La situación argentina hoy no puede ser peor; mientras prohíbe insólitamente la exportación de harina y aceite de soja, Brasil está aprovechando como nunca el actual escenario internacional. En febrero tuvimos 4,7 % de inflación, acumulando en el bimestre 8,8%, pero en febrero en alimentos tuvimos 7,5%. La inflación de febrero fue más alta en Argentina que en Venezuela. Las legislaturas provinciales le cuestan al país 85.000 millones de pesos al año, y Tucumán le corresponde casi el 13% del total del gasto legislativo del país. Mejor no hacer el cálculo por legislador o por habitante, porque sin duda somos la peor provincia argentina en gasto legislativo. En los últimos días se cerraron exportaciones, aumentó 19% la nafta, se incorporaron 200 ñoquis al Pami, tenemos casi 50% de pobreza, 60% de los chicos son pobres, 54% de inflación anual, jubilación de 160 dólares mensuales, récord de emigrantes. La lista de fracasos es interminable. El ataque al FMI y a Estados Unidos por parte del kirchnerismo es la estrategia perfecta para justificar la incompetencia y la devastación institucional. Para romper el engaño populista del que somos víctimas, debemos trabajar en la construcción de un sentido común opuesto al que ha prevalecido. Debemos lograr que ideas y conceptos que hoy no parecen ser populares lleguen a ser populares. Derrotar al populismo pasa por una revolución ideológica y de valores. El desafío consiste en que las creencias y valores predominantes sean aquellos que favorecen la libertad y la prosperidad. Sin ese trabajo de corto, mediano y largo plazo, es imposible contener el avance populista, corrupto y tiránico. No sirve de mucho ganar elecciones si no se cambia de fondo la mentalidad y la cultura de los ciudadanos, porque como hemos experimentado, luego regresan los populistas y destruyen lo avanzado. La batalla por la cultura es la clave de cualquier proyecto que ofrezca esperanza. Convencer de los beneficios de la libertad y de la República. Alberdi señaló que “no es lo mismo decir que el gobierno debe hacernos felices, a decir que es nuestra responsabilidad ser felices, y el gobierno sólo protegerá nuestra libertad de ser felices a nuestro propio modo”. Respetando la Constitución nacional, las leyes, la propiedad, y a la vez el Estado dar educación, salud, seguridad para el desarrollo de las familias, y el progreso y bienestar de las mismas. Para bajar la inflación hay que atacar su causa: el déficit que es producto del gasto. La prioridad hoy debería ser bajar el gasto político primero, y el Estado benefactor que es insostenible. En síntesis, el camino es formar intelectuales públicos, entrar en las escuelas, defender, promover y difundir las ideas de la sociedad libre, persuadir a políticos, todas tareas fundamentales para construir el sentido común que favorezca los principios de una sociedad libre.
José Manuel García González
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