El mundo en guerra. Ese era el título de un documental televisivo (en blanco y negro) que varios años atrás mostraba descarnadamente los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Hasta hace poco se repetía en diferentes canales y la tragedia bélica nunca nos dejaba de lastimar. Las imágenes de la actual invasión rusa a Ucrania nos atraviesan dolorosamente de la misma manera, casi 80 años después, demostrando que la locura y la estupidez humana son infinitas. Pero a diferencia de ese triste momento de la humanidad, hoy existen dos elementos que condicionan este conflicto. El primero es el impresionante arsenal nuclear en manos de los principales contendientes (el agresor ruso, principalmente), que influyen inevitablemente en las decisiones bélicas. Un paso en falso no dejaría ganadores, sólo habría pérdidas para todo el mundo. Y el segundo es el poder comunicacional de las redes sociales, que convierten a cada persona con un teléfono en un corresponsal de guerra, capaz de viralizar en el acto cualquier hecho, que en ese tiempo quizás tardaba meses o años en conocerse. Por ello, las imágenes vistas hasta ahora ya provocaron el repudio de casi toda la humanidad hacia la figura del agresor, el dictador ruso Putin. Porque hay que dejar perfectamente claro que esta contienda es entre la locura mesiánica expansionista de este autócrata, que anhela con desesperación recrear el poder de la extinguida URSS y el resto del mundo libre y democrático. No es la nación rusa, que conoce perfectamente el horror de una guerra por haber vivido en carne propia la locura nazi, ni quizás aún el mismo ejército invasor. Es el delirio de una mente enferma de poder, una verdadera amenaza para la paz del mundo, la culpable de toda esta desgracia. Todos los demás son pretextos. Y este nefasto personaje es el mismo al cual el presidente Fernández le demostró una humillante pleitesía, hablándole de “amistad y de abrirle la puerta a Latinoamérica a través de Argentina”, provocándonos la indignación y la vergüenza de millones de argentinos. De una vez por todas este Gobierno debe dejar de estar del lado de los tiranos genocidas y dictaduras del mundo y colocarse en el lugar que corresponde: el de la paz y tolerancia que todos anhelamos.

Ricardo Rearte

Pasaje Díaz Vélez 66

Monteros