El Jugador Ideal de rugby según Alejandro Carrier

“Toro Moto”, el emblemático pilar de Huirapuca, aceptó el desafío de LA GACETA de “construir” un rugbista a partir de virtudes de ex compañeros y rivales.

EMBLEMA. Alejandro Carrier al lado de la cancha 1 de Huirapuca, en la que jugó más de 30 temporadas en Primera. EMBLEMA. Alejandro Carrier al lado de la cancha 1 de Huirapuca, en la que jugó más de 30 temporadas en Primera. Foto: Osvaldo Ripoll (La Gaceta)

En la edición del jueves 11 se publicó la primera parte de una extensa entrevista a Alejandro Carrier, en la que el emblemático pilar de Huirapuca recorrió algunos de los momentos más recordados y curiosos de su impresionante trayectoria de 32 años como jugador de Primera. Por cuestiones de espacio hubo que posponer la otra mitad de la charla: la "construcción" de su Jugador Ideal, un desafío propuesto por LA GACETA al que ya se sometieron otros grandes del rugby tucumano, como José Santamarina y José María Núñez Piossek. La consigna es simple: diseñar un jugador abstracto a gusto y piacere, tomando 15 virtudes de otros jugadores. Sin embargo, hay una limitación: deben tratarse de jugadores con los que haya compartido cancha alguna vez, fuera como compañeros o como rivales. Y estos son los que eligió el legendario "Toro Moto", quien de todos modos hizo una aclaración previa: "el problema conmigo es que soy demasiado hincha de mi club, así que seguro serán casi todos de Huirapuca".

- El tackle: Hugo Dande. Todo los tackles que metía eran de una potencia tremenda. Los dejaba maltrechos a los rivales. Una fuerza superior.

- El empuje en el scrum: Lucas Toro, de Hindú. Un pilar que siempre iba para adelante. Muy fuerte, lo enfrenté varias veces. Además era un tipo muy respetado. Un obrero, que también sabía jugar por afuera y meter tries.

- El line: Gerardo Lazcano Miranda. Un tipo con mucha facilidad para despegarse del suelo. Le robaba muchas pelotas al rival. Un tipo que jugaba solo.

- La velocidad: Gabriel Terán. Me tocó enfrentarlo cuando jugaba contra Tucumán Rugby, y después tenerlo de compañero en el seleccionado. No había con qué darle. Era impresionante la velocidad. Cuando yo jugaba de centro o de fullback, por ahí a gatas lo podía agarrar. Si le dejabas tomar velocidad olvidate, le mirabas el número. Parecía Speedy González.

- El cambio de paso: el "Negro" Daniel Tejerizo, apertura de Lawn Tennis. Otro al que no había con qué darle. Tenía pique, gambeta. No había cómo agarrarlo. Lo llegué a tacklear un par de veces, pero hacía mucha diferencia con su cambio de paso.

- La patada: (Juan Manuel) "Maneco" Molinuevo. De todos los jugadores con los que compartí cancha en mis años en Primera, es el que mejor patada tiene. Mucha potencia, mucha distancia y precisión. Le saca una diferencia al resto. Por eso siempre me gustaba molestarlo a Tristán Molinuevo diciéndole que si hubiera jugado con "Maneco" en lugar de con él, hubiera ganado 20 campeonatos en lugar de tres.

- El juego aéreo: Santiago Rocchia. Impecable en ese aspecto. Te descolgaba todas las pelotas con una mano, con las dos, se hacía cargo de las salidas de mitad de cancha. Aparte un jugadorazo también por afuera.

- La conducción del juego: (Pedro) "Perico" Merlo. Jugué con él en el seleccionado. El mejor conductor que conocí. Te hacía empujar el maul, sacaba la pelota cuando la tenía que sacar y cuando se mandaba al frente era try. Un jugador muy contundente para el ataque. Un crack.

- La picardía: Conrado López Alonso. La pedía siempre a la pelota, siempre dispuesto. Un carasucia. No le importaba quién estuviera al frente, las pedía a todas. Te descuidabas y salía jugando. Era un centro que se mandaba por cualquier lado. Aparte defendía muy bien.

- El liderazgo: el "Cheto" (José) Santamarina. Fue el mejor líder que tuve como compañero de equipo, en el seleccionado. También lo enfrenté varias veces en Tucumán Rugby. Imponía mucho respeto y siempre tenía la palabra justa. Te decía: vamos a hacer esto, y se hacía como él decía. Y no es de esos que decía algo y después se borraba; él siempre iba al frente.

- La arenga: Leandro Molinuevo. Era un gran arengador. Te hablaba y te hacía sentir diferente. Él siempre ponía al club adelante de todo. Siempre decía: los jugadores y los entrenadores pasan, pero el club y la camiseta quedan. Eso es lo más importante. Jugarán nuestros hijos, nuestros nietos, pero el club simepre estará ahí. Te hacía sentir orgullo de vestir la camiseta de tu club.

- La locura: José María Núñez Piossek. Tenía 17 años y ya estaba re loco, no le importaba nada. Jugaba roto, lesionado, quebrado. Daba miedo. Dejaba todo en cada tackle, en cada jugada. Se desarmaba, era un demente. Tackleaba y pescaba él solo. No hacía falta que llegara el apoyo. Además, tenía mucha velocidad mental.

- El compañerismo: Francisco Herrera, el "Toro". Un gran compañero de equipo. Siempre estaba a la par, en todo momento, para lo que fuera, dentro y fuera de la cancha. Un chango fuera de serie. No tenía ningún tipo de mezquindad. Se jugaba siempre por todos.

- El sentido del humor: Tristán Molinuevo. Un tipo muy gracioso. Siempre tirado a canchero, a bobina. Eso sí: le gustaba mucho hacer bromas pero no le gustaba que se las hicieran a él. Cuando estaba de buen humor, todo bien; cuando estaba de mala cara, no. Vos te descuidabas y te metía un naranjazo, o te tiraba con un pedazo de pan.

Bonus track: una vez más, como sucedió con Núñez Piossek, a pedido del entrevistado se incluyó una categoría extra. En este caso, Alejandro quiso incluir a su ídolo, su hermano Mario Emilio Carrier. "Tuve la suerte de haber jugado al rugby con él. Era un loco de la guerra. Fue el jugador que más impresionó. Tenía un coraje y una actitud superlativa. Era más bajo que yo y jugaba de wing forward. Tenía desprecio por su físico. Se fajaba con todo el mundo, yo lo tenía que estar agarrando. El día más importante y hermoso de vida en el rugby fue cuando compartí cancha con él por primera vez, cuando yo tenía 15 años y él 18. Fue un gran jugador, pero después se le hizo una hernia de disco y tuvo que dejar. Era un crack. También fue presidente en la época dorada del club, en la década del 2000. Hizo muchas mejoras en Huirapuca, instaló el riego en la cancha y como era arquitecto, junto a un amigo renovó la cantina. Siempre me acuerdo de cuando éramos chicos y jugábamos al rugby mano a mano en el fondo de nuestra casa. Yo lo volvía loco porque era muy rápido y no me podía agarrar. Eso sí, cuando me agarraba con un tackle...Dios mío, me sacaba las ganas de jugar".

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