La verdadera grieta no se abrió entre los distintos sectores bien identificados de la política; entre el oficialismo (o un sector de los que ejercen el poder) y el conjunto de expresiones políticas unitarias o asociadas que está frente a ese oficialismo. ¡No!, conciudadanos de un país como el nuestro que supo de épocas normales, mejores, y respetuosas. La verdadera grieta, con bordes que hieren, sin puentes colgantes de ninguna ingeniería ni pasarelas transitorias de emergencia, existe. Una grieta ominosa desde hace muchos años existe entre la “sociedad anónima de la política”, que cotiza en bolsa del sector de “los políticos” (incluidos los que se hacen llamar “de raza”) y nosotros, los gobernados, la más extensa mayoría que se pueda dar frente a una minoría poderosa. La de los gobernantes. En una república que no lo es tanto, en un país federal con gobernadores mendicantes ante el poder central. Es grieta que duele, parte en dos la esperanza y ninguna mitad alcanza; desnaturaliza el sentido de la historia que nos enseñaron. Esa grieta, la que nos distancia de la sociedad política que cotiza en bolsa, es el gran dolor y fracaso argentino.

Carlos Duguech

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