SOBRE EL OBELISCO. Los seis F-16 que llegaron al país vuelan en formación sobre el obelisco porteño. Archivo
Los videos se multiplicaron en YouTube, en Instagram y en TikTok: vuelos rasantes sobre una base aérea y por encima del Obelisco porteño, veteranos de Malvinas entonando cantos con los aviones de fondo, banderas argentinas e innumerables y conmovedores “¡Viva la patria, carajo!”. Algunas imágenes contaron con el toque natural e improlijo de la espontaneidad; otras, con la edición típica de las cuentas libertarias que apoyan al Gobierno nacional. Pero más allá de estas minucias, los protagonistas de los shorts y de los reels que se viralizaron siempre fueron seis: los jets de combate supersónicos F-16 que llegaron al país a finales de la semana pasada. Ahora bien: a medida que la épica y la emoción se disipan surgen algunas preguntas: ¿qué representan para la soberanía nacional? ¿Qué impacto causan en la región? ¿Por qué genera tanta algarabía el arribo de un grupo de aeronaves usadas? ¿Estamos frente a una serie de gestos de reivindicación a las Fuerzas Armadas en general y, en este caso, a la Fuerza Aérea en particular? Vamos a ensayar algunas respuestas.
Estos seis aviones forman parte del lote de 24 que el Gobierno argentino le compró a Dinamarca el año pasado por unos U$S 650 millones. Se trata de naves supersónicas que permiten recuperar una capacidad que se había perdido en 2015 con la desprogramación del sistema Mirage (integrado por algunos de los jets que pusieron en jaque nada menos que a la flota británica en Malvinas). Si bien son usados, representan un salto tecnológico muy importante, quizás el más relevante de las últimas cuatro o cinco décadas. Además, cuatro de ellos son biplaza y serán utilizados para entrenar a pilotos argentinos.
Aún hay que esperar la llegada del resto de la flota y del armamento gestionado con EEUU, que -según las muy recomendables notas sobre este y otros temas militares del periodista Mariano de Vedia, de “La Nación”-, arribarán en los próximos meses. Al respecto hay mucho hermetismo, cuenta De Vedia. De todos modos, se especula con que serán artillados con misiles de corto, mediano y largo alcance, y con bombas guiadas.
CON LA BANDERA ARGENTINA. Uno de los pilotos muestra la bandera desde a cabina de un F-16- Archivo
Algunas voces críticas (principalmente cercanas al kirchnerismo) sostienen que se trata de naves obsoletas. Esa es una verdad a medias. Porque es cierto que son usadas, pero estamos hablando de cazas de cuarta generación que son utilizados por las Fuerzas Aéreas de al menos 26 países y que cumplen con las máximas exigencias de defensa y ataque que exige la OTAN. De hecho, son los aviones que Países Bajos y Dinamarca enviaron a Ucrania para luchar nada menos que contra los rusos.
Ahora bien, para entender qué representa el arribo de los F-16 a la Argentina hay que tener en cuenta al menos cuatro aspectos básicos, según fuentes vinculadas con el mundo castrense:
1- Esta adquisición le permite a Argentina restaurar una capacidad que se había perdido con la desprogramación de los Mirage de la que hablamos más arriba, con los recortes presupuestarios y con el deterioro y el envejecimiento de otros sistemas, como el de los A4AR (aviones de combate subsónicos comprados a Estados Unidos en la década del 90). Es decir, este sistema de armas no constituye en sí mismo un paso adelante, sino la recuperación de un terreno que habíamos abandonado (al menos en parte).
2- Reposicionamiento regional: en lo que respecta a la defensa, los F-16 vuelven a colocar a la Argentina en una posición más o menos acorde con la de otros países importantes de la región, como Brasil, Chile y Colombia. Haciendo una analogía futbolística, tal vez no nos sirvan para jugar la Champions, pero sí la Libertadores.
3- A nivel geopolítico, confirman el alineamiento con Estados Unidos. No hay que olvidar que durante las presidencias de Cristina Kirchner y de Alberto Fernández se había hablado de la posibilidad de adquirir cazas rusos, chinos e inclusive indios. La compra de armamento no es una cuestión trivial. Dice mucho sobre el posicionamiento político e ideológico de quienes participan de la operación.
4- Disuasión: es un error creer que la adquisición de este tipo de armamento tiene como finalidad atacar un territorio (Malvinas, por ejemplo). Esa hipótesis no está presente entre los mandos militares. Pero fuentes vinculadas al mundo castrense resaltan que adquirir armamento es una manera de disuadir a otros. Es decir: “me armo no para atacarte, sino para que no me ataques”. La recuperación de la capacidad aérea supersónica tiene como objetivo principal resguardar los recursos estratégicos de la Nación y no salir a buscar conflictos en otros lugares.
Los F-16 y los sueldos bajos
Los F- 16 aterrizan en un momento especial para las Fuerzas Armadas: por primera vez en más de 40 años, un oficial de carrera (el teniente general Carlos Alberto Presti) fue designado como Ministro de Defensa. Esto se lee como una especie de reivindicación luego de años y años de persecuciones políticas y judiciales impulsadas principalmente por el kirchnerismo, que además ha sido el gran responsable del desfinanciamiento y del deterioro del área de la Defensa. La llegada de los cazas, la incorporación de los vehículos blindados Stryker 8x8 en el Ejército, la compra de helicópteros y la intención de adquirir submarinos (con el hundimiento del ARA San Juan, Argentina se quedó sin este sistema de armas) vuelven a darle visibilidad a los militares.
MILEI EN LA CABINA. El presidente y su hermana, durante el acto de presentación de los F-16. Archivo
De todos modos, hay muchas cuentas pendientes. Tal como señalamos en este mismo espacio hace algunas semanas, los retrasos salariales y la crisis de Iosfa (la obra social de las Fuerzas Armadas), entre otras cosas, se vuelven desafíos a resolver con urgencia. De nada sirven los aviones supersónicos o el armamento avanzado si quienes deben operarlos terminan pidiendo la baja, porque no llegan a fin de mes.














