El cielo recibió a un ciudadano ilustre, amante de la medicina, la rectitud y el respeto. Recordarlo es apasionante; el delantal reluciente, el estetoscopio colgado de su cuello, abrazado al hombro de su paciente explicándole los pro y los contra de su tratamiento, su cirugía. Escucharlo hablar era una clase épica, más aún si se trataba de un cuadro complicado, pues él hurgueteaba biografías y más biografías buscando un por qué. Leer sus análisis de nuestra realidad era una proeza, ni qué decir si de la literatura se trataba; amante de la escritura, de las cosas simples de la vida. Dejas un vacío imposible de llenar; el cielo te recibe con los brazos abiertos y feliz de tener otra eminencia entre sus filas. Lo recordaremos, doctor. Un sentido homenaje al doctor Armando Pérez de Nucci.
Lucio Maza
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