En el colegio hemos observado el conflicto entre Rusia y Ucrania (un país a unos 2.000 kilómetros de distancia de Alemania) desde hace semanas, ya que una vez por semana nos toca hacer un resumen semanal de acontecimientos políticos. No nos esperábamos que iba a agravarse de tal manera y tan rápidamente. Yo creo que Putin, más allá de controlar Ucrania de nuevo y disponer así de sus riquezas - metales y cereales-, quiere ganar el consentimiento del pueblo ruso que está cansado de su dictadura. Aparte, demuestra al Occidente su gran poder en cuanto al sector energético y a la retribución de combustibles fósiles. La gran influencia de Rusia a ese nivel nos afecta día a día tras aumentar continuamente los precios de gas, electricidad o gasoil. Obviamente, la situación ha cambiado desde que el conflicto surgió en el año 2014. El plan de Rusia -invadir y conquistar Ucrania con gran velocidad- ha sido fallido. Desde entonces, las fuerzas armadas ucranianas han sido reforzadas, con apoyo económico considerable por parte de Estados Unidos. EE.UU. y Europa temen una vuelta al imperialismo ruso que se creía superado. Además, gran parte del pueblo ucraniano estaba dispuesto a luchar por su independencia, incluso antes de la movilización (es decir, de imponer el Estado el servicio militar obligatorio). Si Rusia gana esta guerra, sería como un ejemplo para otras fuerzas globales que ocupar terrenos ajenos puede llevar al éxito y que el mundo occidental no tiene ni la voluntad ni la capacidad de frenar tales actitudes. Por ejemplo, China, sobre todo respecto de Taiwan, o Turquía frente a Grecia, Siria y Chipre. Yo me temo que esta guerra se convierta en un estado duradero y amenazante. Si llegamos a un punto sin retorno, puede tener gran impacto en nuestra vida diaria durante años, bastante más allá de la inflación. Si la guerra se agudiza, puede frenar nuestros primeros pasos hacia una mejor protección del medio ambiente y la prevención del cambio climático. Un tema que debería ser absolutamente prioritario si queremos que nuestra generación y las siguientes puedan sobrevivir aún en este planeta. De todas formas, si Ucrania no está apoyado de manera militar, me parece muy importante ayudar al pueblo en cuanto a la alimentación y dar la bienvenida a los refugiados que no tardarán en llegar también a Alemania.
Felipe Conde König
18 años, alemán, estudiante de secundaria, vivió un año de intercambio en Rosario, Santa Fe
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