Llueva o truene, haga frío o calor, antes de las entradas o salidas de nuestros hijos a las escuelas y colegios, ellos están en la puerta con sus pintorescos quioscos ambulantes, repletos de golosinas, juguetes, helados, jugos y gaseosas, ya sea en bicicletas, carritos de empujar o motos y hasta viejos autos, que adornan en forma prolija y tentadora a la vista de los niños. Varios de estos abnegados trabajadores del día a día tienen sus hijos o nietos concurrentes al local escolar y deben permanecer hasta la hora del regreso, tiempo que a veces ocupan en reabastecerse de mercaderías. Así los encontrás deambulando, como ekekos, llenos de paquetes, en los centros de compras del pasaje Padilla, la Maipú, la 24 de Septiembre y más de la terminal vieja, “pichuleando” para llevar buenos, novedosos y baratos productos. Para permanecer deben cuidar, limpiar y hacer respetar su zona o parada, para lo cual cuentan con el aprecio y apoyo de todos los padres que valoran el trabajo de fieles centinelas, que conocen, cuidan y hasta les fían a nuestros niños. Por todo lo que hacen hoy por mis nietos, antes por mis hijos y mañana por los que vendrán y seguirán viniendo, de corazón rindo mi justo homenaje a todos los “carameleros “ que en cada escuela existen; a todos miles de gracias y que Dios los proteja siempre.
Francisco Amable Díaz
Pedro G Sal 1.180 B° 20 de Junio
San Miguel de Tucumán