El pasado 8 de noviembre fue el Día Mundial del Urbanismo. En nuestra provincia y en la ciudad capital pasó inadvertido. Se trata de un día que debe servir para reconocer y promover el rol y la importancia que tiene la planificación para la creación, la ampliación y la administración de ciudades sustentables. La palabra urbanismo deriva del vocablo latino “urbs-urbis”, que significa ciudad, y su especialidad es el estudio, la planificación y el ordenamiento de la misma. Una ciudad puede ser vista como un ecosistema urbano, un hábitat artificial construido por el ser humano, donde se relacionan factores abióticos y bióticos. San Miguel de Tucumán está emplazada entre los 400 y 500 metros sobre el nivel del mar, entre el piedemonte y la llanura aluvial; es la capital de la provincia y una de las principales del NOA. Al recorrerla se comprueba que el planeamiento urbano y sus principios brillan por su ausencia. Se observa: tránsito desordenado, arterias y veredas en mal estado, crisis en el transporte urbano, contaminación sonora, del suelo, del agua y del aire. En épocas de lluvia se ponen en evidencia la falta de mantenimiento y el déficit de los sistemas de desagüe pluvial. Los derrames cloacales desde hace tiempo forman parte del paisaje urbano, con los riesgos y peligros que ello representa. El río Salí es el principal eje hidrográfico que tiene la provincia y es parte de la cuenca Salí- Dulce, sin salida al mar, la más grande del país. Por el estado en que se encuentran el río y su entorno podemos afirmar que no es tenido en cuenta ni forma parte del planeamiento urbano del municipio capitalino y de otros ubicados en sus riberas o márgenes (Banda del Río Salí, Alderetes, etc.). Es necesario implementar planes y programas respecto al uso, la conservación y el mantenimiento de este curso de agua, ya que también forma parte del ecosistema de la Capital. Se deben controlar los vertidos, las actividades que se producen en su cauce, la extracción de áridos, los asentamientos precarios en sus riberas, etc. La reconstrucción de los bosques ribereños es fundamental para recuperar la flora y la fauna autóctona. En las veredas y arterias hay instalados servicios enterrados (gas natural, energía eléctrica, etc.), y el municipio carece de un programa para prevenir daños o roturas por excavaciones o movimiento de tierra. Es hora de que el intendente capitalino implemente planes y programas para una eficiente gestión urbana y ambiental en nuestra ciudad.
Juan Francisco Segura
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