Algo estaba moviendo el eje de la Tierra y los humanos serían los responsables

Nuevas investigaciones revelaron que el desplazamiento de los polos y la redistribución de la masa terrestre podría deberse a alguna obras de ingeniería humanas.

El eje terrestre no está en el mismo lugar, o en realidad es la Tierra la que se desplazó El eje terrestre no está en el mismo lugar, o en realidad es la Tierra la que se desplazó Foto: Norman Kuring, NASA/GSFC/Suomi NPP

Los humanos hemos dejado pocos espacios sin intervenir. El cielo, los océanos, la corteza terrestre y también el campo geomagnético de nuestro planeta han sufrido cambios. En el último tiempo, los investigadores notaron cómo los polos magnéticos se desplazaron y, aunque esto ocurre esporádicamente de forma natural, nuevas investigaciones revelaron que gran parte de ese movimiento tiene que ver con nuestra actividad.

Recientes estudios revelaron que los humanos acumulamos suficiente agua tras las paredes de las represas, lo que provocó que gran parte de los movimientos actuales se expliquen por estas obras de ingeniería. Durante décadas, los científicos habían observado cómo la posición promedio del eje de rotación de nuestro planeta —la varilla imaginaria alrededor de la cual gira la Tierra y que define los campos magnéticos que se encuentran a su alrededor— se desviaba. En 2023 quedó registro de que esta línea se había empezado a trasladar hacia el este.

Ya en ese momento las sospechas eran convincentes, aunque también sorprendentes. Los investigadores habían concluido que la acción humana, específicamente las cantidades colosales de agua bombeada desde el subsuelo para cultivos y hogares, habían alterado la línea central de rotación del planeta.

Las represas detrás del movimiento del eje terrestre

En un descubrimiento más reciente, los intentos por controlar el cauce del agua habrían sido también el motivo de los cambios en el eje y los polos magnéticos. La geofísica de la Universidad de Harvard, Natasha Valencic, y sus colegas calcularon que las masas concentradas en poco menos de 7.000 de las mayores represas de la Tierra descentraron el eje de rotación de la corteza alrededor de un metro con respecto a la dínamo que impulsa los campos magnéticos debajo de la superficie. Es más, todo este acaparamiento de agua también provocó una caída de 21 milímetros en el nivel del mar.

"Al atrapar agua detrás de represas, no solo se elimina agua de los océanos, lo que provoca una caída global del nivel del mar, sino que también se distribuye la masa de una manera diferente en todo el mundo", afirma Valencic. Esta redistribución de masa puede afectar las posiciones de los polos magnéticos de la Tierra con respecto a la superficie.

Las represas cambian la redistribución de la Tierra

Según explicaron desde Science Alert, el peso adicional añadido a una esfera giratoria atrae la parte lastrada hacia el ecuador, desplazando el centro rotatorio de la esfera. Por lo tanto, la redistribución del peso superficial de la Tierra reorienta su eje, ya sea mediante la construcción de represas, el derretimiento de glaciares o la extracción de aguas subterráneas.

Pero es solamente la corteza exterior de la Tierra que flota sobre sus partes internas viscosas (no la sustancia viscosa interna que genera el campo magnético) la que se desplaza, lo que lleva a que una parte diferente de la superficie de la Tierra se asiente sobre el norte magnético interior de nuestro planeta. Así pues, si bien el norte en sí no se movió realmente en el espacio, la superficie terrestre sí se desplazó sobre él. Esto se refiere a que el eje de rotación de la Tierra respecto a las estrellas sigue siendo casi el mismo, pero lo que se "deslizó" fue la cáscara (la corteza terrestre). Este fenómeno se denomina desplazamiento polar verdadero.

Las implicaciones de los cambios en el eje

Valencic y su equipo descubrieron que el Polo Norte se desplazó en dos fases. De 1835 a 1954, se desplazó unos 20 centímetros hacia el este, en dirección a Rusia, a medida que se construían presas en Europa y Norteamérica. Posteriormente, se desplazó 57 centímetros hacia el oeste, en dirección a Norteamérica, entre 1954 y 2011, a medida que se construían más presas en Asia y África Oriental.

"No vamos a entrar en una nueva edad de hielo, porque el polo se movió aproximadamente un metro en total, pero sí tiene implicaciones para el nivel del mar", explica Valencic. Los investigadores calcularon que, hasta la fecha, hemos controlado mediante presas una cuarta parte del aumento del nivel del mar en lo que va de siglo (unos 1,2 milímetros al año).

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