Si uno no ve las cosas como son, nunca las va a resolver, dijo el 22/04 el ministro público fiscal cuando dio certificado de defunción a la puerta giratoria. Coincido, pues en un mundo donde vivimos postergando hacer las cosas, lo primero que hay que hacer es verlas tal como son. El ministro también dice que cuando el delito se comete hay que mirar a la Policía, cuando el delito no se investiga bien, hay que mirar a los fiscales y cuando el delito no se castiga, hay que mirar a los jueces. Esa es su visión del sistema. Como soy un atrevido (según él), me animo a poner en duda, en parte, esa visión. Dejo de lado que solo en “Minority Report” (2002) la policía puede llegar antes de que el delito se cometa. También omito el hecho de que los fiscales, por más entusiasmo que tengan, en determinadas circunstancias no están en condiciones de investigar bien. Me concentro en la falta de castigo, que es cuando, en teoría, hay que mirar a los jueces. De la frase, uno puede llegar a entender que cuando los fiscales investigan bien, a los jueces no les queda otra que condenar. ¿Esto es así? No siempre. Una buena investigación es una condición necesaria, pero no suficiente para lograr condenas. Pensemos un poco: si fuese condición suficiente, no gastaríamos tiempo y dinero en hacer juicios. Ni tampoco en dar defensa a los acusados. También parte del hecho de que una condena es un buen resultado. ¿Esto es así? Vuelvo a decir que no siempre pues si no se acreditó la culpabilidad con pruebas más allá de la duda razonable, es bueno que las personas inocentes queden libres. ¿O no? En esta visión están ausentes los defensores. Aunque me caben las generales de la ley, reconozco que no siempre son los artífices de las derrotas de los fiscales, pero en general, también juegan el partido. ¿No tendrán algo que ver con el resultado? ¿Y si los miramos a ellos?

Agustín Eugenio Acuña


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