Aún tengo grabada en mi memoria la mañana aquella de Yerba Buena en la que coincidimos con el señor Alberto Donato Calliera en una confitería a leer y escribir. Y cada uno en lo suyo. A él se lo solía ver a menudo trabajando en los bares, lugares de inspiración para sus excelentes creaciones de humor político o social, y que nos regalaba a diario. Y si bien, yo no era su amigo, terminamos conversando animadamente.Se advertía en Calliera, que además de ser un humorista de primera, era hombre de buena cultura, simpático, a la vez que sociable y de gran humildad. Al pasar me preguntó, interesado, qué estaba leyendo: le dije a Borges, Ingenieros y Miguel Cané, a lo que él me contestó: “Ah, autores antiguos hoy a la gente les gusta leer obras de escritores contemporáneos”. Al rato, cuando me levanté para estirar mis piernas, le solicité un tanto picarescamente que cuidara que no me robaran los libros que dejaba sobre mi mesa y el me señaló con ese humor que lo caracterizaba: “No creo los roben, pero sí que estaría bueno porque así por lo menos alguien va a leer”. Después me invitó a su mesa y terminamos conversando acerca de las fallas de la educación en la Argentina y la preocupante escasa cultura que se advertía en muchos jóvenes. A propósito, y justamente Miguel Cané, extraído del libro “Juvenilla” (en sus crónicas de su paso por el ColegioNacional Buenos Aires), en su última página dice así: “Sí, amar el estudio, a esa impresión primera debemos todos los que en el Colegio Nacional nos hemos educado, la preparación que nos ha hecho fácil el acceso a todas las sendas intelectuales. Se pueden emprender los estudios superiores en cualquier edad. Es necesaria la disciplina que solo se acepta en la infancia, la dedicación absoluta del tiempo, el vigor de la memoria, nunca más poderoso que en los primeros años, la emulación constante y la ingenua curiosidad. Bendigo mis años de colegio”. ¡Extraordinario! Coincidíamos con Calliera que hoy los jóvenes adolecen en su mayoría de falta de lectura de buenos libros y por ello marcado déficit de comprensión de textos en su ingreso a la universidad, fallas de la etapa del bachillerato al que habría que recuperar. Solo los países que apuesten a la auténtica y clásica educación son los que saldrán adelante sin agregados de ideología como se pretende ahora en nuestro país.Finalmente, y antes de despedirnos, Calliera me recomendó un libro de pensamientos, poemas, frases y aforismos: “Voces” de Antonio Porchia (poeta italiano que vivió en Argentina) magnífica obra que se ve le llegaba y lo tenía como de cabecera. Del mismo extraigo esta frase: “…Que te he dado lo sé, que has recibido no lo sé”.Sirva esto de homenaje a su persona, declarado en su momento ciudadano ilustre por la Municipalidad de Yerba Buena en el año 2017, y más que eso digamos que quedó él en la memoria y en el corazón de todos y cada uno de los tucumanos que supimos reír con él y esperar su nota y dibujo humorístico diario de tantos momentos y personajes que la misma política le fue argumentando en el día a día. Simplemente: Inolvidable Calliera.

Juan L. Marcotullio

Ituzaingó 1.252

Yerba Buena