El lector Fernando Saade (carta “Invasión a la privacidad”, 20/04) expone con razón el hecho de que estamos a merced de cualquier persona con un celular que registra sin consentimiento hechos y los comparte en redes; y otras los toman como referencia en noticieros, armando causas para un supuesto “debate” u otras intenciones. Disiento en su afirmación de (a colación del caso de la docente Bonano)... “alumnos dejasen los... celulares fuera de mi clase...”. El celular es una realidad. La tarea de los educadores es aprender y enseñar sobre el uso responsable de las maravillas tecnológicas con las que convivimos. Por ende, no considero “invasión a la privacidad” la filmación, pues fue una clase en la que la docente (en correlación con su función) debe hacerse cargo de lo que enseña y cómo. Obviamente, la actitud del alumno no fue respetuosa ni ética. Pero es justamente ahí donde se debe hacer hincapié: en la formación del estudiante con los parámetros que marca la institución para la carrera. Y tomar como un elemento valioso para educar, ese incidente. Máxime cuando se trata de una carrera que tiene como punto máximo una profesión que cada vez más está perdiendo el sentido de ubicuidad. Educación, educación, educación.

Hilda Cristina Ponce

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