Gonzalo y Patricia fueron protagonistas de una historia de amor única. Se conocieron durante una sesión de diálisis y desde ese momento nunca más se separaron. En los momentos más duros de su vida se acompañaron y lograron sortear distintos obstáculos.

El hombre cuenta que no recuerda exactamente el día que la vio por primera vez, pero fue una tarde de verano del año 2000 en la que, por casualidad, había cambiado el turno para poder irse unos días de vacaciones a Villa Gesell.

Luego de ese primer encuentro, pasaron unas cuantas semanas hasta que después de intercambiar algunas miradas cómplices ella tomó la iniciativa y lo invitó a almorzar. "Ella era increíble, una guerrera, una luchadora y yo, otro. Era la horma de mi zapato", afirmó Gonzalo durante un reportaje con el diario La Nación.

La espera de encontrar ese órgano que tanto anhelaban los unió. Después de las charlas y de los recuerdos que iban enarbolando, los dos se dieron cuenta que era mucho más lo que los unía.

"Fue complicado porque ella privilegió que su hija lentamente aceptara la nueva relación, una historia que llevo tiempo madurar, pero que fue muy linda. Vivimos decenas de cirugías juntos, criamos una hija juntos, compartíamos dieta y medicamentos hasta que se quedó sin acceso vascular. Ese fue el principio del fin: la sobrevida de ella, el catéter permanente, las infecciones que la llevaron a la muerte. Yo me hice cargo de su hija de 16 años como papá del corazón", relató.

La pareja estuvo junta durante 13 años. "Éramos guerreros de vida, ambos peleamos la diaria anémicos con presiones arteriales de cuatro o cinco en post diálisis de máxima y salir a seguir la vida. Fuimos y yo sigo luchando por lo mejor para los Insuficientes renales crónicos terminales", sostuvo.

Tras nueve años de diálisis a finales de julio de 2005 Gonzalo logró trasplantarse. Patricia no corrió con su misma suerte, pero nunca bajó los brazos y refugiada en el amor de su pareja y de su hija la siguió luchando hasta último momento.

Finalmente, en 2015 murió. "Fue muy difícil superar ese momento. Es más, todavía tengo su maleta aún cerrada del último viaje con ropa nueva sin estrenar. El tiempo y el gran Marcos Scholl (amigo trasplantado y psicólogo) hicieron un poquito más liviano el duelo", señaló.