El primer ministro británico, Rishi Sunak, se salvó de una amena a su propia continuidad al frente del Ejecutivo, tras vencer en una votación sobre su plan para deportar inmigrantes a Ruanda pese a la rebelión del ala dura de su Partido Conservador.
El Reino Unido vivió unas horas que retrotrajeron al país a la época más volátil del Brexit, cuando la supervivencia de los jefes de Gobierno pendía de la voluntad de unos cuantos “tories”.
La facción más derechista de los conservadores anunció, minutos antes de la votación en la Cámara de los Comunes, que se abstendría sobre el controvertido proyecto de ley. Finalmente la rebelión no fue tal, y el gobierno sacó adelante la segunda lectura de la pieza con una cómoda ventaja de 44 diputados (313 frente a 269).
Si 29 conservadores hubiesen votado “no” con la oposición, o 56 de ellos se hubieran abstenido, Sunak hubiera quedado solo. Eso no sucedió, y el primer ministro se felicitó a través de la red social X: “Los británicos deben decidir quién puede venir a este país, no las bandas criminales ni los tribunales extranjeros”.


















