Ríos de montaña en Tucumán: qué tener en cuenta antes de meterse al agua

Ana González Achem, doctora en Ciencias Biológicas, brindó una serie de recomendaciones y alertó sobre la importancia de prestar atención a las crecidas repentinas, el estado del cauce y el cuidado de los niños.

06 Enero 2026

En plena temporada de vacaciones, los ríos tucumanos se convierten en uno de los destinos preferidos para combatir el calor y disfrutar de la naturaleza. Sin embargo, especialistas advierten que los cursos de agua de la provincia, en su mayoría ríos de montaña, requieren precaución, información y respeto antes de ingresar.

Así lo explicó a LA GACETA Ana González Achem, doctora en Ciencias Biológicas, investigadora de la Fundación Miguel Lillo y docente de la cátedra de Limnología de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT. La especialista remarcó que “los ríos de Tucumán son ríos vivos, dinámicos y pueden cambiar en cuestión de minutos”.

González señaló que los ríos tucumanos se caracterizan por ser torrentosos, con un caudal elevado y un fondo compuesto por piedras grandes y materiales sólidos que son arrastrados por la corriente. “Estamos en un período estival donde el 90% de las lluvias se concentran entre noviembre y abril. Eso hace que las crecidas sean abruptas y peligrosas”, explicó.

Por eso, antes de ingresar al agua es fundamental observar el entorno. Si el río presenta cambios de color, mayor turbidez, arrastre de hojas o ramas, ruidos intensos o movimientos inusuales, no hay que meterse. “Cuando el agua cambia, ya es tarde. En ese momento, la fuerza del río puede llevarnos”, advirtió.

Dónde ubicarse y qué evitar

González Achem recomendó no acampar ni permanecer en planicies de inundación, esas zonas despejadas a la orilla del río que, aunque parezcan seguras, pueden inundarse rápidamente. “Aunque creamos que hace años no se inunda, esas áreas no son seguras para acampar ni permanecer mucho tiempo”, sostuvo.

También alertó sobre las zonas de remanso, donde el agua parece quieta. “Cuando vemos agua quieta o pequeños remolinos, probablemente haya una poza profunda. Esa es una bandera roja: ahí no hay que meterse”.

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El fondo del río, una clave

Para quienes decidan refrescarse, la científica indicó que el fondo debe ser arenoso, visible y firme, con una profundidad que no supere las rodillas en adultos. “Si el fondo es barroso, inestable o no se ve con claridad, es mejor no ingresar”, explicó, y agregó que la presencia de basura también es un indicador negativo.

Además, hizo un llamado al cuidado ambiental: “El agua no se lleva todo. Si vamos a disfrutar del río, tenemos que llevarnos nuestra basura”.

Niños, siempre bajo supervisión

En el caso de los más chicos, fue contundente. “Saber nadar no garantiza seguridad en un río de montaña. La fuerza del agua es incontrolable”. Por eso, recomendó que los niños ingresen solo en sectores considerados seguros, siempre acompañados por un adulto y bajo observación permanente.

Ríos y cuencas: distintas conductas, mismo respeto

La especialista mencionó tres grandes sistemas:

1- Cuenca del río Lules y ríos de Tafí del Valle: muy torrentosos, con alta erosión y arrastre de materiales.

2-  Ríos del sur: con cursos más meandrosos, fondo barroso y crecidas menos visibles pero igual de peligrosas. “Aunque parezcan más tranquilos, pueden tener gran profundidad y arrastrar sólidos peligrosos”, alertó.

Recomendaciones

Entre los consejos principales, González Achem destacó:

- Consultar siempre el pronóstico del tiempo.

- Evitar el río si hay alerta de tormentas, aunque haya sol.

- Alejarse del agua si comienza a llover, incluso en zonas altas.

- Respetar señalizaciones y consultar a la gente del lugar.

“No hay que tenerle miedo al río, hay que disfrutarlo. Pero siempre con respeto, porque el río está vivo y puede cambiar de golpe”, concluyó.

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