Desde que se supo que San Martín y Tigre iban a disputar una especie de “final”, la semana de los hinchas fue intensa, con muchos nervios y ansiedad. Se reflejó en las redes sociales, en cada encuentro entre amigos, en las charlas de bar o en cualquier rincón donde se cruzaran dos desconocidos con camisetas del “Santo”.
Largas colas se hicieron para conseguir una entrada. Algunos acamparon desde la noche anterior para asegurarse estar entre los primeros cuando se abrieran las boleterías y ser parte de la fiesta.
Y gran el día finalmente llegó. El ambiente fue tomando temperatura con la locura de los hinchas, que ya desde el mediodía comenzaron a merodear los alrededores del estadio, musicalizando la tradicional previa con bombos, trompetas, platillos y cánticos. Se sabe, el partido de los hinchas comienza a jugarse mucho antes.
Una vez adentro, como siempre, los simpatizantes no defraudaron. Familias enteras se llegaron para presenciar este gran choque. El cotillón comenzó a pasar de mano en mano y las gradas ya daban la impresión de estar repletas cuando todavía faltaba más de una hora para el encuentro.
La primera emoción fuerte se produjo cuando los jugadores saltaron al campo de juego para hacer el precalentamiento, alentados por el “esta tarde cueste lo que cueste, esta tarde tenemos que ganar”. Una vez terminado, todos los dirigidos por Pablo De Muner, -incluso los que no estaban convocados- se fundieron en un abrazo de aliento antes de alistarse para disputar el partido.
Y la tan ansiada espera terminó. Con una impresionante lluvia de papelitos, los 11 “Granaderos de San Martín”, saltaron al campo de juego. De los cuatro costados brotó el anhelo: “va a volver, el ‘Santo’ va a volver”.
Luego del sorteo de los capitanes, el arquero y capitán “santo”, Ignacio Arce, recibió una camiseta enmarcada con el número 100, haciendo referencia a la cantidad de partidos con la casaca “rojiblanca”.
Pelota en movimiento, 90 minutos por delante y pulsaciones a mil. Muchos esperaban que San Martín, como en aquella final ante Sarmiento de Junín, marcara un gol de entrada para poder manejar el partido, pero se encontró con un Tigre muy bien parado. Cero a cero al final del primer acto.
En el entretiempo, el presidente de la institución, Rubén Moisello, entregó un carnet gigante al socio numero 10.000. Antes de su asunción, la masa societaria era de alrededor de 2.500 “cirujas”. El aumento obedeció a la preferencia que tuvieron los socios a la hora de adquirir las entradas.
En el segundo tiempo, los nervios fueron creciendo al ver que los de Victoria se replegaban en defensa, haciendo que San Martín hiciera el desgaste. Les salió bien. Para colmo, el goleador Pablo Magnín conectó el centro bajo y a cobrar. A remar en dulce de leche. Una vez pasado el sacudón, los hinchas comenzaron a cantar con más fuerzas, buscando inyectar adrenalina a sus jugadores. No pudo ser: sobre el cierre, Tigre aprovecho una contra y liquidó el asunto.
Aun así, sabiendo que queda otra chance por el camino más largo (el del Reducido), los hinchas despidieron al equipo bajo una ola de aplausos. A la salida, en la desconcentración del estadio, se observó a muchos hinchas salir en silencio, buscando explicación a lo que creían que iba a ser puro festejo al finalizar los 90 minutos. A otros se los vio llorando y a algunos preguntándose “qué hubiera pasado si Marcelo Estigarribia metía ese mano a mano cuando terminaba el primer tiempo”. Pero los partidos se ganan con goles. Tigre los hizo y definirá al primer ascenso a la Liga Profesional contra Barracas.
De Muner deberá levantar anímicamente a sus pupilos, porque se vienen 180 minutos contra el Ferro de tres viejos conocidos: los técnicos Favio Orsi y Sergio Gómez y, uno de los ídolos más recientes del “Ciruja”, Gonzalo “Turbo” Rodríguez.
Por supuesto, el hincha estará allí poniendo su cuota de aliento. (Producción periodística: Adrián Coronel)
Sólo un susto
A falta de pocos minutos de finalizar el partido, se vivieron momentos de angustia en la tribuna de calle Pellegrini. El rápido accionar de los hinchas y de los médicos de Tigre lograron salvar la vida de un simpatizante descompensado.