Los pioneros del hip hop y el rap tucumano publican su disco

“Moho”, de la banda Alcanfor para gorriones, ya puede escucharse en las principales plataformas musicales. En diálogo con LA GACETA Carlos Coronel recuerda los inicios y nos cuenta las aspiraciones a futuro.

CONCEPTO. “Moho” debía ver la luz en febrero de 2000. Pero hubo que esperar 24 años hasta su edición. CONCEPTO. “Moho” debía ver la luz en febrero de 2000. Pero hubo que esperar 24 años hasta su edición.

Si cerramos los ojos podemos volver a caminar de la mano por los pasillos estrechos y oscuros que conducían al escenario bajo techo. Escuchar a las bandas tucumanas en La Zona, todas juntas los fines de semana, era un privilegio que en ese entonces -quizás- no apreciábamos. Después, en la búsqueda de aire fresco, podías volver por ese asfixiante túnel que conducía al patio central abierto, con un cielo oscuro y sin estrellas. Mientras tratabas de tener suerte para poder comprar algo fresco, podías charlar seguro con alguno de los músicos.

Una noche cualquiera como esa, de fines de los 90, subía a las tablas la banda tucumana Alcanfor para gorriones. Preparaban un disco. Entonces, en cada presentación, tanto en la San Juan al 700 como en La Sodería o en clubes o en un puñado de bares repartidos dentro de las cuatro avenidas, se escuchaban los temas de ese primer material discográfico que luego titularían “Moho”, pero que nunca llegaron a publicar. Hasta ahora.

“Su estilo musical es el rap-core, lo que la transforma en una de las bandas más originales y de más rápido crecimiento en nuestro medio”, decían las páginas en papel de LA GACETA.

Unos 24 años después, los pioneros del rap y hip hop tucumano volvieron a mezclar y a masterizar el trabajo, para publicarlo por primera vez en Spotify, iTunes, Deezer y YouTube Music. Ahora también podés apretar play, cerrar los ojos y escucharlos. Estás de vuelta a fines de los 90.

Alcanfor para gorriones, cuando se grabó el material entre junio y agosto de 1999, tenía como integrantes a Lucas Grassino (voz), Cristóbal Páez (guitarras y coros), Jero Santillán (bajo) y Carlos Eduardo Coronel (batería, percusión y samplers).

Pero la banda tuvo otras formaciones de las que participaron Luis D’Orieux, Daniel Amani, Juan José Cudmani, Cachi Pajón, Pablo Silva y Bruno Resino. “Nunca salió a la venta porque el cantante se fue a vivir a España un mes antes que saliera el disco y bueno… Después nos desarmamos. Hay notas en LA GACETA donde confirman que fuimos la primera banda que usó el hip hop, el rap y mirá vos, pasaron 24 años y ahora lo único que se escucha es eso”, recuerda “Carlitos” Coronel.

Protagonista

- ¿Dónde se grabó “Moho?

- Fue en una sala de ensayo que teníamos en la Viamonte 2121 y le llamábamos “La Sala 2121 Records”, que era como nuestro sello discográfico. Lo grabamos en un casete de cromo, en una sola toma, todos juntos, para mantener lo que era el fervor de la banda en vivo. Entonces, hicimos como dos o tres tomas de cada tema y después seleccionamos las mejores y ahí quedó. La sala, en donde también ensayábamos, quedaba en el lubricentro de mi papá. Habíamos puesto unas colchas y cosas ahí en el fondo para no aturdirnos tanto.

- ¿Qué tiene de nuevo esta versión de 2024?

- El disco es exactamente el mismo que se iba a publicar el 26 de febrero del año 2000. Nada más que le dimos de nuevo el material a Daniel Sales, que fue el que grabó y el que produjo el disco. Él trabajó con todas las herramientas actuales, incluida la IA, que usó para separar algunos canales y poder mezclarlo de nuevo. O sea, el disco está masterizado, no hay nada de nuevo grabado ni agregado. Simplemente fueron corregidos los volúmenes, para que suene más moderno. Lo mismo pasó con la tapa. Nunca encontré al diseñador que la hizo. Todo el concepto del disco es exactamente igual al que iba a salir hace 24 años.

- ¿Cómo nació la banda en aquellos años?

- Alcanfor para gorriones existe gracias a “Luisito” D’Orieux y Lucas Grasino, que había vuelto de Estados Unidos en el 97. Luisito ya tenía algunas canciones. Pasaron un par de guitarristas, bateristas, hasta que llega Cristóbal Páez, que venía de una banda que se llamaba Lapidaria. D’Orieux, que era el creador de la banda, se termina yendo y entra Jero Santillán. En el 98 entro yo y debuto directamente en Santiago del Estero, con dos bandas santiagueñas, que también hacían hip hop. Éramos las primeras bandas que tocábamos eso, con rapcore. Entonces formamos lo que se llamaba “la familia”, con otros grupos como Críos y Maraño Caño. Eso es lo que les sorprende a los chicos de ahora, que hace 25 años ya se hacían fiestas de hip hop en Tucumán.

- Ya está el disco y ahora ¿cómo sigue la historia para Alcanfor?

- Pienso que Alcanfor para gorriones es como una marca registrada que se creó de una banda de culto de hace mucho tiempo. Obviamente los chicos de ahora no la conocen. La están conociendo gracias a la obra que se publicó. Volver a la formación del mejor momento de Alcanfor es imposible. Pero está la idea de seguir usando el nombre, pero con colaboraciones, y tratar de hacer algunas versiones nuevas de los temas de Alcanfor mezclados con los raperos de ahora de Tucumán. De esa manera nos van a conocer los más jóvenes y seguirá vivo el nombre de Alcanfor para gorriones.

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