Salario deshilachado. Complejos cálculos para llegar a fin de mes. Básico según inflación desde 2016 ($4.486,95-2016- ; $5.536, 44 -2017-; $6.662, 71- 2018, $10.257,80-2019, $ 12.796, 04- 2020 y 17.702,99-2021)= $ 20.012,07. Inflación acumulada desde 2016 ($ 4, 486,95; $ 7009,13; $ 8.789,45 -54,73%; $ 13.597,28; $ 20.178, 37y $ 28.774,35)= $ 38.557,63. Brecha salarial: $18.545,56 (fuente: Si.Do.T.). Todo es historia. Del sacrificado y adquirido “autito” -para ir y volver de la escuela- al colectivo y “pata y pulmón” de las rutas. De salarios apaciguados por extintas cláusulas gatillos y bonos navideños, cobrados a fin de año, enero o febrero a los soliviantados y traumáticos años 2018 y 2019. Transición convulsa cuyo “comienzo” es la no incorporación al básico de la cláusula gatillo 2019 (15,11%), sino que vía decreto se establece pagarlo en seis cuotas iguales y consecutivas como suma no remunerativa y no bonificable. Aumento unilateral que tuvo como referencia el básico de febrero de aquel año pasado. Un 2020 sin arreglo salarial agravado por la irrupción de la pandemia. De trabajos virtuales y presenciales -sin solución de continuidad- a una crisis excepcional. ¿Razones? La amenaza de la muerte- por Covid en el aula- ha “transformado la fuerza productiva en destructiva”. Un presente de acontecimientos contemporáneos marcados por una pulverizada, agotada y teatralizada “discusión” salarial. Un maestro con 30 años de antigüedad zona A “ronda” los $ 68.580,23. Alejado de un salario equivalente a la canasta familiar ($160.000). A marzo del 2021 un otorgado 15% y otro 15% en septiembre. Un “acumulado” del 30% frente a una inflación del 50,9% (13,50 Marzo y 32,5% agosto) ¿Volver al futuro? ¿Un pronóstico de las “nuevas” y viejas negociaciones? ¿Un 35% en dos partes alejadas? Emanados de cifras del propio presupuesto educativo. Menos- 25%- al incorporarse los 10.000. Originados de una farsesca paritaria nacional docente cuyo “orden” y firma es con el sello de los acuerdos con el FMI (suba luz, transporte, desindexación salarial, etc). Arreglar escuelas es importante. Pero lo más importante es “arreglar” el salario. Ellas, al final de cuentas, como la casa propia, son mantenidas por sus propios docentes. La última palabra, frente al desánimo y desmotivación, como corresponde, ante el retroceso de la vida misma, es de la docencia.
Pedro Pablo Verasaluse
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