plan de vacunación y el esfuerzo que hicimos los sanitarios de la provincia. No tengo dudas”, cerró.