Comparto todo lo que dicen y sienten mis colegas en cartas precedentes. A la arbitraria decisión de un indolente gobernador que nos cambió de caja, los docentes jubilados de Tucumán sumamos la desgracia de haber tenido gremios que no defendieron nuestros derechos, que sucumbieron ante las regalías que les ofreció el poder de turno que, en Tucumán, hace décadas que pertenece al mismo signo político. Debimos soportar la pérdida de nuestra fórmula de movilidad y que esta sea acomodada según la conveniencia del gobierno, que hoy, en el desesperado afán por sostenerse en el poder, busca mejorar a todos, relegándonos y perjudicándonos, con sólo dos porcentajes de aumento anuales muy por debajo de la inflación, sin respetar que tenemos derechos ganados al pertenecer a una jubilación especial por haber aportado más mientras fuimos activos. A estas injusticias se suma la ineficiencia de Anses que liquida mal nuestros haberes y no atiende y/o no entiende nuestros reclamos. Tal vez sus jefes y empleados no adviertan la injusticia y el mal que causan a un extenso grupo de personas que mucho aportaron a su educación, que alguna vez se jubilarán y que la ley de causa y efecto es inexorable.

Elizabeth Molina


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