Diego Osorno: "La crónica va a contracorriente de la sensación de información que producen las redes sociales"

Diego Osorno: La crónica va a contracorriente de la sensación de información que producen las redes sociales

El cronista, escritor y documentalista mexicano ha escrito sobre el poder -el aparente y el real- sin ser pusilánime ni ampuloso; sobre la muerte de unos niños en una guardería, siendo exhaustivo hasta la médula; la intimidad del entonces hombre más rico del mundo –Carlos Slim- mirando por los entresijos de su complejo entorno; el perfil del actor Gael García en un contexto a favor de legalización de las drogas o la guerra narco en México sin dejar de explicitar que su origen es la consecuencia de una decisión política demagógica. “El periodismo –dice- hoy tendría que ver con entender las cosas y no apenas enterarte de ellas”.

25 Febrero 2024

Por Sergio Silva Velázquez

Para LA GACETA - TUCUMÁN

“En México o eres violento o eres violentólogo”, resume. Para contar lo que está debajo del iceberg hay que estar convencido y ser muy paciente. A Diego Osorno le debemos haber convencido en la cárcel al Jefe de Jefes, Miguel Angel Félix Gallardo, que le entregara por escrito las respuestas a sus preguntas; embestir contra el concepto de impunidad o contra los Estados Unidos y su preconcebida idea de mundo libre o destrozar “Narcos”, uno de los puntales de Netflix y, al mismo tiempo, hacer documentales para esa plataforma.

“Estamos en un momento en que la mirada periodística debe ser profunda. La inmediatez ya está rebasada por la ultrainmediatez de las redes sociales. Los periodistas ya no damos noticias, necesitamos explicarlas. Priorizar lo humano sobre lo institucional”, afirma. La Ira de México, un manifiesto contra la impunidad de siete reconocidos cronistas y escritores -Juan Villoro y Elena Poniatowska entre ellos-; Nosotros somos los culpables, sobre el incendio de una guardería en Sonora en 2009 donde murieron 49 niños, son dos ejemplos.

“El periodismo aporta sentido cotidiano en medio de la insensatez. Yo creo que nuestras realidades ahora son globales, no de un país o de un entorno inmediato. Podemos, a lo mejor, mirar el mundo antes que las naciones”, sostiene.

Mundo Enfermo, su último libro, se pasea por Latinoamérica, Europa y Oriente Medio a través de 17 crónicas que aportan esa mirada bajo la superficie. No esperemos moralejas ni relatos que cierren. La realidad aparente, manufacturada, de Hollywood no forma parte del credo de Osorno, ni tampoco la “información de actualidad”, superficial e irrelevante, sino lo que subyace de su observación “participativa” de un hecho determinado: un relato inmersivo de una realidad donde todo es posible y donde nada parece posible.

-¿Cómo fue la concepción del libro?

-El libro es como la marca o la huella anímica que me dejaron por lo menos 15 años de recorridos con lugares, personajes que marcaban territorios. La pandemia nos hizo repensar nuestra relación no solo con nuestra familia, barrio o país sino con el mundo en sí. El libro es el resultado de una introspección para construir un relato que contara también una reflexión sobre el mundo. La primera historia la escribí en 2007 y la última la terminé en 2021.

-¿Los dispositivos actuales conspiran contra el consumo del relato artesanal?

-Creo que la crónica va a contracorriente de la velocidad, de la sensación de información que las redes sociales producen. Esta es una realidad innegable y por eso libros como el mío van en contra de eso. Si bien la crónica llegó a tener cierto momento de moda, nunca perdió su condición disruptiva que la aleja de lo inmediato. Tiene que ver con la inmersión y la comprensión de las cosas. Creo que el libro tiene un contexto que lo hace interesante en este tipo de coyuntura, con una mirada crítica y, a veces, un poco pesimista.

-Te has definido como alguien socialmente comprometido, por tus libros y tus documentales… ¿Hay algún tema que no harías o preferirías no cubrir?

-Tengo un acercamiento moral o social más que morboso o especulativo sobre las historias. Hasta ahora no hubo algo de lo que huya. Todas las historias nacen de una intuición o una conexión emocional, de una pregunta visceral o tal vez de una indignación. Cuando existe uno de estos elementos elijo meterme hasta donde pueda y tratar de entenderlo. No tengo límites de tiempo. No haría algo que no tuviera esa conexión emocional conmigo.

-Te ha interesado el poder, Carlos Slim…. ¿cómo retratar la desigualdad y la riqueza extrema?

-Mis temas son tres: el poder, la justicia y la rebeldía. Tú sabrás como colega que nosotros solemos hacer reportajes sobre las víctimas de tragedias pero no indagamos sobre el poder. Es muy difícil hablar de nuestras elites, las económicas y las políticas. A mí me interesaba hacer algo con el personaje no solo más rico sino también el más poderoso de México. Ese es un libro que me costó, el más difícil de todos. Tuve muchas negativas. Hice más de 100 entrevistas y 400 entrevistas rechazadas. Es un libro que está hecho a partir de muchos No. Creo que pude conseguir un retrato bastante fidedigno. Poder hablar a través de Slim de esos poderes fácticos que gobiernan más allá de las instituciones.

-¿Hablar de poder en México es hablar de un mecanismo de lo trágico?

-Es hablar de la tragedia de muchos periodistas. A mí me ha tocado despedir a varios compañeros, Javier Valdez, por ejemplo. Es un país que no tiene aún las condiciones para hacer periodismo de investigación profundo y, sin embargo, creo que acá está el mejor periodismo de investigación de buena parte del mundo. Pese a la adversidad, los compañeros y compañeras han podido construir un periodismo de un buen nivel en medio de este escenario peligrosísimo.

-El entramado del poder también se refleja en El Cartel de Sinaloa, La guerra de los Zeta y País de muertos, la tríada con la que te ocupaste del tema narco a través de testimonios directos y un aporte ineludible: los diarios del mismísimo Miguel Félix Gallardo.

-Accedí a su correspondencia pero para mí lo importante era tener acreditado todo en su voz directa. No soy un especialista en el tema, soy un reportero de temas sociales y políticos. En ese contexto, cuando el país empezó a vivir desde el 2007 las consecuencias de una declaración de guerra de (el presidente) Calderón contra el narco el tema se volvió transversal. Como dice Félix Gallardo, el narcotráfico en México es hijo de la política. Decirlo en el 2009 era una cosa muy diferente que decirlo hoy. Calderón había hecho una declaración muy exitosa para la sociedad pero para mí era engañosa. Lo que dice el libro es que la política usaba el narcotráfico para construir la gobernabilidad de su presidente. Fue difícil escribirlo porque es un mundo de sombras, de peligros, de secretos, pero para mí más allá de lo que se conjetura, lo importante era que lo dijera Gallardo.

-¿Hay mayor libertad hoy para describir esas realidades?

-Sin duda. Creo que era más difícil hacerlo hace 15 años atrás. Hoy el tema se volvió casi mainstream por el fenómeno de los contenidos narcos en las señales de streaming. Hoy tal vez, existan “licencias” para edulcorar algo pero es mejor este libertinaje y mediocridad que la censura. La censura genera un caldo de cultivo para la impunidad. Igual sigue siendo todo muy peligroso. A Javier Valdez lo asesinaron por escribir algo diferente…Las series del narco son, en buena medida, productos muy mediocres, muy limitados en su construcción dramática, es el punto de vista de la DEA. Narcos, por ejemplo, si bien tiene momentos interesantes, en general tiene una narración estereotipada.

© LA GACETA

Perfil

Diego Osorno (Monterrey, México, 1980) es periodista, escritor y cineasta. Autor de una decena de libros de crónica sobre la rebeldía, el poder y la justicia en el México del siglo XXI. Entre ellos, El cártel de Sinaloa (Grijalbo), La guerra de los zetas (Grijalbo) y Slim (Debate) incluidos en las listas anuales de lo mejor de no ficción del diario Reforma. Ha sido traducido al inglés, portugués, italiano, coreano, francés, rumano, polaco y danés. Publicó crónicas y reportajes en medios como Etiqueta Negra, Milenio, El País, Gatopardo, La República, Clarín y The New York Times en español. Es director de las series de Netflix 1994 y El Show. Ganó el Premio Nacional de Periodismo de México y el Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, entre otras distinciones.

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